Beato Pedro Levita de Roma – Santos Santiago de Lambesa y Mariano, mártires, 30 de abril.

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Date(s) - 30/04/2019
12:00 am

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 30 de abril

diacono beatopedroEl beato Pedro Levita (diácono) nació hacia la mitad del siglo VI, quizás en el Piamonte italiano, como indican algunas tradiciones, en la actual ciudad de Salussola, o en la propia ciudad de Roma. Lo cierto es que en la década del 70 está estudiando en la Ciudad Eterna letras y filosofía, y conoce a quien llegará a ser san Gregorio Magno, monje bajo la Regla de san Benito, algunos años mayor que él, con quien trabará una amistad que será colaboración durante el papado.

Gregorio fue elegido Papa en el 590, Pedro es subdiácono en ese momento, y es inmediatamente enviado a Sicilia por el Papa como su vicario. Algunas cartas de Gregorio presentan a su legado ante los obispos sicilianos, otras se dirigen al propio Pedro, con quien discute cuestiones relativas a su misión como vicario: marcación de territorios, donaciones, asistencia a los pobres, vigilancia de las costumbres del clero, construcción de iglesias, etc. Desempeñó este encargo del 590 al 592, y luego en la Campania lo mismo por un año, para establecerse después en la propia Roma, como diácono de Gregorio.

En el proemio de los Diálogos de san Gregorio leemos que un día el Papa se retiró a un lugar solitario, posiblemente el monasterio de San Andrés en Celio; abrumado y cansado de los graves problemas que le tocaban como Pastor de toda la Iglesia, recibió el consuelo y apoyo de Pedro, «amadísimo hijo y querido compañero de santos estudios», «singular amigo desde su primera juventud». Llegó a ser su secretario, colaborando en las propias obras por las que Gregorio llegará a ser «Magno».

De los antiguos biógrafos de Gregorio se recoge un importante episodio: cuando Gregorio dictaba sus obras a Pedro, estaban separados por una cortina; un día Pedro, extrañado de la velocidad con la que el santo le dictaba la doctrina cristiana, sin preguntar corrió la cortina, y vio al Espíritu Santo en forma de paloma dictando al oído del Papa la verdad de la fe. Pedro prometió guardarle el secreto con su propia vida. El Papa murió en el 604, confiando poco antes a su fiel secretario que se intentaría destruir su obra, a lo que Pedro aseguró que trataría de impedirlo de todas las maneras. El peligro resultó cierto un año después: durante una carestía de alimentos se había difundido la calumnia de que Gregorio había empobrecido a la Iglesia por su excesiva prodigalidad con los pobres, y los fieles enfurecidos quisieron destruir su obra. Pedro defendió los escritos revelando la historia de su divino dictado, y se comprometió a que juraría en el púlpito de la Basílica Vaticana, y que si era verdad lo que contaba, que muriera en ese mismo instante. Y efectivamente, jura el 30 de abril del 605, y cae al instante muerto, con lo que cumple a la vez con salvar las obras y defender con su vida el secreto que había descubierto sin querer.

Fue enterrado en el campanario de la Basílica, no lejos de su maestro; su memoria litúrgica se inscribió el 12 de marzo, el mismo día de la muerte de san Gregorio, aunque el Martirologio actual la ha vuelto a poner en su fecha natural, el 30 de abril. Pasado un tiempo sus reliquias fueron robadas y llevadas a Salussola, supuesto lugar de nacimiento; luego la urna se pierde por unos siglos, pero gracias a una visión es recuperada en el siglo X, e inmediatamente se renueva el fervor del culto, que se prolongará en todo el Piamonte a lo largo de los siglos. Incluso en el 1600 el obispo de Vercelli convence al Papa Clemente VIII que no reclame a la diócesis la devolución de las reliquias robadas, que el Papa tenía intención de enterrar junto a las de san Gregorio. En 1866 SS. Pío IX aprueba el culto «ab immemoriale». En 1945 los ciudadanos de Salussola construyen un oratorio dedicado al Beato como cumplimiento de un voto hecho durante la Primera Guerra Mundial.

 

Santos Santiago de Lambesa  y Mariano, mártires, 30 de abril.

diacono santiagoSantiago fue un Diácono preso junto al Lector Mariano en Cirta, Argelia, durante la persecución del Emperador Valeriano. Después de ser torturados fueron conducidos a Lambesa en Numidia, donde fueron condenados a ser decapitados en el circo con otros cristianos por el año 259.

Estos dos mártires murieron en Lambesa, en Numidia, durante la persecución de Valeriano, Mariano era lector y Santiago diácono.  Fueron arrestados en Cirta (actualmente Constnatine, en Argelia).  Los verdugos trataron con especial furor a Mariano.,  El mártir contó al autor de las actas de su martirio que se había quedado dormido después de la tortura y había soñado que San Cipriano, quien había sido martirizado en Cartago el año anterior, le invitaba a subir al cadalso. También Santiago tuvo una visión de su próximo triunfo.

El gobernador, después de interrogarlos, los envió a Lambesa, que distaba unos ciento treinta kilómetros y ahí fueron sentenciados a muerte. Su martirio tuvo lugar en un cauce seco, “donde los bancos de las riberas formaban una especie de circo en el que se sentaban los espectadores”:  Los mártires fueron tan numerosos en aquella ocasión, que los verdugos los colocaban en fila “para que la espada del impío asesino decapitase a los fieles uno tras otro, en un arranque de cólera.” Antes de que llegase su turno, Mariano habló como un profeta, de las desgracias que caerían sobre los que mataban a los cristianos.  La madre de Mariano, “llamada con razón María, bendita en su nombre y en su hijo”, besó el cadáver del fruto de sus entrañas.

La pasión de los santos Mariano, Santiago y sus compañeros es un documento auténtico de gran interés, compuesto por un cristiano que estuvo prisionero con ellos.  El antiguo Calendario de Cartago los conmemora el 6 de mayo, pero el Martirologio Romano, de acuerdo con el Hieronymianum, los menciona el 30 de abril.  De otros mártires cuyos nombres aparecen  en las actas, como San Agapio y San Secundino, se hace mención la víspera.  La catedral de Gubbio está dedicada a los santos Mariano y Santiago y pretende poseer sus reliquias.

Las actas se hallan en Ruinart, Acta sincera, y en Gebhardt, Acta Martyrum Selecta; ver también  Pío Franchi de Cavalieri, Studi e Testi (1900). En Some Authentic Acts of the Early Martyrs (1927), de E.C.E.. Owen, hay una traducción inglesa de las actas.

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