La regularización extraordinaria de personas migrantes

La regularización extraordinaria de personas migrantes, un acto de justicia social y reconocimiento a tantas personas migrantes.

En palabras del Alberto Ares (director del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Europa), “El 26 de enero de 2026 marcará un hito en la historia de la política migratoria española y, por extensión, europea.”

A raíz del anuncio del gobierno de iniciar un proceso de regularización extraordinaria, la Iglesia ha expresado su parecer a través de diferentes instituciones sobre el procedimiento que está pendiente de aprobarse en un futuro real decreto. Es necesario leer la nota de prensa lanzada en conjunto por diferentes entidades eclesiales, entre ellas la propia Conferencia Eclesial Española.

La Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES), la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Cáritasy el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española celebran el anuncio de un proceso que lleve a la regularización extraordinaria de personas migrantes que viven en nuestro país.

Ante la polarización que vivimos continuamente en nuestra sociedad, que afecta también al interior de la comunidad cristiana, es una alegría y de agradecer esta comunicación que ayuda a todos los cristianos en el discernimiento de los acontecimientos que tienen gran repercusión en la vida de muchas personas en situación de vulnerabilidad y que puede suponer una mejora muy significativa en la mejora de las condiciones de dignidad de su vida. Tal ha sido el esfuerzo que han realizado también muchas realidades eclesiales junto con entidades sociales en el proceso de la Iniciativa Legislativa Popular para promover una regularización extraordinaria para las personas migrantes.

Así, la iglesia española no solo celebra, sino que la considera un acto de justicia social y reconocimiento a tantas personas migrantes que con su trabajo llevan tiempo contribuyendo al desarrollo de nuestro país aún a costa de mantenerles en situación irregular.

No es mi intención ahondar ahora en los detalles concretos del proceso de regularización que se vaya a llevar cabo sino, situarnos como diáconos, en este contexto en el que los acontecimientos sociales y también la Iglesia a través del magisterio y de los diferentes documentos nos permiten escuchar las llamadas del Señor en nuestro ser signo y expresión de la diaconía de la caridad de la Iglesia.

Por ello, hemos de tener una presencia activa en este “hito” de la historia. No es necesario que todos tengamos un servicio confiado por nuestro obispo en el ámbito de la pastoral de las migraciones, sino que en las diferentes comunidades donde estamos, comprendamos que es una realidad que nos atañe directamente como Iglesia y de forma específica como diáconos.

El documento final de XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, nos exhorta a “mostrar en cada contexto social y eclesial en el que estamos presentes la relación entre el evangelio anunciado y la vida vivida en el amor, y promoviendo en toda la iglesia una conciencia y un estilo de vida de servicio hacia todos, especialmente hacia los más pobres.” Es precisamente esta la particularidad en la que sitúa a los diáconos en el marco de una Iglesia sinodal misionera y misericordiosa, de manera que estamos llamados a “despertar y sostener la atención de todos hacia los más pobres” (DF 73).

Este número del DF nos recuerda que la diaconía de la caridad es el ministerio más característico del diácono y que en la dedicación a las obras de caridad y de asistencia, así como en la animación de comunidades o sectores de la vida eclesial, especialmente en lo que concierne a la caridad, ejercemos el mundus regendi.

Volviendo a la realidad de las personas migrantes y al “hito” del que hablábamos, queremos destacar que ya Benedicto XVI expresó en 2006, que “entre los signos de los tiempos reconocibles hoy se pueden incluir ciertamente las migraciones” (migraciones: signo de los tiempos”. Mensaje para la XCII Jornada Mundial del emigrante y el refugiado).

Hoy en día la emigración es una nueva forma de pobreza (quizá ya no tan nueva). “Los más pobres entre nosotros son los extranjeros sin papeles” nos enfatiza la instrucción pastoral de la CEE “Iglesia, Servidora de los Pobres” en su número 9, ya en 2015.

Podíamos recoger, sobre todo durante el pontificado del Papa Francisco, muchas exhortaciones y referencias a la necesidad como Iglesia y sociedad de acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes.

