Revista "FAITH Grand Rapids", Julio-Agosto 2018: "Diáconos, servidores de Cristo"

La revista «FAITH Grand Rapids» ha publicado en su última edición un monográfico sobre el diaconado, el resumen es el siguiente:

 

En la portada:

Diaconos servidores de Cristo escrito por Zulema Moret

Deacons, servants of Christ by Zulema Moret

Columna: Ministerio a, con, por y para los jóvenes adultos escrito por Mariza Mandujano-Ortiz

Columna: El diácono permanente escrito por Padre Edwin Carreño

On the Road to Sunday: God is love by Cami Mann

In the Spirit: Humanae Vitae at 50 – How natural family planning strengthened our marriage by Julie Cook (Read)

Special Report: 50th Anniversary of Humanae Vitae

Vocations: Ordination day memories… by Father Ron Hutchinson

Last Word: The sign of a new covenant by Monsignor Gus Ancona

Recogemos los dos artículos escritos en español.

 

 

Diaconos servidores de Cristo
Escrito por Zulema Moret | Fotografia por Luis Fonseca

Photo: Deacon Zapata servses at MassLa palabra “diácono” viene del griego y significa “siervo”. El diaconado es un elemento constitutivo y esencial de la iglesia, su misión proviene directamente de Cristo y lo que el diácono hace está bajo la acción del Espíritu Santo. Por lo tanto, él es un animador en la comunidad cristiana local (diócesis) al servicio de Dios y de los hermanos; servidor de cada hombre. Asimismo, el diácono es intermediario entre el obispo (y el sacerdote) y el resto del pueblo de Dios, intérprete de las necesidades y deseos de las comunidades cristianas (Ad Pascendum – Pablo VI). El diácono es ordenado para siempre por el Obispo mediante la imposición de las manos, como ministro de y para la Iglesia particular, es miembro del ministerio ordenado y como tal recibe una gracia especial para llevar a cabo su ministerio.

LAS FUNCIONES DE LOS DIÁCONOS

Entre las numerosas funciones de los diáconos encontramos las de: proclamar el Evangelio, predicar y asistir en el Altar; administrar el sacramento del bautismo, presidir la celebración del sacramento del matrimonio; conferir los sacramentales (tales como la bendición, el agua bendita, etc.); llevar el Viático (sacramento de la eucaristía así llamado cuando se administra particularmente a los enfermos que están en peligro de muerte) pero no puede administrar el sacramento de la unción de los enfermos. Además, y siempre de acuerdo con lo que determine la jerarquía, puede dirigir la administración de alguna parroquia; ser designado a cargo de una Diaconía; presidir la celebración dominical, aunque no consagrar la Eucaristía (lo cual corresponde a presbíteros y obispos). Puede además efectuar otros servicios, según las necesidades específicas de la Diócesis, particularmente todo aquello relacionado con las obras de misericordia, y la animación de las comunidades.

LOS DIÁCONOS PERMANENTES

En el Concilio Vaticano II, se restableció nuevamente el diaconado permanente. Este tipo de diaconado puede ser conferido a hombres casados. El diácono permanente debe ser considerado hombre «probo» para la comunidad, caritativo, respetuoso, misericordioso y servicial. Es determinación del obispo exigir que sea casado, y en este caso, la esposa deberá autorizar por medio escrito al obispo la aceptación para la ordenación del esposo (requisito indispensable).

Hemos tenido la oportunidad de entrevistar a dos de los diáconos permanentes de nuestra Diócesis y a sus esposas. En primer lugar conversamos con el Diácono Carlos Gutiérrez, oriundo de República Dominicana, que fuera consagrado como Diácono permanente un 5 de mayo, cumpliendo diecisiete años de diaconado permanente, y sirviendo en las Parroquias de Holy Name of Jesus y Saint Joseph the Worker. El llamado inicial vino del párroco de la Parroquia donde servía en la Diócesis de Paterson, en New Jersey. El Diácono Carlos escuchó el llamado recibido, aunque al principio él pensaba “que no era digno”, pero el P. Hernán Arias le dijo que “Dios te da la Gracia” y así fue, porque con el incondicional apoyo de su esposa Victoria emprendió el camino del diaconado. Su esposa declara que desde el principio ha orado por su esposo porque éste es un ministerio de ‘dos’. Entre los retos actuales que nos expresa el Diácono Carlos, comenta “me siento impotente frente a las necesidades de la comunidad por ejemplo en términos de la grave situación de los inmigrantes”, mientras que “vivo con gran satisfacción el caminar con la gente, y el amor que recibo de mi comunidad”.

En segundo lugar, pudimos hablar con el Diácono permanente Martín Zapata, quien nació en Browsville, Texas, el 23 de enero de 1944. Para el Diácono Martín fue de gran inspiración y motivación en su decisión de ser diácono “el sentir el amor y el perdón de Dios y el de mi esposa Josi en nuestro matrimonio y el ver hombres de fe formándose y siendo ordenados en la Catedral de San Andrés”, para el Diácono Martín su diaconado implica “Servir a Dios y a mi comunidad en la misa, visitando enfermos, familias, en los funerales y mucho más”. Siente que hay retos para la Iglesia Católica en un futuro y expresa entre estos retos que “los padres y las madres crezcan con estudio, oración, meditación y pasen a sus hijos esta fe”. Por otra parte, su esposa Josefa Zapata (Josi) declara: “que acompañar a mi marido ha sido una bendición para los dos” y al respecto comparte: “Apoyo su ministerio con paciencia y comprensión”.

