12 años

Autor: Diácono Greg kandra, EEUU

¿Cómo es posible?

Este fin de semana, por feliz coincidencia, estoy en el seminario en Huntington, Nueva York, dirigiendo un retiro para los diáconos y sus esposas de Brooklyn y Rockville Center. Estoy recordando este día a todos los que caminaron conmigo en este viaje, todos los que caminaron conmigo por ese pasillo en la basílica, y todos los que siguen caminando conmigo y que, con tanta frecuencia, me sostienen y guían mis pasos.

Gracias a Dios, por todo y por todos.
«Tu siervo, Señor, tu siervo soy yo …»

Oración de los ordenados

Padre celestial,
Tú que ordenaste el universo.
Has ordenado que las estrellas sigan su curso.
Que las estaciones sigan tu plan.
Que los océanos y las mareas obedezcan tus ritmos.

Y ahora nos has ordenado en tu servicio, como diáconos.

Haz de nosotros instrumentos de tu santa voluntad.
Limpia la arcilla inútil de la que estamos hechos, que podamos dejarnos crear de nuevo por Ti,
seamos pulidos por Ti como nuestro alfarero, formados por tus dedos, y secados en el calor de tu mirada.

En la infinita misericordia y amor con que nos has formado,

Guíanos con tu Espíritu, para que podamos completar el trabajo que has comenzado.

Recordemos siempre que hemos sido ordenados para servir, y no ser servidox,
para construir, no para derribar,
predicar, enseñar y creer.

Ayúdanos a proclamar el evangelio con el fervor de tus grandes diáconos:
Tan intrépidos como Esteban,
tan compasivos como Lorenzo,
y con tanta alegría como Francisco de Asís.

Ayúdanos a hacer de nuestras vidas modelos de cristo siervo.
Para que podamos amar a los demás como Él lo hizo,
Y podamos verte siempre en aquellos con quienes nos encontramos.
Incluso en el cuando te haces presente en la angustia de los pobres, los enfermos, los solitarios o los perdidos.
Que nuestras palabras sean tu palabra.
Nuestras acciones, tus acciones.
Haz de nuestras manos tus manos,
Dispuestos, para llevarte a Ti y consolar al necesitado, para bautizar y bendecir.

Danos la gracia de ser dignos del trabajo que estamos comenzando,
Para que algún día podamos adorarte en tu santuario,
sirviendo en alegría eterna en tu mesa.
Te lo pedimos a través del Primer Siervo y el Primer Diácono,
nuestro hermano, Cristo nuestro señor
Amén.

Fuente: https://www.patheos.com

Traducción libre del origial

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