Nuevo Libro: "World, Liturgy, Charity". Resumen del diácono

 

Nuevamente el diácono Eduard Ludwig (archidiócesis de Pamplona-Tudela, España),  envía otra colaboración, se trata del resumen del libro «World, Liturgy, Charity», editado por Lexinton Books, Lanham, este año 2018. con motivo de la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la restauración del diaconado como una orden de ministerio permanente y estable en los Estados Unidos.  

El Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado (CARA) en la Universidad de Georgetown realizó un estudio contemporáneo del diaconado en los Estados Unidos. Sobre la base de los estudios completados en 1981 y 1995, así como de la investigación anual que CARA ha realizado para la USCCB desde 2005, CARA diseñó un estudio exhaustivo de los diáconos, sus esposas, directores de diaconado y obispos para explorar todos los aspectos de este ministerio. Este libro explora las tendencias en el diaconado, así como las oportunidades y desafíos actuales y emergentes en el ministerio. Los diáconos y sus esposas, los directores de diaconados y los obispos comparten ideas sobre cómo esas tendencias impactan el ministerio diaconal hoy y en el futuro.

Resumen de las ideas clave del artículo Word, Liturgy, Charity[1]

 

Sobre las funciones del diacono:

Complementaria:

El diacono complementa los dos otros grados del sacramento del orden, por lo cual una Iglesia sin diaconado es una Iglesia que se manifiesta al pueblo de manera incompleta. Obispos Presbíteros y Diáconos son iguales en la manera que se complementan unos a otros.[2]

El ministerio del diaconado debe estar marcado por fidelidad a la tradición Católica y el diácono debe estar en obediencia a comunión con el obispo y con el presbítero en cuya jurisdicción está destinado.

Simbólica y sacramental:

El diácono está llamado a representar a Cristo y a hacer de nexo de comunión entre las distintas áreas de la Iglesia. Es ministro de los misterios de Jesucristo, no sirviente de comida y bebida y está llamado a personificar a Cristo (siervo) en sus funciones para transofrmas a la Iglesia en una realidad de comunión, servicio y misión (evangelización). La función simbólico-sacramental es más importante que las tareas prácticas que realiza. Su identidad está basada en la gracia sacramental que recibe en la ordenación para el bien de la Iglesia universal.

Unitiva:

Sus ministerio está dividido en tres áreas; liturgia, palabra y caridad. Las tres se retroalimentan de tal manera que el diácono necesita tener un equilibrio entre las tres. La liturgia sin palabra se convierte en superstición, la palabra sin liturgia y caridad se vuelve tarea árida y la caridad sin palabra y liturgia se convierte en activismo.[3] Cada uno de los pilares, especialmente el de la caridad tiene concreciones muy amplias. Toda tarea realizada por el diácono en nombre de la Iglesia se convierte en “diaconal” por la gracia del sacramento.

Institucional:

El diácono tiene autoridad sobre las personas a las que ha sido enviadas por su ministerio y ordenación. Es enviado igual que fue enviado Cristo. El sacramento da fortaleza y convierte al diácono a un líder en sus funciones.

Jerárquica:

El diácono está llamado a ser ministro (representante de Cristo) en los lugares a los que es enviado. Esto pueden ser destinos concretos (colegios, cárceles, hospitales, familias, su trabajo civil) o grupos/proyectos parroquiales y diocesanos.

 

Santificadora:

Administración de sacramentos y sobre todo sacramentales, celebración de la liturgis de las horas, exposición del Santísimo, etc.

 

Sobre las tareas del diácono:

San Juan Pablo II resalta la importancia de que el diácono actúa a dos niveles: Desde su persona como presencia sacramental de Cristo, sirviente del Padre en la liturgia, la palabra y la caridad, y desde su función jerárquica como constructor de una Iglesia de comunión, servició y evangelización. El diácono actúa como sirviente, animador de la comunidad y dispensador de sacramentos y sacramentales.

Según un documento del comité para el diaconado permanente[4], los diáconos actúan desde su realidad sacramental (su ser). Desde ahí su misión debe especificarse en función de las necesidades de la feligresía a la que se le ha enviado. Sus funciones no pueden ser limitadas por precedentes históricos sino que deben caracterizarse por una gran flexibilidad y creatividad en función de las necesidades y de lo que el Espíritu Santo va sugiriendo para su ministerio.

