“Un día me ofrecí para lo que la Iglesia diocesana dispusiera de mí”

¿Cómo surgió mi vocación al diaconado permanente? A través de mi formación en colegios de salesianos de Andalucía, gracias a mi tío salesiano que era de Espadaña. Una docena de años “marca” toda una vida. María Auxiliadora, Don Bosco y su espíritu…

Ya en Salamanca, en el grupo de Cooperadores salesianos. Y un domingo en una homilía de D. Segundo en mi parroquia de San Mateo de Salamanca, me sentí  “aludido” y me ofrecí para lo que la Iglesia diocesana dispusiera de mí.

Me enrolé dando cursillos a los padres de niños a bautizar y algunos de prematrimoniales y, a la par, escribiendo mi artículo semanal en la revista diocesana “COMUNIDAD”, bajo la dirección de D. Manuel Cuesta.

Cuando se aceptó la implantación del diaconado permanente en la diócesis, en el Sínodo diocesano, me ofrecí a ello tras cuatro cursos de estudios de Teología, por las tardes-noches, en los Dominicos de Salamanca.

Me ordené con otros dos compañeros Carlos Ballesteros (+) y José Luis López Redondo. Con Don Mauro asignamos el día, hora y lugar de la ordenación que luego resultó el día, hora y lugar en el que tomó posesión de la diócesis D. Braulio y “lo nuestro” se tuvo que posponer.

Y de acuerdo con D. Braulio asignamos el 7 de enero de 1996. Un mes antes ordenó sacerdote a su secretario José Luis Sánchez Moyano y, al terminar la ceremonia de éste, en procesión hacia la sacristía, me vio D. Braulio entre la gente y me señaló: “Y el próximo serás tú”. Y una religiosa que estaba a mi lado me preguntó sorprendida: “¿Qué le ha querido decir a usted D. Braulio?”.

A los dos meses de tomar posesión nos llamó para conocernos y según nos iba saludando: “A ti ya te conozco (por Carlos), a ti también te conozco (por José Luis), y a ti te conozco… por tus escritos (me dijo a mí que era la primera vez que me veía en persona). Se refería a los escritos en COMUNIDAD.

Recuerdo lo bien “arropado” con la familia, vecinos, amigos y compañeros de trabajo y, sobre todo, paisanos de mi pueblo, El Cubo de Don Sancho: me emocionó y me sentí motivado y obligado a corresponder.

 

Como balance de estos veinticinco años. Dos etapas bien distintas. La primera de diez años en la parroquia de San Mateo en Salamanca, siendo su párroco Don Santos Pinto Lozano, con las catequesis, escribiendo para COMUNIDAD, el grupo de Legión de María, llevando la Comunión a los enfermos,… pero limitado por mi vida laboral y familiar a la que estaba más obligado.

Y quince años que llevo en mi pueblo, ya jubilado, y con todo el tiempo para mí y para ellos. Aquí lo tengo muy fácil: nos conocemos todos: “conozco a mis ovejas y las mías me conocen”. Sabemos de sobra de qué pie cojeamos y podemos ayudarnos mutuamente más y mejor.

Sinceramente, me lo ponen muy fácil. Siempre de acuerdo con los sacerdotes que son los primeros y más rrsponsables: antes con D. Juan Jesús García Horcajo, y ahora, con D. Javier García Santos. En mí ha de estar el poder de “adaptación”. Son doce pueblos de esta unidad pastoral y también me ha tocado “celebrar” en Cipérez (donde nació y fue bautizada mi madre), La Moralita, Grandes, alguna vez en Pelarrodríguez y Buenamadre, y hasta en Espadaña, el pueblo de mi padre y mi tío salesiano.

 a.

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