La renovación del ministerio diaconal en el 50 aniversario del Concilio Vaticano.

La renovación del ministerio diaconal en el 50 aniversario del Concilio Vaticano II

Aurelio Ortín, diácono de la archidiócesis de Barcelona (España), ha publicado un libro dedicado a la renovación del ministerio diaconal en la Iglesia, a los 50 años de la celebración del concilio Vaticano II. La obra ha sido prologada por el cardenal arzobispo de Barcelona, Luis Martínez Sistach.

El libro consta de cinco capítulos. El primero expone el marco histórico y eclesial de la renovación del ministerio diaconal. El segundo trata en detalle cómo se ha realizado esta renovación en las diez diócesis españolas con sede en Cataluña. El tercero estudia nueve cuestiones relacionadas con la renovación del diaconado. El cuarto presenta la valoración de esta renovación por parte de los delegados diocesanos, de los propios diáconos y de un buen número de esposas. Finalmente, el quinto capítulo recoge las conclusiones del autor. Una extensa bibliografía completa la obra.

En el marco histórico y eclesial de la renovación del diaconado se tienen en cuenta los antecedentes que se remontan a las primeras décadas del siglo pasado y a la importante contribución de Josef Hornef, Wilhelm Schamoni, Hannes Kramer y Karl Rahner, entre otros. Después se trata de la fundamental decisión de los padres conciliares, durante el concilio ecuménico Vaticano II (1962-1965), de restaurar el ejercicio permanente del ministerio diaconal, permitiendo también el acceso a él a cristianos casados. Se estudia a continuación la legislación pontificia posconciliar para aplicar en la Iglesia esta renovación, con los Motu proprio de Pablo VI, Sacrum diaconatus ordinem, Ministeria quaedam y Ad pascendum.

Asimismo, se estudia cómo el Código de Derecho Canónico de 1983 incorpora legislativamente la renovación del ministerio diaconal y cómo es tratada en el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 y en las Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes y el Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes, de febrero de 1998. También se estudia la aportación de la Comisión Teológica Internacional con su texto del año 2002, El diaconado: evolución y perspectivas. Después, se narra el inicio y el desarrollo posterior de la renovación del diaconado en la Iglesia española y en la Iglesia universal.  

En las cuestiones relacionadas con la renovación del diaconado, se estudian los decretos episcopales de instauración del diaconado permanente en las diez diócesis catalanas y los directorios correspondientes, la importancia de la formación inicial de los candidatos y de la formación permanente de los diáconos ya ordenados, las distintas funciones y misiones diaconales, en el ámbito del anuncio de la Palabra de Dios, de la celebración de la fe en los sacramentos y del servicio a los más pobres y necesitados;  la relación de los diáconos con los obispos, los presbíteros y los fieles laicos, la dimensión colegial y fraterna entre los diáconos, el acompañamiento de las esposas y la dimensión familiar en el caso de los diáconos casados, cómo ha incidido la renovación del diaconado en los diáconos transitorios que se preparan para recibir el grado del presbiterado, la realidad de los diáconos permanentes en órdenes y congregaciones religiosas y aquello que es propio de la espiritualidad del diácono.

En la valoración de la renovación del diaconado por parte de los delegados diocesanos destacan los aspectos positivos, como son el hecho de acoger una de las decisiones del concilio Vaticano II para renovar el conjunto de la Iglesia, porque da respuesta a una vocación que el Señor suscita en la Iglesia y le da un ámbito propio y concreto de realización, porque los diáconos llevan a cabo una labor pastoral meritoria y hacen una aportación muy responsable, porque la renovación del diaconado ha supuesto un discurso más profundo y constante sobre la diaconía y esto ha contribuido a dar relieve a la dimensión de servicio, fundamental en la comunidad cristiana; porque los diáconos son personas consagradas que sirven a la Iglesia con fidelidad. Entre los aspectos negativos, se señala que se pueda buscar el diaconado como un medio de promoción personal o, en el caso de los diáconos casados, que pueda llevar a descuidar la atención a la familia.

Por medio de una encuesta, el autor ha podido conocer la valoración que un buen número de diáconos hace del ejercicio de su ministerio. Hay unanimidad en afirmar que la valoración es positiva y que el ejercicio del ministerio en sí mismo y el hecho de ser diácono es un don, una gracia de Dios. El diaconado se vive con espíritu de servicio al Señor y de servicio al propio obispo y en él a toda la Iglesia; para ello es preciso ser constante en la oración y en la recepción de los sacramentos. La dedicación al ministerio comporta un crecimiento personal y un crecimiento familiar; es posible vivir simultáneamente el sacramento del matrimonio y el del orden y también se valora positivamente vivir el ministerio en la vida profesional civil. Entre los aspectos negativos se señala la difícil conciliación de la vida familiar y la dedicación laboral con el ejercicio del ministerio.

Un buen número de esposas han respondido la citada encuesta y muchas de ellas afirman que el acompañamiento del ministerio diaconal del esposo es muy satisfactorio y enriquecedor y algunas de ellas añaden que este acompañamiento es un don de Dios, una gracia que las ayuda a crecer en la fe y las enriquece como personas y como cristianas y favorece el diálogo entre los dos. Entre los aspectos negativos señalan que el diácono casado tiene menos tiempo de dedicación a la familia y que esto se padece especialmente cuando los hijos son pequeños y que hay dificultad en compaginar las tareas pastorales del esposo con sus compromisos y tareas familiares.

En las conclusiones, el autor afirma que la renovación del ministerio diaconal sólo se puede entender desde su dimensión sacramental, desde el convencimiento que la gracia del sacramento actúa en unos hombres llamados a ser imagen de Cristo Servidor para animar a toda la Iglesia a ser mejor servidora de todos los hermanos y hermanas, a pesar de sus deficiencias y limitaciones y a pesar de que, en la Iglesia, muchos hombres y especialmente muchas mujeres, sirven más y mejor que ellos. Sólo los ojos de la fe pueden ver la utilidad del ministerio de los diáconos. El diácono ha de ser un animador del servicio en una Iglesia de comunión. El diaconado renovado es una realidad pequeña, pero no insignificante en la Iglesia.

Aurelio Ortín

Aurelio Ortín nació en Barcelona (España) en el año 1943. Casado con Montserrat Martínez, tienen cuatro hijos y ocho nietos. Es licenciado en Filosofía y en Teología y ha ejercido de profesor en la enseñanza secundaria. Fue ordenado diácono en octubre de 1981. Ha sido delegado del Centro Internacional del Diaconado de 1984 a 2001. Ha sido vicesecretario de los obispos de las diócesis catalanas de 1989 a 2012 y es director del Gabinete de Información de la Iglesia en Cataluña desde 1996. Está adscrito a la secretaría particular del cardenal arzobispo de Barcelona y a la basílica de Nuestra Señora de la Merced, en Barcelona.

 

FICHA BIBLIOGRAFICA:

EDITORIAL: CENTRE DE PASTORAL LITURGICA
 
ISBN:  978-84-9805-751-5
CODIGO CPL: 117016
 
El link del Centro de Pastoral Litúrgica para los que deseen adquirirlo por internet es:
 

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