Misión de un diácono permanente en Kenya


El Diác. Martin Brunner-Artho, de la Diócesis suiza de Basilea, acaba de ser nombrado Director Nacional de Suiza de las Obras Misioneales Pontificias. Para recordarlo, reproducimos ahora este testimonio que publicamos en nuestra edición nº 24, del 2 de julio de 2008.

Diác. Martin Brunner-Artho

Nairobi, 18 de junio de 2008

Especial para el CIDAL

martin@brunner-artho.ch«>martin@brunner-artho.ch

De Suiza a Bolivia

En la Iglesia suiza se conoce la profesión del asistente pastoral, que está abierto para teólogos laicos. La Misión de Belén me mandó a mí y mi esposa como asistente pastoral y misionero laico a Bolivia. Nuestra tarea principal fue ayudar a formar un nuevo centro parroquial en las periferias de la creciente ciudad de El Alto.

No pensaba entonces en el diaconado hasta que dos sacerdotes me preguntaron si podía participar de un comité de preparación de un plan de formación para diáconos permanentes. Después de un proceso de elaboración de éste me designaron encargado del primer curso. No es que estos dos sacerdotes no querían hacerlo, sino que ellos tenían muchas actividades en sus inmensas parroquias.

Los cinco hombres del pimer grupo eran muy entregados y con una experiencia de vida, fe y compromiso admirables. A veces no resultaba claro quién era el formador y quiénes los estudiantes. Nuestro estilo de preparación consistía más en compartir e intercambiar lo que cada uno conocíamos. Creo que todos hemos aprendido mucho. Incluimos en la formación también a los diáconos ordenados años atrás y se formó un grupo muy activo compuesto por diáconos, candidatos y sus esposas. Entre ellos estaba el Diácono José Walter Iglesias, que  hoy uno de los Asesores del Departamento de Vocaciones y Ministerios (DEVYM) del CELAM y Corresponsable del CIDAL.

Recuerdo muy bien cuándo nuestro Obispo Jesús Juárez Párraga, S.D.B., me preguntó: ¿Y cuándo te voy a ordenar a ti como diácono?». Esta pregunta no me dejó en paz hasta que decidí escribir una carta a mi Obispo en Suiza, quien aceptó de inmediato mi pedido y encargó al Obispo de El Alto que me ordenara en su nombre. Así fui ordenado con el primer grupo de los que acompañé en su camino hacia el diaconado. Así pues, mi diaconado ha sido de hecho el resultado de mi compromiso misionero.

De Bolivia a Kenya

Volví a Suiza. Y, después de unos años, regresé al servicio misionero. Pero esta vez me mandaron a Kenia, donde resido actualmente. Aquí encontré una situación completamente diferente. En Kenia creo ser el único diácono permanente casado en todo el país, porque la Conferencia Episcopal del África del Este no ha introducido aún este ministerio. Por eso, resulto ser para muchos la ocasión de contactarse por primera vez con un diácono permanente.

La reacción de la gente frente al diaconado permanente es, en general muy positiva, aunque, también es cierto, mi ministerio confunde a algunos. A veces me preguntan cuándo me ordenarán sacerdote. Otros, como mi propio párroco, me presentan como un misionero laico, lo que no siento como un insulto para nada, aunque esto sea incorrecto. Cuando empecé a trabajar en mi parroquia, uno de nuestros catequistas preguntó a un colega misionero si “este diácono suizo es de verdad católico”.

Como Coordinador de la Misión de Belén estoy en contacto con uno de los Obispos de Kenia. Quando le pregunté por qué no hay diaconado permanente en África del Este, me respondió que la mayoría de los Obispos tiene miedo de confundir a los fieles con este ministerio ordenado ejercido por hombres casados. Otros me dijieron, que temen tensiones con los catequistas y con otros líderes de las parroquias. Estos razonamientos también los había encontrado en Latinoamérica.

Para entender la Iglesia keniana tenemos que tener en cuenta que la Iglesia africana es aún muy joven. La evangelización en el norte del país, por ejemplo, empezó apenas en los años sesenta del siglo pasado. Aquí la Iglesia está siendo guiada actualmente por la primera generación de Obispos locales. Y en estos días, Kenia está enfrentando graves problemas de injusticia, desempleo, falta de servicos básicos, desnutrición y hasta de hambre. A la luz de esta realidad se sobreentiende que la introducción del diaconado permanente no resulta la primera preocupación. Por eso, muchas veces me dedico a ayudar a los fieles en las misas. No bautizo y no asisto matrimonios pero, a veces, proclamo el Evangelio en mi Parroquia revestido con alba y estola.

Sin embargo, no tengo ningún problema con esta situación, porque creo que mi primera tarea es proclamar a Jesucristo, nuestro Hermano y Señor, y siento que puedo hacerlo acompañando a los fieles en el estudio de la Biblia con el método del “African Bible on the Ground” (la Biblia sobre el suelo africano), que es un método que trata de crear un diálogo entre la Biblia y la cultura africana (o, mejor dicho, las culturas africanas), o acompañando a los fieles de mi centro parroquial de Olympic. Este trabajo es muy delicado por el momento, porque Olympic ha sido uno de los lugares en que hubo mucha violencia después de las eleciones de enero. Casas, negocios y hasta templos fueron quemados y los miembros del grupo étnico de los Gikuyu fueron expulsados de la zona. Claro que eso afectó a la comunidad y la situación no se ha solucionado hasta el día de hoy. Siendo extranjero, tengo la oportunidad de ser un mediador neutro entre estos grupos
contrapuestos, al menos entre los fieles.

La violencia ha dejado graves heridas en la gente. Algunos perdieron su casa o su negocio. Pero lo que es peor para el futuro del país ha sido la pérdida de confianaza entre los más de cuarenta grupos étnicos o tribus de Kenia. La gente que sufrió la anarquía del pasado mes de enero perdió la fe en el prójimo y hasta duda de Dios mismo. Se nota una profunda crisis espiritual y de credibilidad. La gente se pregunta: ¿Por qué nos pasó esta catástrofé? ¿Por qué Dios permitió ésto? ¿Por qué no hay respeto por la religión (tres templos quemados en nuestra zona)? ¿Porqué mi oración no ha sido ecuchada? ¿Serán castigados los que quemaron, robaron y violaron? ¿Cuál será nuestro futuro?, etc.

Sobre estas preguntas estamos trabajando en mi parroquia. Hemos preparado un material que contiene una reflexión para las casi cuarenta comunidades eclesiales de base que tenemos aquí. Haciendo este trabajo me siento 100% ejerciendo mi ministerio de diácono, aunque sólo revista de vez en cuando con mi alba y estola. 

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