Quiero centrarme, por la importancia que tiene esta realidad, en la necesidad de vivir en comunión con el sentir de la Iglesia, con el magisterio social y con el evangelio, en relación con el fenómeno de la movilidad humana, donde las personas que vienen son un don, un regalo para poder vivir el evangelio y construir comunidades acogedoras.

En cualquiera de los contextos en los que nos encontremos desarrollando nuestra vida familiar, laboral o las diferentes dimensiones eclesiales, estamos llamados a acompañar a las personas migrantes en este proceso de regularización en las que se juegan ser reconocidos como ciudadanos de pleno derecho.

Hay muchas formas de poder ejercer nuestro ministerio en la caridad posibilitando la comunión y la cohesión social con relación a las personas que migran y que se incorporan a nuestra sociedad, a nuestras comunidades.

La Exhortación pastoral de la Conferencia Episcopal aprobó en asamblea en 2024 la exhortación pastoral: “Comunidades acogedoras y misioneras. Identidad y marco de la pastoral con migrantes”. Ella nos da luz para animar a las comunidades en las que realizamos nuestro ministerio y construir comunidades significativas acogedoras y misioneras, vivir la catolicidad, cultivar el valor del encuentro, de la hospitalidad, así como otros criterios de actuación para la conversión personal y comunitaria que nos permita construir una sociedad inclusiva.

También es importante estar atento en nuestras diócesis a las líneas y comunicados que las delegaciones de migraciones van realizando. Ello nos ayuda a estar en sintonía. La delegación de migraciones de la diócesis de Málaga, a la que pertenezco, es un sostén y ayuda en ese discernimiento. Tal como comunicó la delegada: “El proceso de regularización abre a la esperanza, aunque hay que ser prudente”

Dentro de nuestras comunidades podemos encontrar personas con dificultades para comprender la necesidad y la vivencia del evangelio, para acoger a las personas que vienen de fuera a compartir nuestra vida.

Hemos de tener claridad a la hora de situarnos para que nuestra acción, nuestras palabras, nuestra comunicación …en redes no dejen lugar a duda a la acogida de las personas migrantes. No sólo a la acogida asistencial y al acompañamiento sino también al compromiso por reivindicar el derecho a ser reconocido como ciudadanos.

Son muchos los momentos y los espacios. Por supuesto en acciones concreta de acompañamiento y acogida a través de proyectos en Cáritas u en otras realidades eclesiales y sociales.

También en nuestro ministerio de la palabra tenemos una responsabilidad para alumbrar los acontecimientos sociales a la luz del evangelio y del magisterio de la Iglesia. No solo en las posibles homilías, sino también en los diferentes espacios de comunicación, donde tenemos que cuidar bien nuestra forma de expresarnos, también a través de las redes sociales. Por supuesto no expresando cosas contrarias al evangelio y que atentan contra la dignidad de las personas más vulnerables, pero también expresando con testimonios, palabra, imágenes, la riqueza de las comunidades que acogen e integran a nuestros hermanos migrantes.

Con frecuencia, si no estamos en el ámbito específico de la movilidad humana, necesitaremos formarnos y leer documentos y orientación de los que en nombre de la iglesia están ayudando a toda la comunidad a situarnos. Ello nos permitirá discernir la lectura creyente de los acontecimientos a la luz de la doctrina social de la Iglesia. Precisamente empezaba citando las palabras de Alberto Ares en un artículo que nos ayuda a dar luz desde la DSI sobre el proceso de regularización, al que hacíamos referencia.

El otro aspecto que me parece vital es acompañar a los miembros de nuestras comunidades que ejercen como cristiano un servicio en el ámbito de la política. Siendo consciente que la política es la forma más alta de caridad cuando se ejerce para buscar el bien común. ¿Cómo acompañar en los procesos de discernimiento de estos hermanos nuestros que ejercen su actividad en la política sin rebajar la exigencia del respeto de la dignidad humana como el ámbito más sagrado donde Dios se nos hace presente?

