Oración testimonial de una feligresa de una parroquia que tiene un diácono

Oración testimonial de una feligresa de una parroquia que tiene un diácono, en la oración por la vocación diaconal de la diócesis de Bilbao
Oração testemunhal de uma paroquiana de uma paróquia que tem um diácono

Señor Jesús, ¿recuerdas? Hace unos años, cuando nos dijeron que llegaría un diácono a nuestra comunidad, confieso que no entendíamos bien. Pensábamos: «¿Y qué es un diácono? ¿Otro ministro más? ¿Para qué?» Pero muy pronto nos hiciste ver que no era «otro más». Era alguien diferente.

Porque tú, Jesús, lo pusiste delante de nosotros. Lo primero que notamos fue que no se quedaba en la sacristía ni se iba al terminar la celebración. Se acercaba a los mayores que estaban solos en los bancos de atrás, les preguntaba su nombre, cómo estaban… y a la semana siguiente ya se los sabía de memoria. Ahí estabas tú.

Jesús, yo le he visto cómo trata a los enfermos. Algunas veces lo he visto arrodillado junto a la cama, cogiendo una mano, rezando. Ahí entendí lo que significa «servir». Ahí estabas tú.

Jesús, nos gusta saber que es un ministro que colabora con el servicio del obispo, junto a nuestro párroco, y que comparte también el sacramento del matrimonio. Jesús, cuando celebra matrimonios, les habla de una forma especial. Sabe de lo que habla, siempre con cariño y cercanía, como hacías tú.

Jesús, en Cáritas dicen que lo que más le gusta es sentarse a escuchar a los que vienen con vergüenza a pedir ayuda. Y les dice: «No tengas vergüenza. Aquí estamos para ayudarnos entre hermanos». Eso es un bálsamo para el que no encuentra trabajo. Ese consuelo viene de ti.

Y en los funerales, cuántas familias te agradecen que él las acompañe en el silencio del tanatorio, sin palabras, solo estando. Eso también es diaconado, y eso también eres tú.

Lo más hermoso, Jesús, es que nos has contagiado por medio de él. Ahora en la parroquia somos más los que nos animamos a salir, a visitar, a preguntar. Él no vino a hacerlo todo solo, sino a enseñarnos que todos estamos llamados a servir, pero él no se queda atrás.

Por todo eso, te doy gracias, Señor, por el diácono de nuestra parroquia. Y te pido de corazón: suscita esta vocación en más comunidades. Porque donde hay un diácono, tu caridad se hace visible, se toca, se huele, se vive.

Amén

Oração testemunhal de uma paroquiana de uma paróquia que tem um diácono, na oração pela vocação diaconal da Diocese de Bilbao**

Senhor Jesus, lembras-Te? Há alguns anos, quando nos disseram que chegaria um diácono à nossa comunidade, confesso que não compreendíamos bem. Pensávamos: «E o que é um diácono? Mais um ministro? Para quê?» Mas muito rapidamente nos fizeste ver que ele não era «mais um». Era alguém diferente.

Porque Tu, Jesus, o colocaste diante de nós. A primeira coisa que notámos foi que ele não ficava na sacristia nem ia embora quando a celebração terminava. Aproximava-se dos idosos que estavam sozinhos nos bancos de trás, perguntava-lhes o nome, como estavam… e, na semana seguinte, já se lembrava deles de cor. Ali estavas Tu.

Jesus, eu vi como ele trata os doentes. Algumas vezes vi-o ajoelhado junto à cama, segurando uma mão, rezando. Foi aí que compreendi o que significa «servir». Ali estavas Tu.

Jesus, gostamos de saber que ele é um ministro que colabora no serviço do bispo, juntamente com o nosso pároco, e que também partilha a realidade do sacramento do matrimónio. Jesus, quando celebra casamentos, fala aos noivos de uma forma especial. Sabe do que fala, sempre com carinho e proximidade, como fazias Tu.

Jesus, na Cáritas dizem que aquilo de que ele mais gosta é de se sentar a escutar aqueles que vêm, envergonhados, pedir ajuda. E diz-lhes: «Não tenhas vergonha. Estamos aqui para nos ajudarmos uns aos outros como irmãos.» Isso é um bálsamo para quem não encontra trabalho. Esse consolo vem de Ti.

E nos funerais, quantas famílias Te agradecem por ele as acompanhar no silêncio da casa mortuária, sem palavras, simplesmente estando presente. Isso também é diaconado, e isso também és Tu.

O mais belo, Jesus, é que nos contagiaste através dele. Agora, na paróquia, somos mais os que nos animamos a sair, a visitar, a perguntar. Ele não veio para fazer tudo sozinho, mas para nos ensinar que todos somos chamados a servir; e ele próprio dá o exemplo.

Por tudo isto, dou-Te graças, Senhor, pelo diácono da nossa paróquia. E peço-Te de coração: suscita esta vocação em mais comunidades. Porque onde há um diácono, a tua caridade torna-se visível, pode ser tocada, sentida, vivida.

Ámen.