EL DIOS DE LAS PERIFERIAS

DIOS DE LAS PERIFERIAS. DEUS DAS PERIFERIAS 

“Periferia: Contorno de un círculo, circunferencia.// Término o contorno de una figura curvilínea.// Espacio que rodea un núcleo cualquiera.// Zona que rodea al centro.”

Estas son las acepciones que recoge el diccionario de la Lengua Española de la palabra “periferia”. Yo me quedo con la última definición “zona que rodea al centro”. Es decir, algo alejado del núcleo, de lo central o fundamental. Y sino es lo fundamental, carece de la importancia de éste.

Pero ahora me interesa más el significado de esta palabra en los Evangelios. Lógicamente, como “periferia” no aparece -creo- pero sí está entre líneas. Apenas comienzas a leerlos, te das cuenta de que esta palabra está por todas partes, pero no como si se tratara de un lugar determinado, sino más bien como una forma de resituarte los demás.

En nuestro mundo y, por desgracia, siempre han existido personas en las periferias y en tiempos de Jesús, también. Así encontramos, por ejemplo, a los pastores de Belén, personas con mala fama que vivían al margen (periferia) de los pueblos; los leprosos, portadores de una enfermedad terrible y muy contagiosa; los recaudadores de impuestos haciendo el trabajo sucio recaudando para el César a sus propios vecinos; las viudas y los huérfanos; los enfermos y moribundos; los pecadores, los poseídos, los ciegos, las mujeres que tan poco contaban en la sociedad… Como vemos, en las periferias “vivía” mucha gente que era apartada por el resto de la sociedad.

A Jesús me lo imagino no en la plaza central del pueblo, sino yendo por los caminos, al margen de las ciudades, donde la vida bullía. A él le gustaba salir al encuentro del otro, aunque esto implicara tal vez la incomodidad y soledad del camino, quizás con más polvo, piedras, cuestas y curvas que en los núcleos urbanos. Jesús salía al encuentro de aquellos que la sociedad de su tiempo excluía.

La vida de Jesús fue un constante encuentro con el hermano necesitado para llevarle la Buena Noticia del Reino de Dios. Por fin los excluidos tenían quien abogara por ellos ante Dios y ante los hombres.

Hoy también a nuestro alrededor, en la “zona que rodea al centro”, tenemos situaciones y personas que se encuentran en las periferias. Parados a quienes se les cierran las puertas de un presente; desahuciados de su hogar; mujeres maltratadas y asesinadas a manos de sus parejas; personas que se dejan la vida con las drogas; cristianos perseguidos por su fe; aquellos que sufren violencia, esclavitud y no me puedo olvidar, como voluntaria de Pastoral Penitenciaria, a quienes se encuentran en las cárceles privados de libertad y de tantas cosas más.

La lista de quienes se encuentran al margen de la sociedad, es extensa e interminable. ¿A cuántos más dejaremos fuera de nuestro estado de seguridad? ¿A cuántos alejaremos con nuestras actitudes y pensamientos? También hoy Jesús sigue luchando por ellos, animándoles, guiándoles, dignificándoles y poniendo a su lado a personas que luchan por ellos. Y nosotros, como cristianos, como Iglesia viva de Jesús, también nos ponemos en marcha y salimos a los caminos de la vida, por los márgenes del mundo, para acompañar y compartir nuestra vida con los que han sido apartados de la sociedad porque molestan o nos interrogan demasiadas veces.

El Papa Francisco nos animaba a salir a las periferias de la sociedad y del ser humano, tal como hizo el propio Jesús.

Las periferias no se suelen encontrar muy lejos, son el “contorno de un círculo” –como nos dice el diccionario- y esto está más cerca de lo que creemos, muy cerca de ti y de mí, pero para encontrarlas hoy debemos ir sin prisa y con los ojos bien abiertos para poder acompañar y disfrutar durante el camino.

Como decía, la lista de aquellos a quienes marginamos, es larga y en ella se encuentran también las personas privadas de libertad, los presos.

Si nos fijamos bien, pocas cárceles quedan dentro de los centros urbanos, la mayoría están fuera de ellos, en las periferias de la ciudad, al margen de ellas.

La vieja cárcel de Pamplona se encontró durante más de cien años en pleno centro de la ciudad, en el barrio de San Juan, con tráfico alrededor, casas, plazas, gente, ruidos de fiestas… en cierta forma, aunque los presos no pudieran salir de la cárcel, sentían el pulso de la ciudad a la que pertenecían. Ahora y desde hace casi catorce años, los hemos llevado fuera, lejos, a la lo alto de la Colina de Santa Lucía, al margen de la ciudad, apartándolos un poco más para no intuir el sufrimiento del hermano, no cuestionarnos nada y seguir con los ojos cerrados.

Y allí, en la cárcel, se encuentra la Iglesia que, gracias a sus capellanes y voluntarios, hace presente cada día el amor de Dios, su alegría y su misericordia en medio de ellos.

Quienes de verdad nos decimos “cristianos”, es decir, seguidores de Cristo, si no bajamos a las periferias, no estaremos cumpliendo la voluntad de Dios de hacer un mundo mejor llevando su mensaje de salvación y cuidando a nuestros hermanos más pequeños.

Pidamos a nuestra Patrona, la Virgen de la Merced que camina a nuestro lado, que nos acompañe en el encuentro con el hermano porque ellos también son Cristo.

