El renacer del diaconado: signo de una Iglesia viva en el sur del Brasil
Cuando una diócesis ordena 38 nuevos diáconos permanentes de una sola vez, estamos ante algo que trasciende lo meramente numérico. En el caso de la Diócesis de Palmas/Francisco Beltrão, este acontecimiento adquiere contornos aún más significativos si consideramos el contexto eclesial y demográfico en el que se inserta.
Un signo de vitalidad diocesana
Con casi 652.000 habitantes, de los cuales un 87% se declara católico, esta Iglesia particular del sur del país enfrenta el desafío de llegar pastoralmente a más de medio millón de fieles distribuidos en 47 parroquias. Se trata, además, de una diócesis joven: este año celebra 68 años de su erección canónica, y su actual pastor, monseñor Edgar Xavier Ertl, es el cuarto obispo en su historia. Que una diócesis con solo siete décadas de vida genere una promoción tan numerosa de diáconos dice mucho de su dinamismo y de la fecundidad de su caminar eclesial.
La ordenación simultánea de 38 nuevos diáconos es un síntoma claro de que algo está brotando con fuerza en el corazón de esa comunidad. En tiempos donde tanto se habla de secularización y alejamiento de la fe, una diócesis que genera 38 vocaciones al diaconado de una sola vez demuestra que el Evangelio sigue siendo una propuesta atractiva y que hay hombres dispuestos a entregar su vida por el servicio.
Fortalecimiento del ministerio diaconal
Hasta ahora, el número de diáconos permanentes en la diócesis no llegaba a la decena. Esto significa que la presencia diaconal se ha multiplicado por cuatro. No se trata solo de un aumento cuantitativo: estos 38 hombres, configurados con Cristo Siervo mediante la imposición de manos, vienen a consolidar un ministerio que, aunque siempre ha estado en la Iglesia, no siempre ha recibido el impulso necesario. Ahora, la Diócesis de Palmas/Francisco Beltrão cuenta con un cuerpo diaconal robusto que podrá desplegar su triple misión al servicio de la Palabra, la Liturgia y la Caridad de manera mucho más extensa y organizada.
Dios ha querido que sea el cuarto obispo de esta joven diócesis quien dé un respaldo tan significativo al ministerio diaconal, demostrando que la mirada atenta a los signos de los tiempos y la confianza en el Espíritu Santo pueden abrir caminos insospechados para la acción pastoral.
Hacia una Iglesia con rostro diaconal
Pero lo que está en juego aquí no es solamente el fortalecimiento de un ministerio particular. Esta ordenación masiva apunta a algo más hondo: la configuración de una Iglesia con alma diaconal, es decir, una comunidad que hace del servicio su sello de identidad más profundo. Cuando el obispo impone las manos sobre estos 38 hombres, está diciendo a toda la diócesis que el camino para seguir a Cristo no es el poder, no es el prestigio, no es la instalación cómoda, sino el lava pies, la entrega sin condiciones, la cercanía a los que sufren. Una Iglesia diaconal es aquella que no existe para sí misma, sino que permanentemente sale de sí para ponerse al servicio del Reino. Y estos 38 nuevos diáconos son, ante todo, un recordatorio viviente de que todos los bautizados —cada uno según su vocación— estamos llamados a ser servidores.
Respuesta a las necesidades pastorales
Los datos ayudan a dimensionar el reto pastoral al que se enfrenta esta Iglesia particular. Con aproximadamente 90 presbíteros para atender 47 parroquias, la labor sacerdotal requiere de un enorme despliegue. A esto se suman 62 religiosos y 76 religiosas que ya realizan una labor encomiable en distintas periferias. Sin embargo, la incorporación de estos 38 diáconos permanentes viene a cubrir un espacio específico que ni los presbíteros ni los religiosos pueden ocupar del mismo modo. El diácono, por su propia identidad —casado, con profesión, inserto en la vida cotidiana—, puede llegar a lugares y situaciones donde el sacerdote no siempre tiene presencia. Su servicio a los más necesitados, su cercanía a las familias, su testimonio en el mundo laboral, multiplican la capacidad de la Iglesia para ser realmente «hospital de campaña».
Un «sí» comunitario y gozoso
Detrás de cada uno de estos 38 nuevos diáconos hay una historia personal, un discernimiento, una familia que acompaña y una comunidad que acoge. Pero también hay un «sí» que es eclesial: la diócesis entera se alegra y se compromete con ellos. La ceremonia en la Concatedral, llena de fieles, no fue simplemente un acto litúrgico más; fue la expresión visible de una Iglesia que celebra y confía. Cada «sí» pronunciado ante el altar, sustentado en el «sí» dado por cada esposa, y antes en el «sí» del Sacramento del Matrimonio, resonó como un eco del «sí» de toda la comunidad que los envía y los sostendrá en su misión.
Hoy, la Diócesis de Palmas/Francisco Beltrão tiene motivos sobrados para la esperanza. Estos 38 nuevos diáconos no son una solución mágica a los desafíos pastorales, pero son sin duda una respuesta concreta del Espíritu a las necesidades de nuestro tiempo. Que sus manos permanezcan siempre abiertas, que sus corazones sigan encendidos y que toda la Iglesia reconozca en ellos el rostro cercano de Cristo Servidor.
