Diácono Ricard Rodríguez-Martos Dauer – Barcelona-:El Apostolado del Mar, 100 años de compromiso pastoral y social con la gente de mar

El diácono Ricard Rodríguez-Martos Dauer
Es director del Apostolado del Mar, Stella Maris, de la Delegación diocesana de Pastoral Social y Caritativa de la Archidiócesis de Barcelona. Secretario del Comité de Bienestar del Puerto de Barcelona. Capitán de la Marina Mercante, licenciado en Derecho y en Teología Moral y doctor en Marina Civil.

En 1920 se fundó en el Puerto de Glasgow (Escocia) el Apostolado del Mar, que desde sus inicios fue puesto bajo la protección de la Virgen, Estrella del Mar. Con este motivo se habían previsto este año una serie de actos, que debían culminar con una conferencia mundial en dicho puerto, pero todo ha sido aplazado debido a la pandemia.

Asimismo, tampoco se podrá celebrar en Barcelona la tradicional procesión de la Virgen del Carmen. Los pescadores y sus familias no llevarán a hombros la imagen de su patrona, ni la pasearán por aguas del puerto, pero eso no quiere decir que no podamos celebrarlo. No será de la manera festiva que nos gusta, pero nos queda lo más importante: la oración.

Puede ser esta también una buena ocasión para hacer una pequeña reflexión sobre la pastoral del mar. A nivel internacional está oficialmente presente en 300 puertos de 41 países. Pero, ¡cuántos puertos siguen sin disponer de ella o no le prestan la atención debida!, una pastoral que por otra parte es un vivo ejemplo de esa Iglesia en Salida a la que nos invita el papa Francisco, un terreno fértil para la acción misionera, para llevar al día a día de las personas la buena nueva del evangelio.

Precisamente, la circunstancia del coronavirus ha permitido poner en primer plano el importante papel de la gente de mar en la vida cotidiana de nuestra sociedad y ha dado un protagonismo al apostolado del mar. Habría que recordar también que durante este tiempo hemos estado siempre abastecidos de las mercancías necesarias (el 90% de las cuales se transporta por mar) y tampoco ha cesado la actividad pesquera y que esto ha sido gracias al trabajo de la gente de mar.

Organizaciones internacionales, como la Organización Marítima Internacional (OMI), la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) y también la International Christian Maritime Association (ICMA) de la que el Apostolado del Mar es miembro, han hecho escritos pidiendo a los gobiernos que los marineros fueran considerados, trabajadores clave y que por encima de todo, se garantizara que pudieran desembarcar y llegar a sus países. Se ha estado reclamando colaboración por parte de todos los gobiernos, pero el resultado hasta ahora no ha sido suficiente. El propio Papa Francisco el pasado 17 de junio lanzó un mensaje* dirigido a la gente de mar, resaltando su aportación fundamental a la sociedad y los sacrificios que estaban teniendo que soportar.

Desde la situación de confinamiento, el Apostolado del Mar de todo el mundo ha estado en contacto, tanto directo, como a través de las redes sociales con las tripulaciones de muchos barcos, que han recibido tanto asistencia humana como espiritual y su labor ha sido muy valorada por el mundo marítimo internacional.

Datos facilitados por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) indican que 200.000 marineros en todo el mundo han estado retenidos desde hace meses en sus barcos sin poder volver a casa. Sus relevos no podían llegar, pues en muchos puertos no los autorizaban a desembarcar o los países de los que son originales tenían o aún tienen cerradas las fronteras. Por este motivo, con fecha 9 de julio de 2020, la propia OIT ha lanzado un comunicado informando de un acuerdo internacional para la apertura de las fronteras extranjeras para la gente de mar y el aumento del número de vuelos comerciales para acelerar las iniciativas de repatriación.

Un puerto es una encrucijada de culturas, lenguas, ideologías y creencias, pero con un factor común importante: por él pasan miles de personas, que en el ejercicio de su trabajo, llevan a cuestas una serie de necesidades humanas y que son receptivos ante cualquier gesto de acogida y afecto que se les pueda brindar. La parábola del buen samaritano le marca cada día el camino al Apostolado del Mar.

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