Creo que este es un ámbito donde los diáconos por nuestra presencia en el ámbito social y laboral, tenemos mucho que aportar por nuestra forma de vivir lo que anunciamos, más que por nuestra forma de decir. Aunque hemos de cuidar las palabras para no entrar en la polarización destructiva, pero por supuesto no hablar en de la luz que aporta la DSI desde el evangelio.

En Melilla, frontera sur de Europa o norte de África, depende desde donde se mire, somos bastantes los que nos alegramos y compartimos junto a todas las entidades de Iglesia el comunicado lanzado por las entidades eclesiales más representativas y la invitación a caminar junto con nuestros hermanos y hermanas migrantes.

Personalmente agradecido por poder ser parte del proyecto “Geum Dodou” que desarrolla la asociación Despuntes de Primavera de Melilla, que está sostenida por la asociación eclesial comunidades parroquiales vicencianas. Desde ella venimos acompañando y sobre todo compartiendo vida, posibilitando espacios de acogida y encuentro a las personas migrantes que pasan por Melilla en busca de una tierra donde poder vivir con dignidad y ser vecinos, ciudadanos. Espero que este proceso facilite la vida de muchas personas con las que nos hemos encontrado y seguimos caminando juntos. Si atender asistencialmente a las personas migrantes en sus necesidades primarias es un acto de caridad, más lo es apoyar un proceso de regularización que le posibilita reconocimiento jurídico como ciudadano y le permite participara de pleno derecho en su desarrollo personal y en su contribución al bienestar de toda la sociedad.

Este espacio, el proyecto, las personas voluntarias, las personas migrantes, las comunidades cristianas que lo sostienen y el trabajo en red con otras realidades eclesiales y sociales, se convierte en un espacio privilegiado donde puedo vivir mi ministerio, en lo más característico, en “una Iglesia sinodal misionera y misericordiosa”.

Fernando Moreno Amador

diácono de la diócesis de Málaga.

 

 Aregularização extraordinária de pessoas migrantes, um ato de justiça social e de reconhecimento a tantas pessoas migrantes.

Nas palavras de Alberto Ares (diretor do Serviço Jesuíta aos Refugiados – JRS – na Europa), “26 de janeiro de 2026 marcará um marco na história da política migratória espanhola e, por extensão, europeia”.

Na sequência do anúncio do governo de iniciar um processo de regularização extraordinária, a Igreja expressou a sua posição através de diferentes instituições sobre o procedimento que está pendente de aprovação num futuro real decreto. É necessário ler a nota de imprensa lançada conjuntamente por várias entidades eclesiais, entre elas a própria Conferência Episcopal Espanhola.

A Rede de Entidades para o Desenvolvimento Solidário (REDES), a Conferência Espanhola de Religiosos (CONFER), a Cáritas e o Departamento de Migrações da Conferência Episcopal Espanhola celebram o anúncio de um processo que conduza à regularização extraordinária de pessoas migrantes que vivem no nosso país.

Perante a polarização que vivemos continuamente na nossa sociedade, que afeta também o interior da comunidade cristã, é motivo de alegria e de agradecimento esta comunicação, que ajuda todos os cristãos no discernimento de acontecimentos com grande repercussão na vida de muitas pessoas em situação de vulnerabilidade e que pode representar uma melhoria muito significativa nas condições de dignidade das suas vidas. Tal tem sido também o esforço realizado por muitas realidades eclesiais, juntamente com entidades sociais, no processo da Iniciativa Legislativa Popular para promover uma regularização extraordinária das pessoas migrantes.

Assim, a Igreja espanhola não só celebra este anúncio, como o considera um ato de justiça social e de reconhecimento a tantas pessoas migrantes que, com o seu trabalho, há muito tempo contribuem para o desenvolvimento do nosso país, mesmo à custa de serem mantidas em situação irregular.

Não é minha intenção aprofundar agora os detalhes concretos do processo de regularização que venha a ser levado a cabo, mas sim situar-nos, como diáconos, neste contexto em que os acontecimentos sociais e também a Igreja, através do magistério e de diversos documentos, nos permitem escutar os apelos do Senhor para sermos sinal e expressão da diaconia da caridade da Igreja.

