Diócesis de San Francisco, Argentina: Quince hombres casados estudian para convertirse en diáconos

Si bien comenzaron su primera formación hace 2 años, a partir de marzo iniciarán un proceso que culminará en 2023 con su ordenación diaconal. Serían los primeros diáconos casados de la diócesis de San Francisco.

Son hombres casados y padres de familia. Sin embargo, tienen una vocación adicional: decidieron responder al llamado de Dios y comenzar la formación al diaconado permanente que impulsa la Diócesis de San Francisco.

Para la Iglesia Católica, el diácono es considerado «figura sacramental de Cristo servidor» y adquieren suma importancia para la realización de las actividades de la Iglesia.

Si bien en la provincia de Córdoba están presentes de manera activa en diferentes diócesis, en lo que respecta a San Francisco por primera vez un grupo de 10 aspirantes casados serán ordenados diáconos en 2023 mientras que a ellos se agregarán otros 5 que se sumarán en años posteriores.

De estas 15 personas -oriundas de San Francisco y diferentes localidades de la diócesis-, 14 son casados mientras que el restante es viudo y forman parte de un grupo cuyas edades están comprendidas entre los 40 y los 58 años. En todos los casos manifestaron voluntariamente su consentimiento para la ordenación diaconal.

En lo que hace a los aspirantes casados, para que puedan realizar su formación, previamente debieron obtener la aprobación por escrito de sus esposas.

La formación diaconal comenzó a principios de 2018 mientras que entre el 9 y el 12 de enero formaron parte de una misión realizada en Casa Betania, en Quebracho Herrado.

El padre Mario Ludueña, párroco de la Iglesia Cristo Rey, es el encargado de brindar la formación diaconal a este grupo de fieles católicos en las instalaciones del Instituto San Francisco de Asís (Isfa).

«Esto recién se está poniendo en marcha» explicó el sacerdote ya que transcurridos los dos primeros años desde que comenzó la experiencia de los aspirantes a diáconos aún resta que los mismos transiten 4 años más de formación. De esta manera se estima que a fines de 2023 estarán en condiciones de ordenarse como diáconos permanentes.

Descubrir la vocación

En su proceso de formación, el padre Mario explicó que los participantes vivirán «una experiencia personalizada» donde cada uno de ellos «va a descubrir su tiempo en el discernimiento que los llevará finalmente a descubrir la vocación».

A partir de allí podrán determinar «si están verdaderamente llamados» a ser diáconos de manera permanente.

En su proceso formativo, los aspirantes estudian contenidos relacionados con la Biblia, teología, pastoral, etc. Si bien no son sacerdotes, estarán prestando un servicio que requiere contar con una formación muy profunda sobre estos temas.

Los diáconos pueden celebrar casamientos, bautismos y exequias. También predicar la palabra, bendecir, estar al frente de distintas tareas pastorales diocesanas como por ejemplo Cáritas, suministrar la comunión a los enfermos, etc.

A diferencia de un sacerdote, el diácono no puede presidir la celebración de una misa, consagrar la eucaristía, confesar, confirmar o administrar la unción de los enfermos.

Si bien presta su tarea en parroquias de la diócesis, el diácono depende exclusivamente del obispo lo que significa que hará su vida parroquial en el lugar donde fue designado pero además el obispo le asigna tareas de manera directa a realizar en el ejercicio de su función.

Vida familiar

A diferencia del sacerdote, que reside en la parroquia a su cargo, el diácono vive con el resto de su familia y desarrolla su trabajo particular como lo hace cualquier otra persona.

«La vocación diaconal está asentada sobre la vocación laical vivida
sobre un estado matrimonial» explicó el padre Mario quien además agregó que cada diácono lleva adelante su vida particular «como siempre lo hizo» y dentro de lo que le permiten sus posibilidades ejerce su diaconado.

Más allá de tratarse de diáconos casados, el procedimiento para estos casos establece que, en caso de enviudar, admite de inmediato el celibato, es decir que acepta no volver a casarse y continuar de esa manera durante el resto de su vida.

En el caso de las personas viudas que se ordenan diáconos «igualmente están llamados a vivir en celibato».

De esta manera los únicos diáconos que no viven de manera célibe son los casados «porque lógicamente tienen su vida matrimonial» explicó el sacerdote.

En el caso de que un diácono casado se separe de su mujer existen dos posibilidades para continuar ejerciendo el diaconado.

«El orden sagrado del diaconado es para toda la vida, al igual que el sacerdocio. Si el diácono se separa no hay problemas siempre y cuando lleve su vida célibe y no inicie una nueva relación con otra mujer», explicó.

En caso de que el diácono establezca un vínculo con otra mujer «se interrumpe el ejercicio diaconal».

En la reciente misión realizada en Casa Betania, comentó que el obispo Sergio Buenanueva les ha pedido que impriman «un fuerte perfil misionero» a su tarea. «No se quieren diáconos para tenerlos encerrados en la sacristía».

Detalles de la formación diaconal

El primer grupo de aspirantes a diáconos está formado por 9 personas que se iniciarán en la metodología de estudio, lectura e interpretación de texto y oralidad.

Paralelamente a ello empezarán a estudiar materias tales como Teología Fundamental e Introducción a las Sagradas Escrituras.
Las clases comenzarán en marzo y se extenderán hasta fin de año.
El padre Mario expresó también que «no se ordenan diáconos porque faltan curas» porque «más allá de un dato incuestionable de la falta de sacerdotes, el diácono tiene que estar en la vida de la parroquia y es alguien que tiene orden sagrado por sí mismo, considerado como figura sacramental de Cristo servidor, es decir, que si bien todo cristiano está llamado a ser servidor, el diácono lo encarna en la totalidad de su estilo de vida».

Crecimiento constante

Su crecimiento salta a la vista. En el mundo, en 1995 eran 21.000, mientras que en 2014 sumaban 45.000. En Brasil pasaron en el mismo período de 800 a 3.400 y en los Estados Unidos, de 11.000 a 18.000. En la Argentina se contaban 360 en 1995 y este año llegan a los 970. Prácticamente, ya superan a los seminaristas que totalizan este año 958 si se contabilizan los diocesanos y los de las principales congregaciones. Esto se da en un contexto de relativa estabilidad de la cantidad de sacerdotes, pero claramente insuficiente. Por caso, en el país son alrededor de 5.500, la mitad de lo que mínimamente se necesita.

Fuente: www.lavozdesanjusto.com.ar

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