Es muy frecuente que el diácono pueda poner al servicio de la Iglesia sus conocimientos profesionales. Más allá de su servicio en la Iglesia, el diácono lleva a cabo su ministerio en su vida privada (familia) y en su lugar de trabajo. El 26 por ciento de los diáconos reciben remuneración (a tiempo completo o parcial) por sus servicios y el 98 por ciento de los diáconos están enviados a una parroquia aunque la mayoría además de su envío parroquial ostenta otro cargo (solo el 29% de los diáconos no tiene otro envío además del parroquial). El 13% de los diáconos actúan de animadores parroquiales (en ausencia de presbítero) pero la mayoría de los envíos parroquiales son en parroquias con párroco donde sus funciones son múltiples. Su trabajo ahí debe ser considerado como el trabajo de un clérigo y de un profesional pero para ello tanto los sacerdotes como la comunidad deben estar formadas para entender el diaconado permanente.

Dentro de los tres pilares del ministerio del diácono encontramos los siguientes envíos en EEUU:

Ministerio de la palabra: Evangelización, formación de adultos, dirigir grupos de biblia y de oración, catequesis de bautismo, de primera comunión y de confirmación, cursos prematrimoniales, formación religiosa para niños, liderar retiros espirituales.

Ministerio de liturgia: Concelebrar en misa, proclamar el Evangelio, predicar (hacer la homilía en misa), presidir funerales, bautizos y bodas, oficiar la liturgia de las horas, exponer el Santísimo, presidir celebraciones litúrgicas en ausencia de presbítero, dirigir rezos.

Ministerio de la caridad: Ancianos, enfermos, pobres, drogadictos, pastoral en hospitales y en la cárcel, dar consejo a los feligreses, dirección espiritual, trabajo social, trabajo con jóvenes y niños, trabajo con minorías étnicas, trabajos organizativos en su comunidad y trabajo con personas con problemas.

 

 

Grado de satisfacción

Como norma los diáconos están satisfechos con su vida y su ministerio. Les gustaría ver mejorado el conocimiento de su vocación tanto en los laicos como en el resto de clérigos. El desconocimiento de su vocación dificulta su ministerio. Por un lado el desconocimiento de los laicos lleva a una no aceptación o a un no entendimiento de lo que es el diácono y sobre todo de lo que le distingue del laico. La falta de formación de los sacerdotes hace que estos no aprovechen todas las capacidades del diácono convirtiéndolo en un clérigo de segunda categoría y utilizándolo solo para los trabajos periféricos a los que no llega y/o los que el sacerdote no quiere hacer. Más allá de la formación del clero los diáconos piden que se les acepte y respete como clérigos y que haya una relación de igualdad y fraternidad, en definitiva una mejora de la relación y que el diácono sea aceptado por el presbítero como un compañero y no como un competidor.

Las tareas más satisfactorias son la concelebración y la predicación y las que menos satisfacción aportan al diácono las tareas administrativas

Seis de cada diez diáconos dicen que sus mujeres participan en sus tareas diaconales y nueve de cada diez dicen que su matrimonio se ha visto reforzado con su vida diaconal.

 

Discernimiento y formación

El discernimiento incluye las fases de pre-discernimiento, discernimiento personal, discernimiento familiar, discernimiento comunitario y discernimiento eclesial.

  • Pre-discernimiento: Estas parten de las bases previas que el diácono tiene de su formación y educación cristiana. Mayoritariamente el diácono habla de su formación y vivencia parroquial como cauce más importante hacia el descubrimiento de su vocación aunque también influye la educación en el colegio, universidad, colegio mayor, etc.
  • Discernimiento personal: Es el momento en el que el diácono intuye su vocación. Suele ocurrir dentro del matrimonio, no antes (diáconos casados) y un tercio de los diáconos dicen haberse planteado de jóvenes la vocación sacerdotal.
  • Discernimiento familiar: En esta fase el diácono contrasta su vocación y pide ayuda a su familia, principalmente a su mujer.
  • Discernimiento comunitario: Aquí el diácono empieza a ser acompañado por la Iglesia, en esta fase por su comunidad (parroquia, etc.).
  • Discernimiento eclesial: Esta es la fase en la que la diócesis se implica en el discernimiento, evalúa su aptitud y le plantea la formación necesaria.

Una vez finalizado el discernimiento y no antes el interesado adquiere el estatus de aspirante. En esta fase se concreta su formación. La duración es de un año.

Luego el aspirante se convierte en candidato. En esta fase se realiza la formación teológica y pastoral, una formación teórico-práctica, tanto teológica como pastoral. Nueve de cada diez mujeres de diácono participan en la formación.

