Valencia, España: El cardenal Cañizares ordena diáconos permanentes a seis laicos valencianos

Seis laicos valencianos, que ejercen en la actualidad sus profesionales como administrativo, supervisor de ferrocarriles, enfermero inspector, profesor, oficial de mantenimiento y auditor de la Sindicatura de Cuentas, han recibido este sábado su ordenación como diáconos permanentes, acompañados por sus familias, en una misa que ha presidido el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, a las 11 horas, en la Catedral.
De esta manera, tras un largo período de discernimiento y formación, los seis laicos, en su mayoría hombres casados y padres de familia, dan este paso y se suman al diaconado permanente, un ministerio para el servicio de la Iglesia, con lo que la diócesis de Valencia cuenta ya con un total de 36 diáconos permanentes.
En la ceremonia de este sábado han sido ordenados diáconos permanentes Ramón Santiago Borja Piñeiro, administrativo en un hospital; Víctor José Viciano Climent, supervisor en Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana; Juan Lorenzo Baviera Bartual, enfermero inspector de servicios sanitarios de la Conselleria de Sanitat; Andrés Jaime Valencia Pérez, profesor de Ecumenismo de la Facultad de Teología de Valencia; Julio Palomera Durá, técnico especialista eléctrico y oficial de mantenimiento en un colegio; y Nicolás Sánchez García, auditor de la Sindicatura de Cuentas de la Comunitat Valenciana.
Tras la ordenación, los diáconos permanentes reciben el encargo de distribuir la Comunión como ministros ordinarios, de presidir celebraciones exequiales y administrar los sacramentos del Matrimonio y Bautismo en las parroquias de la diócesis que les son destinadas por el Arzobispo.

Los nuevos diáconos permanentes

Entre los laicos que han sido ordenados diáconos permanentes este sábado figura Ramón Santiago Borja Piñeiro, de Valencia, tiene 62 años. Está casado desde hace 36, tiene dos hijos y cinco nietos. Trabaja de administrativo en un hospital y pertenece a la parroquia de la Epifanía del Señor y Santo Tomás de Villanueva, donde vive su fe en el Camino Neocatecumenal desde hace casi 44 años. Desde pequeño Ramón siempre ha sentido el impulso de hacer cosas por los demás y esta vocación surgió primero como un deseo de servir a la Iglesia “que es la que me ha guiado como una madre desde hace muchos años”, señala.

Por su parte, Víctor José Viciano Climent, de Gandia, 57 años y soltero, es supervisor en Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana. Ha sido dirigente del Sindicato Ferroviario, además de ceramista artístico y pertenece a la parroquia de San Nicolás de Bari, de Gandía. Reconoce que su vocación se remonta a la infancia y asegura que “lo más importante ha sido y es reconocer que esto es un don de Dios”. “Esto no es algo merecido, ni un premio, ni el resultado de ningún esfuerzo; de hecho, en este tiempo como acólito instituido están resonando de manera muy especial y fuerte las palabras de la misa “Señor, no soy digno”. Lo más importante ha sido descubrir que es Él quien obra y se sirve de un enfermo, de un torpe”, añade.

Juan Lorenzo Baviera Bartual (Llorenç), de 63 años, está casado desde hace 31 años y tiene una hija. Trabaja como enfermero inspector de servicios sanitarios de la Conselleria de Sanitat. Llorenç Baviera ha vivido su fe en diferentes parroquias de su localidad natal, Torrent: La Asunción, el Buen Consejo, y en la actualidad, San Luis Bertrán, donde es director de la Cáritas parroquial. En todas ellas ha participado muy activamente como agente de pastoral en catequesis de confirmación, grupo scout `Granerers´, liturgia y Cáritas. Además, vive y profundiza su fe en el Camino Neocatecumenal desde el año 1977. El tiempo de formación ha ayudado a Llorenç a profundizar en su fe y agradece el apoyo de su familia.

Andrés Jaime Valencia Pérez es doctor en Teología Histórica, profesor de Ecumenismo de la Facultad de Teología de Valencia, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y director de la Cátedra Yves Congar de la facultad, dedicada al estudio y reflexión ecuménica e interreligiosa. Además, es profesor de Religión en el instituto de secundaria Montdúver de Xeraco. Andrés Valencia nació en Rancagua, Chile, hace 50 años, pero vive en Valencia desde hace 20. Reconoce que desde pequeño sus padres le educaron en la vida parroquial donde siempre ha estado muy comprometido como catequista. Allí, en su parroquia conoció este servicio diaconal. “Mi vocación de servicio en la comunidad cristiana y en general en la Iglesia ha marcado mi vida para discernir este ministerio”, señala Andrés, para quien el diaconado permanente “es un servicio absoluto a la misión de la Iglesia”.

Julio Palomera Durá, de Alcoy, tiene 50 años y es soltero. Es técnico especialista eléctrico y trabaja como oficial de mantenimiento en el colegio diocesano San Roque de Alcoy. Y pertenece a la parroquia de San Roque. Conoció el ministerio del diaconado permanente a través de otros diáconos permanentes. “Entonces surgió la inquietud, la posible vocación. Lo que me llevó a indagar y preguntar, y tras un tiempo, me animó a comenzar un periodo de discernimiento y preparación”, explica Palomera. Estos años de preparación al diaconado le han aportado, sobre todo, “tiempo para reflexionar sobre mi vida y para ver qué podía hacer para ponerme al servicio de los demás”.

Nicolás Sánchez García tiene 61 años, está casado desde hace 34 y es padre de 7 hijos. Es auditor de la Sindicatura de Cuentas de la Comunitat Valenciana y profesor de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad Católica de Valencia y de la Universidad a Distancia de Madrid. Además, es profesor del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para estudios del matrimonio y la familia. A Nicolás Sánchez, que desde hace 42 años vive su fe en el Camino Neocatecumenal en la parroquia de San Isidoro Obispo, siempre le interesó el diaconado permanente, por eso, al constatar que se había reiniciado el interés por contar con diáconos permanentes se incorporó al itinerario de formación. “Creo que el ministerio del diaconado permanente es una gran oportunidad para que los fieles puedan participar en la vida de la Iglesia ayudando al obispo y a los presbíteros. El hecho de que la mayoría de los diáconos permanentes sean hombres casados puede contribuir a hacer visibles en la Iglesia otras formas de hacer las cosas”, señala. “Es mucho lo que he recibido de la Iglesia durante los años de mi vida, la siento como una madre y creo que ha llegado el momento de dedicarle los últimos años de mi vida a través de este servicio”, afirma.

(Fotografías: V.Gutiérrez / AVAN)

 

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