«La primera vez que vi a mi marido de blanco en el altar me impresionó»

«La primera vez que vi a mi marido de blanco ahí arriba en el altar me impactó mucho», dice Ana, esposa de Ángel, uno de los diáconos españoles que este fin de semana participan en El Escorial en el XXXVI Encuentro Nacional de Diáconos Permanentes, organizado por la Conferencia Episcopal Española.

Junto a las mujeres de otros diáconos apuntados al evento, Ana repasa los entresijos del lado más desconocido de una vocación también desconocida: la del diaconado permanente.

Ana y Ángel. Foto cedida por Ana M.ª Ansón.

«Esta es una vocación de los dos, no solo de él», asegura Ana, porque «surgió dentro del matrimonio, como una llamada dentro de otra». Ambos se encontraron con esta posibilidad conversando con su antiguo párroco, y después de nueve meses hablándolo y rezándolo «ambos dijimos que sí».

Ana utiliza el plural porque para que un hombre casado sea admitido al diaconado permanente es necesario que la mujer dé su consentimiento. «De hecho, antes de la celebración tenemos que firmar un documento donde aceptamos que nuestro marido sea ordenado, con todo lo que conlleva», afirma Josefina, la esposa de otro diácono, Juan Antonio.

Para ella, «es verdad que mi marido pasa más tiempo fuera de casa, y hay cosas que quizá se retrasan más en el hogar por este motivo, pero lo llevamos bien». Se trata de una misión compartida, «que se integra dentro de nuestro matrimonio, porque ya no somos dos, sino uno. Matrimonio y diaconado permanente no son dos sacramentos incompatibles», dice Josefina.

Josefina y Juan Antonio. Foto cedida por Josefina Caño.

Ana lo confirma asegurando que «aunque esto supone renuncia, es por un fin precioso. Y el Señor siempre ayuda: si nos pide más entonces nos da también lo que necesitamos para darlo». Además, «si en algún momento surge una dificultad nos sentamos y decidimos qué entra y qué no entra dentro de nuestras responsabilidades como familia».

El hecho de que ambos matrimonios tengan los hijos ya mayores hace hoy más fácil compatibilizarlo todo. «Yo procuro acompañarle en todo lo que puedo, y me gusta mucho verle bautizar y oírle predicar», asegura Ana.

Es algo que también sucede en la formación, pues «casi siempre vamos juntos a la formación pastoral que tiene cada semana, y también a retiros y convivencias», dice Josefina, lo que permite a las mujeres crear una red de apoyo en la que «cambiamos impresiones y compartimos inquietudes».

Al final, como concluye Ana, el diaconado permanente «es un regalo de Dios que nos ha ayudado a los dos a acercarnos mucho más a Él».

La figura de san José protagoniza el Encuentro Nacional de Diáconos Permanentes que tiene lugar este fin de semana en El Escorial (Madrid). Abordarán tres dimensiones de este ministerio según otras tres facetas del santo: su filiación, su esponsalidad y su paternidad, en varias ponencias a cargo de Juan Carlos Mateos González, director del Secretariado de la Comisión Episcopal para el Clero, y del diácono Pedro Jara y su esposa Lourdes Manzano. Durante las jornadas participarán también los obispos Joan Enric Vives, Francisco Cerro y Carlos Osoro. El encuentro servirá también parta poner en común diferentes testimonios pastorales de diáconos de toda España.

Alfa y Omega

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