LOS NUEVOS ASPIRANTES AL DIACONADO

Después de algunos años de interrupción se reinició el Programa de Diaconado en la Diócesis de Grand Rapids, para aspirantes de las diversas comunidades católicas (Anglos, Hispanos, Asiáticos). Nos hemos acercado a la escuela donde se llevan a cabo parte de las clases presenciales y hemos tenido la ocasión de conversar con los aspirantes de la comunidad hispana y con sus esposas. Para José Santos Pérez su deseo se origina “al conocer las Sagradas Escrituras, el ver como Jesús ama a su pueblo y el saber que me ama a mí tal como soy me ha impulsado a formar parte de su viña”. Además, conversando sobre los retos y deseos, Carlos Curiel expresa el deseo de “ofrecer mi ayuda a la comunidad, aportar mi potencial prioritariamente a mi comunidad católica”. Recordándonos la misión y la gracia, Donato Pérez expresa: “Es una gran bendición ser parte de este grupo, estoy agradecido a Dios por estar en este proceso y espero en Dios lograr el objetivo de ser diácono para dar lo mejor de mi vida a Dios y a mi pueblo”.

Puesto que sus esposas los acompañan en este recorrido de formación y compromiso, les hemos solicitado que enunciaran una frase o palabra que las identificara con dicho proceso. Para Modesta este viaje es: “aprendizaje, espiritualidad y servicio”; para María “ayudar en las necesidades”, para Melisa “servicio a las necesidades de la comunidad”. Para todas ellas, este proceso es ‘una bendición’.

Para los aspirantes será un tiempo de estudio, de aprendizajes, de realizar un cambio en la dirección de sus vidas, y al mismo tiempo un llamado a la obediencia al Sr. Obispo, al parroco y a la comunidad de fe. Sin duda, un conjunto de grandes retos que irán asimilando poco a poco con la gracia de Dios.

 


El diácono permanente

Escrito por Padre Edwin Carreño

Desde el tiempo de los apóstoles había personas dedicadas al servicio del Altar: Estos eran … hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra. Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles, y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos. (Hechos 6, 3-6).

Ellos surgieron dentro de la comunidad y originalmente no se llamaron diáconos, aunque se los identifica en esta misión con la palabra griega Diakonía que significa servicio, y es de tanta importancia para la Iglesia que es conferido por un acto sacramental llamado «ordenación», a través de la imposición de manos para transmitir su misión específica.

¿Qué entendemos por diácono permanente? Es un hombre llamado por Dios, que se caracteriza por su buena reputación, honestidad, no adicción a la bebida, no codicioso, aferrándose al misterio de la fe (1Tm 3, 8-13), y quien después de un tiempo de discernimiento, formación y preparación, es ordenado por su obispo para servir al pueblo de Dios.

¿Quién puede aspirar a este ministerio? Dado que quien es llamado debe tener una preparación de tres años para recibir las sagradas órdenes. (Canon 236) para cultivar su vida espiritual y ayudarle a cumplir dignamente los oficios propios que se le confiarán.

Un hombre bautizado mayor de 35 años puede recibir la ordenación diaconal y puede ser conferido a hombres casados (un mínimo de 5 años de matrimonio)su esposa debe estar de acuerdo y apoyarlo en su decisión de preparación y ordenación. Teniendo en cuenta: Si son célibes, deberán permanecer célibes y si son casados permanecerán como tales. Si enviudan, no pueden volverse a casar, salvo una dispensa expresa, o un permiso especial. De una forma u otra, la pureza es para todos, casados o solteros; al casado lo fortalece y nutre en su propio compromiso con la castidad conyugal.

¿Sabes cuáles son sus deberes? En un breve resumen, las funciones se pueden dividir en tres categorías. Como ministros de la Palabra, los diáconos proclaman el Evangelio, predican y enseñan en el nombre de la Iglesia. Como ministros de Sacramento bautizan, conducen a los fieles en oración, son testigos de los
matrimonios y dirigen servicios de vigilia, rito funeral y sepultura; conservar y distribuir la Eucaristía, ministros de la exposición del Santísimo Sacramento y de la bendición eucarística, ministro ordinario de la sagrada comunión, portar el viático a los moribundos, en nombre de la Iglesia asistir y bendecir el matrimonio, presidir el culto y la oración de los fieles. También administrar los sacramentales como el agua bendita, la bendición de casas, imágenes y objetos.

Como ministros de la caridad son líderes en la identificación de las necesidades de los demás, y luego reúnen los recursos de la Iglesia para satisfacer esas necesidades. Los diáconos NO pueden, a diferencia del sacerdote, celebrar el sacramento de la Eucaristía (Misa), administrar el sacramento de la reconciliación o administrar el sacramento de la unción de los enfermos. Con todo lo que puede hacer, su ayuda es invaluable, especialmente en nuestros tiempos cuando se necesitan tantas personas para ayudar al sacerdote en todas las tareas que se le han confiado. Teniendo presente que su familia es su primera vocación y que siempre debe ir primero, deben ser testigos del don y de la bendición del matrimonio.

El sirve al pueblo de Dios. De ahí la preparación espiritual, humana, teológica y filosófica antes de comenzar su ministerio. Creemos que cada uno es ordenado y es conformado, a través de la gracia sacramental de las Órdenes Sagradas, en la imagen de Jesús Servidor. El Concilio Vaticano II ha redescubierto su valor y así ha establecido y sugerido donde sea oportuno.

Acompañemos a nuestros díaconos permanentes y los candidatos a este ministerio con nuestra oración para que sean generosos en ese Sí que han dado y a ejemplo de María Santísima Madre del Servidor, sean
valientes en su misión hasta las últimas consecuencias, pidamos a la vez al Dueño de la mies siga enviando obreros, hombres santos y sabios capaces de dar respuesta a tantas necesidades de este mundo sirviendo dentro de la Iglesia. ¡Amén!

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