Una riqueza para nuestra Iglesia En el cuarto apartado, dedicado al Diaconado Permanente, con palabras de Juan Pablo II don Braulio explica que «uno de los frutos del Concilio Ecuménico Vaticano II es el de querer instituir el Diaconado como grado propio y permanente de la jerarquía». En este sentido, conforme a las enseñanzas conciliares, «es justo que los hombres que desempañan un ministerio verdaderamente diaconal, ya sea predicando la palabra de Dios como catequistas, ya sea dirigiendo las comunidades cristianas distantes, en nombre del párroco o del obispo, ya sea ejerciendo la caridad en obras sociales o caritativas, se fortalezcan por la imposición de manos transmitidas desde los Apóstoles y se unan más estrechamente al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado». Por estas razones, el Sr. Arzobispo considera que «el restablecimiento del Diaconado, como grado estable de la jerarquía, es una riqueza para nuestra Iglesia Católica Latina; también puede serlo para la Iglesia de Toledo».
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