La formación continúa después de la ordenación, especialmente en los primeros tres años. Existen unas pautas para las diócesis sobre cómo debe ser esa formación continuada.

Pero no solo el diácono debe ser formado. Hay una necesidad de formar a toda la Iglesia sobre el diaconado para conseguir una buena convivencia y colaboración. Los diáconos se quejan de la falta de conocimiento en el clero, habiendo sacerdotes que no saben cómo trabajar con un diácono y otros que se resisten a tener un colaborador diácono. También se percibe falta de formación en el laicado, especialmente sobre el estatus de clérigo del diácono y lo que esto implica. También se observa la falta de apoyo de algunos obispos.

 

Las esposas de los diáconos

La comisión para el diaconado permanente de EEUU requiere como en otros países el consentimiento escrito de las esposas para la ordenación de sus maridos. A partir de aquí están invitadas a colaborar en el ministerio de su marido desde su libertad y su discernimiento personal y se espera que la ordenación diaconal lleve a un enriquecimiento del matrimonio. El sacramento del matrimonio es prioritario al sacramento del orden y el ministerio del diácono debe ir subordinado a este aunque en la práctica las esposas dicen que su vida consiste en un equilibrio entre el ministerio, la familia y el trabajo y que es difícil subordinar un aspecto a otro.

La mayoría de las esposas participan en los programas de formación (inicial y permanente) de sus maridos y además se recomienda que tengan sus propios grupos para compartir sus experiencias con otras esposas.

El diácono y su mujer se convierten de manera especial en ejemplo de fidelidad e indisolubilidad del matrimonio y son testimonio de vida matrimonial. Es importante que participen en reuniones parroquiales y diocesanas porque tienen mucho que aportar a los obispos y sacerdotes.

Son una pieza clave en el discernimiento vocacional y el 95% de los diáconos se ha visto apoyado por su esposa en el discernimiento y en el desarrollo de su ministerio.

Entre los retos está la conciliación de la vida familiar con el ministerio, la relación con el marido que no puede compartir los aspectos confidenciales de su ministerio y la relación con los sacerdotes y el obispo que pueden tener dificultades en entender el diaconado de su marido y sobre todo el rol de la esposa del diácono.

Suelen estar satisfechas en poder colaborar de una manera más profunda en la Iglesia y de compartir el ministerio de sus maridos.

 

Ubicación de los diáconos en la diócesis

Las diócesis tienen una oficina para el diaconado permanente. El director de esta es una persona de confianza del obispo y en 72% de las diócesis este cargo es ostentado por un diácono, en el 26% por un sacerdote y en algunos casos el cargo es ostentado por un laico. Debajo de él está el director de formación (inicial) y el director de “vida y ministerio” del diácono (que se ocupa de los diáconos ordenados y de su formación permanente). En algunos casos estos dos cargos son ostentados por la misma persona. En más del 80% lo ostentan diáconos. Existe también en muchas diócesis un consejo para el diaconado permanente. Desde aquí se asesora tanto en temas de formación como de posibles destinos para los diáconos.

Entre los retos están las secularizaciones (el 5% de los ordenados), los divorcios (el 1% de los diáconos están separados) y el segundo matrimonio de diáconos enviudados (muchos piden dispensa a roma para volverse a casar). Otro reto es el posible diaconado femenino; en 2016 el papa formó una comisión para estudiarlo pero hasta ahora esta comisión no se ha pronunciado.

Actualmente hay 16.000 sacerdotes activos en EEUU y un número similar de diáconos permanentes. No obstante el sentir de los diáconos es que hacen falta más, especialmente en el mundo cambiante y secularizado en el que vivimos. Se espera también que los diáconos puedan ir accediendo de manera más generalizada a cargos directivos de las diócesis y de liderazgo en las parroquias.

[1] Center for Applied Research in the Apostolate, Word, Liturgy, Charity, The Diaconate in the U.S. Catholic Chruch, 1968-2018, Lexinton Books, Lanham, 2018. (Center for Applied Research in the Apostolate is a national, nonprofit, Georgetown University-affiliated research center that conducts social scientific studies about the Catholic Church.)

[2] P.2

[3] p.5

[4] Permanent Deacons in the United States: Guidelines on Their Formation and Ministry, 1971

 

FICHA TECNICA:

 

  • Tapa dura: 176 páginas
  • Editor: Lexington Books (31 de mayo de 2018)
  • Idioma: Inglés
  • ISBN-10: 1498576265
  • ISBN-13: 978-1498576260

 

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