Por isso, devemos ter uma presença ativa neste “marco” da história. Não é necessário que todos tenhamos um serviço confiado pelo nosso bispo no âmbito da pastoral das migrações, mas que, nas diferentes comunidades onde estamos, compreendamos que se trata de uma realidade que nos diz respeito diretamente como Igreja e, de modo específico, como diáconos.

O documento final da XVI Assembleia Geral Ordinária do Sínodo dos Bispos exorta-nos a “mostrar, em cada contexto social e eclesial em que estamos presentes, a relação entre o Evangelho anunciado e a vida vivida no amor, promovendo em toda a Igreja uma consciência e um estilo de vida de serviço a todos, especialmente aos mais pobres”. É precisamente esta a particularidade em que se situam os diáconos no quadro de uma Igreja sinodal, missionária e misericordiosa, sendo chamados a “despertar e sustentar a atenção de todos para os mais pobres” (DF 73).

Este número do DF recorda-nos que a diaconia da caridade é o ministério mais característico do diácono e que, na dedicação às obras de caridade e de assistência, assim como na animação de comunidades ou setores da vida eclesial, especialmente no que diz respeito à caridade, exercemos o munus regendi.

Voltando à realidade das pessoas migrantes e ao “marco” de que falávamos, queremos destacar que já Bento XVI afirmou, em 2006, que “entre os sinais dos tempos reconhecíveis hoje podem certamente incluir-se as migrações” (Migrações: sinal dos tempos. Mensagem para a XCII Jornada Mundial do Migrante e do Refugiado).

Hoje em dia, a emigração é uma nova forma de pobreza (talvez já não tão nova). “Os mais pobres entre nós são os estrangeiros sem documentos”, sublinha a instrução pastoral da CEE Igreja, Servidora dos Pobres, no seu número 9, já em 2015.

Poderíamos recolher, sobretudo durante o pontificado do Papa Francisco, muitas exortações e referências à necessidade, como Igreja e como sociedade, de acolher, proteger, promover e integrar as pessoas migrantes.

Quero centrar-me, pela importância que esta realidade tem, na necessidade de viver em comunhão com o sentir da Igreja, com o magistério social e com o Evangelho, em relação ao fenómeno da mobilidade humana, onde as pessoas que chegam são um dom, um presente para viver o Evangelho e construir comunidades acolhedoras.

Em qualquer um dos contextos em que nos encontremos a desenvolver a nossa vida familiar, laboral ou nas diferentes dimensões eclesiais, somos chamados a acompanhar as pessoas migrantes neste processo de regularização, no qual está em jogo o seu reconhecimento como cidadãos de pleno direito.

Há muitas formas de exercer o nosso ministério na caridade, possibilitando a comunhão e a coesão social em relação às pessoas que migram e que se integram na nossa sociedade e nas nossas comunidades.

A Conferência Episcopal aprovou em assembleia, em 2024, a exortação pastoral: Comunidades acolhedoras e missionárias. Identidade e enquadramento da pastoral com migrantes. Ela oferece-nos luz para animar as comunidades onde exercemos o nosso ministério e para construir comunidades significativas, acolhedoras e missionárias, viver a catolicidade, cultivar o valor do encontro e da hospitalidade, bem como outros critérios de ação para a conversão pessoal e comunitária que nos permita construir uma sociedade inclusiva.

Também é importante estar atento, nas nossas dioceses, às orientações e comunicados que as delegações de migrações vão publicando. Isso ajuda-nos a estar em sintonia. A delegação de migrações da diocese de Málaga, à qual pertenço, é um apoio e uma ajuda nesse discernimento. Como comunicou a delegada: “O processo de regularização abre à esperança, embora seja necessário ser prudente”.

Dentro das nossas comunidades, podemos encontrar pessoas com dificuldades em compreender a necessidade e a vivência do Evangelho no acolhimento das pessoas que vêm de fora para partilhar a nossa vida.

