Diaconía y diácono en la Iglesia primitiva

Diaconía y diácono en la Iglesia primitiva

 

Comentario en relación al texto de Mateo 20,28:

“el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, que el que quiera ser el primero, que se haga vuestro esclavo, como el Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate para todos” (Mt 20,26-28)

οκ λθεν διακονηθναι, λλ διακονσαι (Mt 20,28)

En este texto el verbo empleado es διακονεῖν: servir.

 

  • Usos de los términos διακονεν, διάκονος, διακονία en los textos griegos hasta el s. V

διάκονος: este nombre aparece primero, frecuentemente, en el léxico civil. Más tarde, el término pasa al léxico eclesiástico:

 

Uso en el léxico civil

En los papiros documentales egipcios pre-cristianos, encontramos un uso profano de la palabra. Son anteriores al uso del término por el diaconado cristiano y se refieren al ámbito civil; muchos de estos documentos reflejan una correspondencia particular, relaciones fiscales y catastrales, inventarios de bienes, contratos, recibos… Estos documentos nos permiten conocer la cotidianeidad de una sociedad antigua; generalmente el nombre diakonos aparece en aposición a un nombre propio de un personaje particular, pero no está referido a un personaje histórico.

El diccionario griego LST define διάκονος como “sirviente” (no esclavo, que correspondería a δοῦλος), con la variante “mensajero”. El uso del término en muchos papiros permite entender que el “diaconos” prestaba un servicio a otras personas; utilizado como verbo, διακονεῖν, normalmente se refiere a un tipo de relación voluntaria, de ayuda o colaboración entre personas. El nombre διακονία también designa un servicio, por ejemplo, una prestación económica o un suministro relacionado con personal militar.

 

Uso en el léxico eclesiástico

A partir de la instauración del Imperio cristiano, διάκονος pasa a ser una palabra técnica cristiana para designar un ministerio ordenado y desaparecen todos los usos profanos (en la misma época se adoptan otras palabras que habían sido de uso pagano, como ερεύςsacerdos para designar lo que hasta entonces se conocía como πρeσβύτερος.

Al pasar este término al contexto eclesiástico, la designación se refiere al orden diaconal, perdiendo el sentido civil.

En los textos papirológicos egipcios no hay referencias al diaconado cristiano hasta el s. IV. Esto contrasta con los textos neotestamentarios  (cfr. Hechos de los Apóstoles, Cartas Paulinas).

En el Nuevo Testamento el verbo diakonein designa la misión misma de Cristo en cuanto servidor y el ejercicio del servicio llevado a cabo por sus discípulos.

Me referiré a unos textos en San Pablo que son relevantes para el tema del diaconado: Filipenses 1,1-2; 1 Timoteo 3,1-13. Estos textos nos ayudan a entender qué es el diácono y la diaconía en la Iglesia primitiva. Esta diakonía aparece mencionada en 22 ocasiones en las cartas paulinas. La diaconía, ministerio eclesiástico, es una acción que es ayuda de alguna necesidad material, especialmente en favor de los más necesitados.

Hay una relación intrínseca entre el nombre y la tarea. Es decir: quien ejercía esa tarea (diakonía), llevaba ese nombre (diákonos). El diácono puede tener perfiles muy diversos. Pablo aplica este nombre a Cristo, a sí mismo, a otros, hombres y mujeres; en relación a éstas, es paradigmática la referencia a Febe (Rom 16,1-2), diácono al servicio de la comunidad de Cencreas.

El diácono es aquél a través del cual pasa la proclamación y la proposición de la fe, el ejercicio de la caridad y la ofrenda: «Servidores a través de los cuales habéis creído» (1Cor 3,5)

* Filipenses 1,1-2. Pablo, en el inicio de su carta a los cristianos de Filipos, se muestra a sí mismo, humildemente, como servidor de Jesucristo y saluda a todo el pueblo santo que vive en Filipos junto a sus episkopoi (supervisores, dirigentes) y diakonoi (servidores, ayudantes) (Flp 1,1).

Los episkopoi eran jefes en las comunidades locales que ejercitaban su tarea concreta colegialmente. Cuando Pablo habla de diákonos, se refiere a la misión de evangelización o de servicio pastoral, formando parte, junto con el episkopos, de un grupo dirigente para el fortalecimiento de la vida cristiana de la comunidad.

En el texto, los diakonoi aparecen referidos a los episkopoi. Eran dos oficios coordinados. Parece, pues, que Pablo deja ver que existía una relación de servicio entre unos y otros. Entre los Filipenses, los diáconos se ocupaban en el trabajo pastoral y caritativo entre los enfermos, los pobres, los prisioneros, las viudas e incluso los niños.

En otros textos, Pablo los menciona como constantes servidores de la predicación (1Cor 3,5; 2Cor 6,4).

* En 1Tim 3,1-13, podemos identificar las características ministeriales propias de obispos y diáconos.

Obispos y diáconos eran desde el comienzo oficios absolutamente distintos en cuanto a su función, aunque con un carácter similar, puesto que se les suponía algunas cualidades en común.

1Tim 3,1-7 presenta la función del ‘epíscopo’ como un medio de servir a la comunidad. Este servicio está lleno de responsabilidad y dedicación, sin pretensión de dignidad ni apariencia exterior, de manera que quien es pastor de una comunidad goce de buen nombre entre los creyentes. Quien ejerza esta noble tarea debe ser irreprensible, casado una sola vez (‘Unius uxoris vir’), cortés, sensato, acogedor, dotado de buenas dotes para enseñar, no dado a la embriaguez, no violento, enemigo de las disputas y el dinero, buen gobernante de su casa (Si no ¿cómo gobernará la Iglesia?), hacerse obedecer y respetar por los hijos y que no sea neófito (certeza probada de la Fe), para que no le ciegue la soberbia.

En Tt 1,6-9, Pablo atribuye cualidades semejantes a los que presiden una comunidad, añadiendo que, si las ejercen, serán capaces de exhortar a los fieles con una doctrina sana y de refutar a los que se oponen a ella.

 

En 1 Tim 3,8-13, Pablo se refiere a las cualidades que debe tener un diácono, que coinciden en gran manera con las atribuidas al obispo: ha de ser digno, irreprensible, hombre de palabra, no dado al vino ni a los negocios sucios, guardián del misterio de la fe con una conciencia limpia, marido de una sola esposa, buen gobernante de su casa y de sus hijos; así se ganará la consideración y la confianza de todos.

En este texto, Pablo incluye un comentario acerca de las mujeres. Algunos exégetas piensan que Pablo se refiere a las esposas de los diáconos, pero la mayoría cree que se refiere propiamente a las mujeres diácono: Las mujeres igualmente deben ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo (1Tim 3,11). Las cualidades exigidas a esas mujeres, en plural, sin duda concuerdan con varias de las exigidas a los hombres, incluso simétricamente.

En la reflexión teológica acerca del diaconado, podemos:

  • Identificar el diaconado como ministerio eclesial de encuentro y referencia, respecto de la diakonía que compete a la Iglesia toda.
  • Identificar el diaconado como referente de servicio para acercar a la mesa a los que se encuentran alejados del banquete, teniendo en cuenta que no es per se un ministerio de presidencia.
  • Entender el diaconado como un liderazgo de servicio humilde.

Diákonos es, pues, un nombre que expresa relación y servicio. El diácono es asignado por la autoridad de su obispo, en comunión con él, para instruir y exhortar al pueblo, para ejercer las tareas de la caridad y la administración, sumamente necesarias para el buen funcionamiento de la comunidad.

 

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