Y les bendijo Dios y les dijo: Creced, multiplicaos, llenad la tierra y custodiarla

Editorial:
Diác. Gonzalo Eguía.
Coordinador de Servir en las periferias
Bilbao, España, 1º de julio de 2015

Tras un año acompañando pastoralmente a cincuenta jóvenes de dieciséis años del movimiento Scout en el descubrimiento de san Francisco de Asís y su mensaje, en los próximos días me desplazaré con ellos a su patria chica, a Asís, para vivir allí unos días de interioridad sobre los temas trabajados durante el curso: el encuentro con Jesús, la opción por los hermanos y hermanas más pobres vividos desde la minoridad; su visión fraterna de la naturaleza; y su apuesta por una vida reconciliada y pacificada, que comienza en cada cual y se irradia hacia el exterior, como compromiso por la justicia.
Constato que a lo largo de este curso la figura del Papa Francisco ha salido en varias ocasiones en nuestras reuniones. Los jóvenes reconocen su carisma, la forma que tiene de acercarse a las personas, a los problemas que nos hacen sufrir, así como sus palabras y sus gestos de ánimo, consuelo y esperanza. El Papa Francisco es para ellos “uno de los nuestros”.
Con esta enriquecedora experiencia pastoral esperaba la nueva encíclica del Papa Francisco, “Laudato Si”. Por fin, el día dieciocho conocíamos su enriquecedor y atrevido contenido. El mismo Papa Francisco en la homilía del comienzo de su pontificado, subrayaba un verbo que a lo largo de estos dos años ha repetido incesantemente: custodiar. En aquella celebración, antes de invitarnos a custodiar a las personas, nos recordó la importancia de custodiar “toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos”.  Uniendo esta custodia a la de la “gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón”.
En nuestros encuentros, los jóvenes y monitores suelen recordar que hemos interpretado aquel “dominar y someter” del pasaje del Génesis como un simple “explotar la tierra”, ¡que diferencia de la invitación del Papa: “custodiad la tierra”!, no somos propietarios, sino administradores. En sus reflexiones, los jóvenes suelen ver con claridad la relación que hay entre los diferentes temas que tratamos durante el curso: pobreza, ecología, injusticias, paz… y suelen hacer propuestas concretas (experiencias de compromiso, uso responsable de los bienes, comercio justo, apoyo al reciclaje…).
Ahora el Papa nos ilumina y orienta con sus palabras de pastor. En su encíclica denuncia de forma valiente “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta”, muestra “la convicción de que en el mundo todo está conectado” recordando “la grave responsabilidad de la política internacional y local”, y que por lo tanto la respuesta ante la situación ecológica debe ser mundial, critica la visión económica basada en el beneficio rápido sin controlar los efectos devastadores que sobre el planeta pueden originar y que se basan en “las formas de poder que derivan de la tecnología”, propone “debates sinceros y honestos” para buscar “otros modos de entender la economía y el progreso”, en los que se valore “a cada criatura, el sentido humano de la ecología… y la propuesta de un nuevo estilo de vida” (nº 16).
La encíclica es una llamada urgente y decidida del Papa a todas las personas de buena voluntad, de forma especial a quienes siguiendo a Jesús creemos que la creación es la obra maravillosa salida de las manos de Dios Padre. Entender, compartir y apoyar su propuesta es hoy una llamada genuinamente evangélica. Una tarea que no es ni será fácil, supone trabajar cotidianamente por vivir desde los criterios que la inspiran, conlleva una apuesta por un estilo de vida personal que “podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social” (nº 206), los fuertes de este mundo. Supone apoyar a los más débiles e indefensos, sintiéndonos invitados y no dueños de este mundo inmenso y maravilloso, nuestra “casa común”.
En aquella misa de comienzo de su pontificado el Papa decía “Sólo el que sirve con amor sabe custodiar”. Como diáconos recibimos con responsabilidad esta llamada a ser auténticos custodios del planeta y de todos los seres que lo habitan. Nos interroga a la vez sobre el tipo de servicios que debiéramos prestar en el ejercicio de nuestro ministerio, para ser facilitadores del cambio que el Papa propone. Cobran actualidad las palabras del diácono brasileño José Durán en su reflexión “El ministerio diaconal cincuenta años después del Concilio Vaticano II”, publicadas por el CELAM en el año 2011 <
http://www.celam.org/itepal/detalle_c.php?id=MTE=>:
“Hemos analizado las experiencias de “diaconías” que están siendo creadas en Brasil. Diaconías territoriales, sectoriales, ambientales y otras. Son tentativas nuevas, creativas, de formar comunidades de dimensiones humanas, animadas por un diácono y que tengan como prioridad el servicio de la caridad. Estas diaconías no tienen como prioridad el altar, el templo o el santuario. No siguen el modelo de organización de las parroquias. Las diaconías son un trabajo de frontera, donde el diacono ejerce un ministerio de vanguardia. La diaconía está más relacionada con el obispo que con la parroquia. La parroquia y la diaconía son las dos estructuras pastorales; los dos brazos del obispo, el presbítero y el diácono, colaboran para la plena realización del ministerio del obispo en su munus regendi, docendi y santificandi”
Nos gustaría destacar seis informaciones de esta nueva edición:
La ya cercana visita del Papa a Ecuador, Bolivia y Paraguay (5 al 13 de julio)
La publicación, a partir de este mes, de las reseñas de los contenidos de los boletines informativos del CELAM, Noticelam.
El nombramiento del obispo de Tubarao, Monseñor Joao Francisco Salm, como nuevo obispo de referencia para los diáconos de Brasil.
La diversidad de la vida de las iglesias locales en relación con el diaconado permanente: llama la atención como en un mismo país hay diócesis que comienzan ahora la instauración del diaconado y otras que celebran los veinticinco años de sus primeras ordenaciones.
Las interesantes actividades pastorales que realizan de forma conjunta todo el clero de una diócesis (presbíteros y diáconos).
Por último, en el terreno de las publicaciones, aquellos materiales que pueden ayudar al diácono en la pastoral caritativa, evangelizadora o litúrgica.
En nombre del Equipo de Redacción y Coordinación, un fraternal abrazo.
Diác. Gonzalo Eguía

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