Paloma Pérez Muniáin

Voluntaria de Pastoral Penitenciaria

Esposa de diácono Fernando Aranaz

Febrero de 2026

 

 

DEUS DAS PERIFERIAS

“Periferia: Contorno de um círculo, circunferência. // Termo ou contorno de uma figura curvilínea. // Espaço que circunda um núcleo qualquer. // Área que circunda o centro.”

Estes são os significados que o dicionário da língua espanhola inclui da palavra «periferia». Eu fico com a última definição de «área ao redor do centro». Ou seja, algo distante do núcleo, do central ou fundamental. E se não for o fundamental, falta a importância deste.

Mas agora estou mais interessado no significado desta palavra nos Evangelhos. Logicamente, como «periferia» não aparece – eu acho – mas está nas entrelinhas. Assim que você começa a lê-los, percebe que essa palavra está em toda parte, mas não como se fosse um determinado lugar, mas sim como uma maneira de se reposicionar com os outros.

Em nosso mundo e, infelizmente, sempre houve pessoas nas periferias e nos tempos de Jesus, também. Assim encontramos, por exemplo, os pastores de Belém, pessoas com má fama que viviam à margem (periferia) dos povos; os leprosos, portadores de uma doença terrível e muito contagiosa; os cobradores de impostos fazendo o trabalho sujo arrecadando para o César de seus próprios vizinhos; as viúvas e os órfãos; os doentes e moribundos; os pecadores, os possuídos, os cegos, as mulheres que contavam tão pouco na sociedade… Como vemos, nas periferias “viviam” muitas pessoas que eram afastadas pelo resto da sociedade.

Imagino Jesus não na praça central da cidade, mas indo pelas estradas, à margem das cidades, onde a vida fervilhava. Ele gostava de sair ao encontro do outro, embora isso significasse talvez o desconforto e a solidão da estrada, talvez com mais poeira, pedras, encostas e curvas do que nos centros urbanos. Jesus saía para encontrar aqueles que a sociedade de seu tempo excluía.

A vida de Jesus foi um encontro constante com o irmão necessitado para lhe trazer as Boas Novas do Reino de Deus. Finalmente, os excluídos tinham alguém que os defendesse diante de Deus e diante dos homens.

Hoje também ao nosso redor, na “área que circunda o centro”, temos situações e pessoas que se encontram nas periferias. Desempregados para aqueles que fecham as portas de um presente; despejados de sua casa; mulheres maltratadas e assassinadas pelas mãos de seus parceiros; pessoas que deixam suas vidas com drogas; cristãos perseguidos por sua fé; aqueles que sofrem violência, escravidão e não posso esquecer, como voluntária da Pastoral Penitenciária, aqueles que estão nas prisões privadas de liberdade e de tantas outras coisas.

A lista daqueles que estão à margem da sociedade é extensa e interminável. Quantos mais deixaremos de fora do nosso estado de segurança? Quantos afastaremos com nossas atitudes e pensamentos? Também hoje Jesus continua lutando por eles, encorajando-os, guiando-os, dignificando-os e colocando ao seu lado pessoas que lutam por eles. E nós, como cristãos, como Igreja viva de Jesus, também partimos e saímos para os caminhos da vida, pelas margens do mundo, para acompanhar e compartilhar nossa vida com aqueles que foram afastados da sociedade porque nos incomodam ou nos interrogam muitas vezes.

O Papa Francisco nos encorajou a sair para as periferias da sociedade e do ser humano, assim como fez o próprio Jesus.

As periferias geralmente não são encontradas muito longe, são o «contorno de um círculo» – como nos diz o dicionário – e isso está mais perto do que pensamos, muito perto de você e de mim, mas para encontrá-las hoje devemos ir sem pressa e com os olhos bem abertos para poder acompanhar e desfrutar durante o caminho.

Como eu disse, a lista daqueles a quem marginalizamos é longa e nela também estão as pessoas privadas de liberdade, os prisioneiros.

Se olharmos bem, poucas prisões estão dentro dos centros urbanos, a maioria está fora deles, nas periferias da cidade, fora delas.

A antiga prisão de Pamplona foi encontrada por mais de cem anos em pleno centro da cidade, no bairro de San Juan, com tráfego ao redor, casas, praças, pessoas, barulhos de festas… de certa forma, embora os prisioneiros não pudessem sair da prisão, sentiam o pulso da cidade a que pertenciam. Agora e há quase quatorze anos, os levamos para fora, longe, para o topo da Colina de Santa Lúcia, na periferia da cidade, afastando-os um pouco mais para não intuir o sofrimento do irmão, não questionar nada e continuar com os olhos fechados.

E lá, na prisão, está a Igreja que, graças aos seus capelães e voluntários, faz presente todos os dias o amor de Deus, sua alegria e sua misericórdia no meio deles.

Aqueles de nós que realmente nos dizemos “cristãos”, ou seja, seguidores de Cristo, se não descermos para as periferias, não estaremos cumprindo a vontade de Deus de fazer um mundo melhor levando sua mensagem de salvação e cuidando de nossos irmãos mais novos.

Peçamos à nossa Padroeira, a Virgem da Misericórdia que caminha ao nosso lado, que nos acompanhe no encontro com o irmão porque eles também são Cristo.

Paloma Pérez Muniáin

Voluntário de Pastoral Penitenciária

Esposa do diácono Fernando Aranaz

Fevereiro de 2026