Carta de Monseñor Iceta a la diócesis (Bilbao, España), en la Jornada del diaconado permanente

 

Muy queridos hermanos y hermanas:

Un año más, os presento con gozo en nuestra Iglesia diocesana, la Jornada del diaconado permanente, que como sabéis celebramos el día de san Francisco de Asís, que fue diácono. Y si Cristo fue el modelo de san Francisco de Asís, el hombre del amor, del servicio y de la predicación, no tengo duda de que san Francisco es el hombre que debe inspirar a los diáconos.

Como ya sabéis, los diáconos son escogidos y consagrados por el sacramento del orden, y actúan en comunión con su Obispo y el presbiterio, in persona Christi servis, para el servicio de todos los miembros de la Iglesia en la Palabra, el altar y la caridad. Como decía San Ignacio de Antioquía, «que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al obispo, que es imagen del Padre, y a los presbíteros como al senado de Dios y como asamblea de los apóstoles»

Demos gracias a Dios por los diáconos, son personas generosas, siempre atentas al servicio, dispuestas a trabajar las 24 horas al día en lo que se les encomiende en la diócesis. Personas con ganas de participar, de contribuir con la misión de la iglesia, de poner todas sus cualidades al servicio de todos, aportando una dimensión específica del ministerio de Cristo, el que vino a servir y no a ser servido.

El diaconado ha ido adquiriendo cada vez más importancia desde que fue recuperado en el Concilio Vaticano II. La conciencia de su papel de servicio a Cristo y a la Iglesia, y el nuevo ímpetu recibido en las orientaciones proporcionadas por el Magisterio todos estos años, hace posible que podamos encontrar en el diaconado permanente la expresión idónea para que la Iglesia se convierta, ella misma, en señal visible de la diaconía de Cristo siervo, en la historia de cada día.

Tengamos una oración por las esposas y los hijos de los diáconos, quienes aceptan día a día, con generosidad, la vocación y entrega de sus maridos. La familia diaconal de la diócesis de Bilbao cuenta con mi apoyo, mi afecto y mi gratitud, y pido para ellos la intercesión amorosa de la Virgen de Begoña.

Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

 

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