OTRAS REALIDADES 1953 - 1965

Creo conveniente presentar esta sección informativa retrotrayéndonos a nuestros orígenes inmediatos, allá por los años 50 del pasado siglo, y extraer a la luz aquellos estratos ocultos, casi olvidados, y que posteriormente sustentaron la realidad de nuestro Ministerio Diaconal, instaurado por el Concilio Vaticano II, con lo que nuestros Obispos fueron reflexionando sobre el ministerio diaconal a través de las diversas conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe durante sesenta años.

La acción de Dios en la historia es una realidad palpable que la propia experiencia personal confiesa. Sin esa piedra fundacional el hombre no podría dar razones que le llevaran a comprender el lenguaje de Dios que se encarna en el interior de la persona abierta a la trascendencia.
Creo importante descubrir nuestra propia realidad como ministros ordenados a la luz de la historia y situar un punto de partida, concretamente en el año 1953 donde Obispos de varios países americanos, solicitan al Santo Padre Pío XII la realización de una Conferencia para tratar la problemática existente en sus países. Siguiendo la realización de la primera Conferencia de RIO DE JANEIRO en 1955, donde ni siquiera se sospechaba la gestación que se estaba iniciando en lo más profundo del mundo preconciliar.

La Carta Apostólica "AD ECCLESIAM CHRISTI" del Papa Pío XII a los Obispos Latinoamericanos es el arranque progresivo que nos conducirá hasta nuestros días. El lenguaje eclesiástico de la época es como una vestimenta barroca que esconde un pensamiento muy profundo y que a lo largo de esos sesenta años podremos valorar, cómo poco a poco se ha ido despojando tal indumentaria con el paso de los años.
Entre muchos temas recogidos en este documento hay uno prioritario, en el que el Papa Pío XII manifiesta:

«Esta insuficiencia del clero secular y regular, que se advierte hoy más aguda y más grave con relación a los tiempos pasados por la aumentada mole de los problemas apostólicos de la Iglesia, constituye un obstáculo o una rémora al menos para que los pueblos de la América Latina, por Nos amadísimos, logren en el orden religioso los progresos que felizmente realizan en no pocos otros campos.» y sigue el documento; «...en nuestro corazón alimentamos la esperanza de que dentro de no mucho tiempo la América Latina pueda hallarse en condiciones de responder, con vigoroso empeño, a la vocación apostólica que la divina Providencia parece haber asignado a ese gran continente, o sea, ocupar un lugar preeminente en la nobilísima misión de comunicar también a los demás pueblos, para lo futuro, los deseados dones de la salvación y de la paz.

Es por ese motivo que Nos ha parecido oportuno, recogiendo además el voto que Nos presentó el Episcopado de la América Latina, que la Jerarquía Latinoamericana se reuniera para proceder al estudio a fondo de los problemas y de los medios más aptos para resolverlos con esa prontitud y plenitud que las necesidades exigen. Por lo tanto, una vez que los Sagrados Pastores han terminado la labor preparatoria de examen del estado actual y de meditación de los remedios, próximamente se reunirán en Conferencia General los representantes delegados de las diversas Provincias Eclesiásticas y de las circunscripciones misioneras de América Latina para poner en común los resultados del estudio llevado a cabo y llegar de mutuo acuerdo a conclusiones prácticas para un florecimiento más vigoroso de la vida católica en todo el continente.»

Temas Principales que se desarrollaron en la primera Conferencia de Río de Janeiro.

• Mayor integración Eclesial y sistemática de la labor pastoral de la Iglesia.
• CELAM
• Fomento y formación de las vocaciones y el clero
• Formación de agentes de pastoral
• Difusión de la Biblia

Hay dos factores importantes a tener en cuenta para situar en la historia lo que se desarrollaría apenas 10 años después:

1º.- Una de las más graves preocupaciones de la Primera Conferencia en Río de Janeiro fue la gran escasez de clero y la falta de vocaciones. De aquí surgió una gran reactivación en todos los campos según podemos leer en el Documento conclusivo de la Conferencia.

2º.- Hay que destacar que en la mente del mundo laical de aquella época, los laicos comprometidos reivindicaban en sus congresos la necesidad de que la Iglesia reconociera la labor diaconal de muchas personas implicadas en la promoción caritativa, como un servicio eclesial y cuyos antecedentes se remontaban a los grandes períodos de entreguerras. Los círculos diaconales aspiraban a la renovación del diaconado. El único patrón de que disponían era la diaconía luterana y de otras confesiones evangélicas que sirvieron ejemplarmente en aquellas hecatombes. En definitiva era el prototipo de diacono que sintonizaba con la realidad laical católica. Estas circunstancias hicieron que el Papa Pío XII en su alocución a los participantes del Segundo Congreso Mundial del Apostolado de los Laicos, les dijera:

«Está claro que los simples fieles se pueden ofrecer - y es muy deseable que se propongan- a colaborar de una manera más organizada con las autoridades eclesiásticas, para ayudar en sus trabajos apostólicos de un modo más eficaz. Entonces lo harían más estrechamente bajo el control de la Jerarquía, que sólo es responsable ante Dios en el gobierno de la Iglesia.

La aceptación por el laico de una misión personal bajo la dirección de sus pastores, si está asociado más a la conquista espiritual del mundo, no es motivo suficiente para que sea un miembro de la Jerarquía, para darle los poderes de orden y jurisdicción, que se mantienen estrechamente vinculados a la recepción del sacramento del orden, sus diversos grados.

Nos no hemos considerado las ordenaciones que preceden al sacerdocio y que, en la práctica actual de la Iglesia, se confieren sólo como preparación para la ordenación sacerdotal. El oficio relativo a las órdenes menores durante mucho tiempo ha sido realizado por los laicos.
Sabemos que actualmente se piensa en introducir un orden del diaconado concebido como oficio eclesiástico independiente del sacerdocio. La idea, ahora, al menos, todavía no está madura. Si se hiciera algún día nada cambiaría lo que Nos hemos dicho, no obstante, este diaconado realizará con el sacerdocio las distinciones que hemos indicado.»

Estos dos acontecimientos en la voz profética de los obispos en Río de Janeiro el año 1955, por una parte y por otra, la del Papa Pío XII en 1957, han supuesto fuesen la simbiosis necesaria para que los Padres Conciliares amalgamaran la necesidad de atender las grandes periferias donde no existía clero suficiente o no había, y dar respuesta a las peticiones insistentes de suplir con laicos, debidamente preparados, la ausencia de clero y admitirlos al Diaconado. Los discursos de los diversos padres conciliares dieron testimonio de la gran expectación ante tamaña propuesta. Hubo voces en contra y acalorados discursos pidiendo la instauración del Diaconado para candidatos casados. La gestación llegaba a su término y se instauró el Diaconado para varones casados y célibes que reunieran las condiciones requeridas.

De las primeras iniciativas episcopales que hicieron suya la reinstauración del Diaconado, denominado desde entonces como Permanente, fueron las latinoamericanas. En cambio en Europa muy pocas diócesis lo implantaron de inmediato, fueron más reticentes, de echo en España todavía hay diócesis que no lo han imp
lantado.

Si contemplamos ese lenguaje de Dios en la historia, seremos capaces de descubrir a través de su urdimbre, el tapiz esplendoroso del ministerio que se nos ha encomendado como diseño del Espíritu Santo para la Iglesia y los hombres de hoy.

Pepe Rodilla Martínez