Diócesis de Alto Solimões, Amazonas, Brazil: Monseñor Adolfo Zon ordena al primer diácono permanente del pueblo tikuna

Los pequeños pasos que se van dando nos ayudan a hacer realidad los nuevos caminos para la Iglesia, a concretar los sueños y todo el trabajo previo, que muchas veces se prolonga a lo largo de años. Este 15 de marzo ha sido un día histórico, un momento de inmensa alegría, en la vida de la diócesis de Alto Solimões, que se encuentra en la parte brasileña de la triple frontera que el país hace con Colombia y Perú.

En esta diócesis, concretamente en la parroquia de San Francisco de Asís de Belem do Solimões, ha sido ordenado diácono permanente Antelmo Pereira Ângelo, unos de los líderes del pueblo tikuna, que tradicionalmente habita esta región, extendiéndose por lo que hoy son tres países, pero que siempre ha sido el territorio de uno de los pueblos más numerosos que actualmente habitan la región amazónica.

El nuevo diácono es padre de 9 hijos, además de profesor. Quienes le conocen le definen como un hombre fervoroso, movido por un gran impulso misionero, pues mensualmente, junto con su esposa y otros misioneros visitan las comunidades de la región. En ese sentido, podemos decir que la vocación diaconal ha sido algo abrazado en familia, que ha ido madurando a lo largo de 4 años de formación.

Al final de la celebración, el propio Antelmo reconocía que siempre había tenido un sueño de realizar algo grande en su vida. Él mismo decía que alguien le había dicho que fuese concejal, de lo que rápidamente se dio cuenta que no era eso lo que él quería. Sólo después de muchos años apareció esta posibilidad de ser diácono y él abrazó esta vocación como modo de hacer el bien, de dedicarse a la vida de la Iglesia y de su pueblo.

La ordenación no ha sido algo aislado en la vida de la parroquia, en la que desde hace años se está intentando hacer realidad una Iglesia con rostro amazónico y rostro indígena, en la que tanto ha insistido el Papa Francisco a lo largo del proceso sinodal. De hecho, la ordenación ha formado parte de la celebración de clausura de una formación sobre lectura orante de la Palabra del pueblo tikuna, así como de diferentes ministerios y la Campaña de la Fraternidad, que acompaña la vida de la Iglesia de Brasil desde hace casi 60 años, y que este año reflexiona sobre el cuidado de la vida, una urgencia en estos tiempos tan difíciles que estamos viviendo en nuestro Planeta. En este encuentro participaron 130 líderes tikunas durante 4 días, que se hicieron presentes en la ordenación diaconal de su paisano, en el que sin duda muchos pueden ver un ejemplo a seguir.

En este encuentro de formación ha sido creado un pequeño grupo para la inculturación del Evangelio en la cultura tikuna. Ya se han dado algunos pasos en ese sentido, como ha sido la traducción de la Biblia para los niños y se han creado varios cantos por los propios cantores de las comunidades. No se trata de cantos traducidos de otras lenguas, sino cantos en los que la letra y la música son locales, inclusive con textos de la Biblia traducida al tikuna.

En una parroquia con rostro indígena, como quiere ser la de Belem do Solimões, la noche antes de la ordenación se celebró una vigilia en la que fue introducida una lectura de un mito tikuna y cada uno se fue pintando según el pueblo al que pertenece. Junto con ello, la ornamentación de la Iglesia fue un momento para entender una vez más la capacidad que los pueblos originarios tienen para traer para dentro de la Iglesia toda la belleza de la naturaleza, siendo usadas plantas de la región y elementos de la cultura local.

En la ordenación se pudo ver que la interculturalidad es algo que se puede llevar a cabo en la vida de la Iglesia. La celebración comenzó al lado de un pequeño río, igarapé como se dice en la Amazonía brasileña, al lado de la Iglesia, con una danza tradicional que se hace en la fiesta en que las adolescentes pasan a la adultez, acompañada por instrumentos tradicionales. Desde allí la danza les acompañó hasta entrar en la Iglesia, momento en que el obispo, Monseñor Adolfo Zon, que ha apostado por hacer realidad todo lo vivido a lo largo del proceso sinodal, colocó las ropas litúrgicas al que iba a ser ordenado diácono, que estaba acompañado por su esposa e hijos.

Esta liturgia inculturada es una práctica habitual en las celebraciones en la Parroquia San Francisco de Asís de Belem do Solimões. De hecho, las misas comienzan habitualmente siendo presididas por un ministro de la Palabra, que hace la liturgia de la Palabra. En la celebración estuvieron presentes, junto con el obispo local, algunos sacerdotes de la diócesis, que han participado del proceso de formación del nuevo diácono.

En el momento de la postración hubo dos gestos indígenas que resultaron muy significativos. Entró un tapete, hecho con paja de burití, tejido por las mujeres, igual a los que se hacen para la fiesta de la adultez de las adolescentes, en el que se postró. Junto con eso, otro tapete, en forma circular, propio de la misma fiesta y símbolo de protección de todas las fuerzas de la naturaleza.

El nuevo diácono, que ya lleva muchos años trabajando como agente de pastoral, según Monseñor Zon, asumiendo su nuevo servicio, “va a dar continuidad a ese trabajo de acompañamiento a las comunidades que se encuentran a la orilla de los ríos”. El obispo local insiste en que el nuevo diácono «va a ayudar a las comunidades a organizarse y también a crear las condiciones para que puedan tener los ministerios de lector, acólito o dirigente de la comunidad”. De hecho, el obispo destaca que los propios indígenas son quienes mejor pueden llevar a cabo esa labor.

En ese sentido, la ordenación de Antelmo va a hacer posible, según Monseñor Adolfo Zon, una mayor proximidad con las comunidades y una ayuda al trabajo que el sacerdote de la parroquia ya viene haciendo. El obispo destaca que la labor misionera que debe llevar a cabo el nuevo diácono, en su propia lengua, va a hacer posible “una ministerialidad cada vez más inculturada”.

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