La Carta Apostólica Spiritus Domini

La Carta Apostólica Spiritus Domini

 

El Papa Francisco ha promulgado la Carta apostólica Spiritus Domini en forma de motu proprio. En ella, el Papa modifica el primer párrafo del canon 230 del Código de Derecho Canónico. La nueva formulación del canon dice concretamente que «los laicos, de una edad y unos dones determinados, por decreto de la Conferencia Episcopal propia, podrán ser instituidos permanentemente, mediante el rito litúrgico establecido, en los ministerios de lectores y acólitos». Por tanto, se suprime la especificación del sexo masculino, que se mantenía presente en el texto del Código hasta la actual modificación; la anterior formulación significaba una marginación de las mujeres laicas.

El Papa hace oficial la presencia femenina en el servicio eclesial, que de muchas formas y desde hace mucho tiempo las mujeres, como los hombres, ejercen en la Iglesia; se pasa de un voluntariado litúrgico a un ministerio instituido.

De hecho, el papa Francisco, en el motu proprio, invita a todos los creyentes a reconocer que lectorado y acolitado son ministerios «esencialmente diferentes del ministerio ordenado recibido en el sacramento del Orden».

 

Destaco algunas características del documento:

– Se promulga el día en que la Iglesia celebra la festividad del Bautismo del Señor; en el Bautismo, somos configurados a Jesucristo, único y verdadero Sacerdote, siendo incorporados a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, como sacerdotes, profetas y reyes. Este es el sacerdocio común de todos los fieles, que nos hace partícipes de la misión de la Iglesia, responsables de diversos servicios a todo el Pueblo de Dios, para su crecimiento y santificación.

– En el título se hace constar “Espíritu”. El Espíritu Santo dinamiza la Iglesia; los cristianos tejemos el Cuerpo de Cristo con el servicio a los hermanos, movidos por el Espíritu. El Bautismo nos hace hijos de Dios, dignos de recibir una misión, que el Espíritu hará posible, si nos abrimos a su gracia.

– En la carta que acompaña el documento se insta al discernimiento de los obispos, en relación a las necesidades de sus diócesis. Creo que aquí el Papa hace una llamada a todos los fieles a estar atentos a los signos de los tiempos y a entablar un diálogo fraterno y constructivo con nuestros pastores para que puedan valorar e instituir distintos ministerios, en servicio a la comunidad. Al mismo tiempo, los fieles hemos de formarnos y estar disponibles para ejercer el ministerio de forma estable donde se nos necesite.

 

Considero la decisión del papa Francisco como un motivo de alegría: es un paso más en la recepción del Concilio Vaticano II, al impulsar a todos los cristianos, mujeres y hombres, a ir avanzando en el camino de la corresponsabilidad y de la sinodalidad, en virtud de la gracia recibida en el Bautismo. También nos ayuda a todos los fieles a sentirnos cada vez más integrados en una Iglesia servidora, especialmente en estos tiempos de pandemia. Como esposa de diácono permanente, me alegra resaltar este aspecto de la diaconía.

 

 

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