Devemos ter clareza na forma como nos posicionamos, para que a nossa ação, as nossas palavras e a nossa comunicação — também nas redes sociais — não deixem dúvidas quanto ao acolhimento das pessoas migrantes. Não apenas no acolhimento assistencial e no acompanhamento, mas também no compromisso de reivindicar o direito ao reconhecimento como cidadãos.

São muitos os momentos e os espaços. Evidentemente, em ações concretas de acompanhamento e acolhimento através de projetos da Cáritas ou de outras realidades eclesiais e sociais.

Também no nosso ministério da Palavra temos a responsabilidade de iluminar os acontecimentos sociais à luz do Evangelho e do magistério da Igreja. Não apenas nas homilias, mas também nos diversos espaços de comunicação, onde devemos cuidar bem da nossa forma de nos expressarmos, inclusive nas redes sociais. Certamente não exprimindo coisas contrárias ao Evangelho e que atentem contra a dignidade das pessoas mais vulneráveis, mas também dando testemunho, com palavras, imagens e gestos, da riqueza das comunidades que acolhem e integram os nossos irmãos migrantes.

Com frequência, se não estivermos diretamente envolvidos no âmbito da mobilidade humana, será necessário formarmo-nos e ler documentos e orientações daqueles que, em nome da Igreja, ajudam toda a comunidade a situar-se. Isso permitir-nos-á discernir uma leitura crente dos acontecimentos à luz da Doutrina Social da Igreja. Precisamente comecei citando as palavras de Alberto Ares num artigo que nos ajuda a lançar luz, a partir da DSI, sobre o processo de regularização a que nos referíamos.

Outro aspeto que considero vital é acompanhar os membros das nossas comunidades que exercem, como cristãos, um serviço no âmbito da política, conscientes de que a política é a forma mais elevada de caridade quando é exercida na busca do bem comum. Como acompanhar os processos de discernimento destes nossos irmãos que atuam na política sem diminuir a exigência do respeito pela dignidade humana, como o espaço mais sagrado onde Deus se faz presente?

Creio que este é um âmbito em que os diáconos, pela nossa presença no mundo social e laboral, temos muito a contribuir, mais pela forma como vivemos aquilo que anunciamos do que pela forma como o dizemos. Ainda assim, devemos cuidar das palavras para não entrar na polarização destrutiva, mas sem deixar de falar da luz que a DSI oferece a partir do Evangelho.

Em Melilla, fronteira sul da Europa ou norte de África, dependendo do ponto de vista, somos muitos os que nos alegramos e partilhamos, juntamente com todas as entidades da Igreja, o comunicado lançado pelas entidades eclesiais mais representativas e o convite a caminhar junto dos nossos irmãos e irmãs migrantes.

Pessoalmente, sou grato por poder fazer parte do projeto “Geum Dodou”, desenvolvido pela associação Despuntes de Primavera de Melilla, sustentada pela associação eclesial das comunidades paroquiais vicentinas. A partir dele, temos vindo a acompanhar e, sobretudo, a partilhar vida, criando espaços de acolhimento e encontro para as pessoas migrantes que passam por Melilla em busca de uma terra onde possam viver com dignidade e ser vizinhos, cidadãos. Espero que este processo facilite a vida de muitas pessoas com quem nos cruzámos e com quem continuamos a caminhar juntos. Se atender assistencialmente as pessoas migrantes nas suas necessidades primárias é um ato de caridade, ainda mais o é apoiar um processo de regularização que lhes possibilite o reconhecimento jurídico como cidadãos e lhes permita participar plenamente no seu desenvolvimento pessoal e na sua contribuição para o bem-estar de toda a sociedade.

Este espaço, o projeto, as pessoas voluntárias, as pessoas migrantes, as comunidades cristãs que o sustentam e o trabalho em rede com outras realidades eclesiais e sociais tornam-se um espaço privilegiado onde posso viver o meu ministério, no que ele tem de mais característico, numa “Igreja sinodal, missionária e misericordiosa”.

Fernando Moreno Amador
Diácono da diocese de Málaga.