Felicidades diócesis hermana de Palmas/Francisco Beltrão
renascer do diaconato: sinal de uma Igreja viva no sul do Brasil
Quando uma diocese ordena 38 novos diáconos permanentes de uma só vez, estamos diante de algo que transcende o meramente numérico. No caso da Diocese de Palmas/Francisco Beltrão, este acontecimento adquire contornos ainda mais significativos se considerarmos o contexto eclesial e demográfico no qual se insere.
Um sinal de vitalidade diocesana
Com quase 652.000 habitantes, dos quais 87% se declaram católicos, esta Igreja particular do sul do país enfrenta o desafio de alcançar pastoralmente mais de meio milhão de fiéis distribuídos em 47 paróquias. Trata-se, além disso, de uma diocese jovem: este ano celebra 68 anos de sua ereção canônica, e seu atual pastor, dom Edgar Xavier Ertl, é o quarto bispo em sua história. Que uma diocese com apenas sete décadas de vida gere uma promoção tão numerosa de diáconos diz muito de seu dinamismo e da fecundidade de seu caminhar eclesial.
A ordenação simultânea de 38 novos diáconos é um sinal claro de que algo está brotando com força no coração desta comunidade. Em tempos onde tanto se fala de secularização e afastamento da fé, uma diocese que gera 38 vocações ao diaconato de uma só vez demonstra que o Evangelho continua sendo uma proposta atraente e que há homens dispostos a entregar sua vida pelo serviço.
Fortalecimento do ministério diaconal
Até agora, o número de diáconos permanentes na diocese não chegava a uma dezena. Isto significa que a presença diaconal se multiplicou por quatro. Não se trata apenas de um aumento quantitativo: estes 38 homens, configurados com Cristo Servo mediante a imposição das mãos, vêm consolidar um ministério que, embora sempre tenha estado na Igreja, nem sempre recebeu o impulso necessário. Agora, a Diocese de Palmas/Francisco Beltrão conta com um corpo diaconal robusto que poderá desdobrar sua tríplice missão a serviço da Palavra, da Liturgia e da Caridade de maneira muito mais extensa e organizada.
Deus quis que fosse o quarto bispo desta jovem diocese a dar um respaldo tão significativo ao ministério diaconal, demonstrando que o olhar atento aos sinais dos tempos e a confiança no Espírito Santo podem abrir caminhos insuspeitados para a ação pastoral.
Rumo a uma Igreja com rosto diaconal
Mas o que está em jogo aqui não é somente o fortalecimento de um ministério particular. Esta ordenação massiva aponta para algo mais profundo: a configuração de uma Igreja com alma diaconal, isto é, uma comunidade que faz do serviço seu selo de identidade mais profundo. Quando o bispo impõe as mãos sobre estes 38 homens, está dizendo a toda a diocese que o caminho para seguir a Cristo não é o poder, não é o prestígio, não é a instalação cômoda, mas o lava-pés, a entrega sem condições, a proximidade com os que sofrem. Uma Igreja diaconal é aquela que não existe para si mesma, mas que permanentemente sai de si para colocar-se a serviço do Reino. E estes 38 novos diáconos são, antes de tudo, um lembrete vivente de que todos os batizados — cada um segundo sua vocação — somos chamados a ser servidores.
Resposta às necessidades pastorais
Os dados ajudam a dimensionar o desafio pastoral ao qual se enfrenta esta Igreja particular. Com aproximadamente 90 presbíteros para atender 47 paróquias, a labor sacerdotal requer um enorme desdobramento. A isto se somam 62 religiosos e 76 religiosas que já realizam um trabalho encomiável em distintas periferias. No entanto, a incorporação destes 38 diáconos permanentes vem cobrir um espaço específico que nem os presbíteros nem os religiosos podem ocupar do mesmo modo. O diácono, por sua própria identidade — casado, com profissão, inserido na vida cotidiana —, pode chegar a lugares e situações onde o sacerdote nem sempre tem presença. Seu serviço aos mais necessitados, sua proximidade com as famílias, seu testemunho no mundo laboral, multiplicam a capacidade da Igreja para ser realmente «hospital de campanha».
Um «sim» comunitário e gozoso
Por trás de cada um destes 38 novos diáconos há uma história pessoal, um discernimento, uma família que acompanha e uma comunidade que acolhe. Mas também há um «sim» que é eclesial: a diocese inteira se alegra e se compromete com eles. A cerimônia na Concatedral, repleta de fiéis, não foi simplesmente um ato litúrgico a mais; foi a expressão visível de uma Igreja que celebra e confia. Cada «sim» pronunciado diante do altar, sustentado no «sim» dado por cada esposa, e antes no «sim» do Sacramento do Matrimônio, ressoou como um eco do «sim» de toda a comunidade que os envia e os sustentará em sua missão.
Hoje, a Diocese de Palmas/Francisco Beltrão tem motivos de sobra para a esperança. Estes 38 novos diáconos não são uma solução mágica para os desafios pastorais, mas são sem dúvida uma resposta concreta do Espírito às necessidades do nosso tempo. Que suas mãos permaneçam sempre abertas, que seus corações sigam acesos e que toda a Igreja reconheça neles o rosto próximo de Cristo Servidor.
Parabéns, diocese irmã de Palmas/Francisco Beltrão