Santos diáconos del mes de septiembre

San Antonino de Apamea (Antolín de Pamiers). 2 de septiembre.
apamenasMártir visigodo de la Galia que vivó en los siglos V y VI, venerado como santo por las iglesias católica y ortodoxa. Al menos parte de su hagiografía es legendaria, y son pocos los datos precisos que de este santo se poseen.
Fue ejecutado, según la leyenda, por no abrazar el arrianismo junto a dos discípulos, Juan y Almaquio, que reciben culto junto a él. Algunas de sus reliquias se conservan en Palencia (España), ciudad de la que es patrón, y cuya catedral le está consagrada. Fueron llevadas allí por el rey visigodo Wamba desde Narbona, según la tradición. Es también patrón de la ciudad española de Medina del Campo y del gremio de los cazadores.
La iconografía habitual del santo le representa como un hombre joven, ataviado con la dalmática propia de los diáconos, portando casi siempre una palma alusiva al martirio, y, como atributo más característico, un cuchillo u hoja afilada clavado en su hombro o en la parte inferior del cuello.
 
San Habib de Edesa, mártir. 2 de septiembre.
HabitEn la antigua edición del Martirologio Romano se celebraban conjuntamente, el 15 de noviembre, a los mártires Gurio y Samonas, así como a Habib, los tres de Edesa. La razón era que la passio afirmaba que eran amigos y que fueron enterrados juntos, pero Habib murió muchos años después, y en otra fecha, precisamente el 2 de septiembre, por lo que en la edición actual se encuentran en celebraciones separadas. Se venera a estos santos como «vengadores de los contratos que no se cumplen».
Según la leyenda, Gurio y Samonas fueron encarcelados durante la persecución de Diocleciano, hacia el 305. Como se negasen a sacrificar a los dioses, se los colgó de una mano y se les ataron pesas en los pies. Después, estuvieron tres días en una horrible mazmorra, sin comer ni beber. Cuando los sacaron de ahí, Gurio estaba agonizante. Samonas fue torturado cruelmente otra vez, pero permaneció firme en la fe. Ambos murieron decapitados.
La persecución de Dioclesiano terminó en el 306, pero algunos años más tarde se alzó una nueva persecución en Oriente, esta vez por el emperador Licinio Valerio. Hacia el año 322, un diácono de Edesa llamado Habib se escondió durante la persecución, pero al fin se entregó para ganar la corona del martirio. El magistrado ante el que se presentó, hizo el intento de persuadirle a que abjurase de la fe y escapase con vida, pero Habib se negó a ello. Así pues, fue sentenciado a la hoguera. Su madre y otros parientes le acompañaron al sitio de la ejecución. Los verdugos le permitieron que les diese el beso de paz antes de arrojarle a las llamas. Los cristianos recogieron el cuerpo del mártir, que no se había consumido, y lo sepultaron junto a sus amigos, Gurio y Samonas.
 Beatos Esteban Francisco Deusdedit de Ravinel, Jacobo Agustín Robert de Lézardiéres y  Ludovico Benjamin Hurtrel diáconos y compañeros mártires.  2 de septiembre.
beato JuanEn París, en Francia, fueron martirizados por negarse todos ellos a prestar el juramento, impíamente impuesto a los clérigos en tiempo de la Revolución Francesa,  fueron asesinados en la abadía de Sant-Germain-des-Prés, por quienes odiaban la Iglesia.
 
 
 
 
 
San Marino, fundador de la ciudad que lleva su nombre. 3 de septiembre.
SanmarinoNacido en una familia cristiana, era albañil, nativo de Dalmacia, y uno de los numerosos trabajadores que en el año 257 fueron movilizados, por orden de Diocleciano y de Maximiano, para la reconstrucción de las murallas de Rímini. Tras haber trabajado un tiempo en Rímini, donde se distinguió por su grandísima caridad cristiana. Fue enviado a otras canteras en el monte Titano para trabajar las piedras. Pasados tres años, Marino regresó a Rímini. En esta ciudad predicó el evangelio por doce años.
Para evitar ser capturado cuando las autoridades descubrieron su acción cristiana, huyó de la ciudad y con la ayuda de Dios se refugió en una gruta del monte Titano, donde vivió en solitario durante un año sin temer las insidias del demonio, que continuamente intentaba asustarlo. Marino, para no ser molestado por los visitantes, se retiró a la cima del mismo monte, y allí construyo una pequeña celda y una iglesia que dedicó a San Pedro. Tales obras suscitaron la ira de Verissimo, hijo de una noble viuda de nombre Felicísima, propietaria de aquellas tierras. Este, presentándose delante de Marino con intenciones nada pacíficas, cayó por tierra paralizado y mudo, tras la oración del santo. La madre, al saber la desgracia de su hijo, se acercó a Marino y dijo estar dispuesta a concederle todo lo que pidiese. En aquel mismo instante su hijo se curó y se postró delante del santo convirtiéndose al cristianismo junto a su madre y familiares.
San Gaudencio, Obispo de Rímini, conociendo las virtudes de Marino, los llamó y le ordenó diacono para que pudiera bautizar a los muchos conversos que lograba hacer. Después, Marino regresó a su morada. El santo continuó viviendo en la misma celda, dedicado a la oración y al trabajo, hasta el día de su muerte, el 3 de septiembre.
Fue sepultado en la iglesia edificada por él. La población que se construyó en aquel sitio llegó a ser la ciudad de San Marino, capital de la república de ese nombre, y que es independiente desde el siglo XI.
 
 
 
San Festo de Benevento, mártir. 7 de septiembre.
San Festo fue diácono de San Jenaro, primer obispo de Benevento. Vivió entre los siglos III y IV.
FestoLa «pasión», elaborado en una fecha posterior, dice que el obispo San Jenaro, acompañado por Festo y Desiderio –lector-, fueron a visitar a la cárcel en Pozzuoli diácono Sossio, víctima de la persecución de Diocleciano ( 284-305). Habiendo profesado abiertamente su fe cristiana, fueron condenados inicialmente a las ferias del anfiteatro de la ciudad y luego. Los cuerpos de los mártires fueron trasladados a Dall’Agro Marciano, en la zona Flegrei, las reliquias de San Jenaro fueron trasladados a Nápoles por el Obispo de San Juan I en las catacumbas de Capodimonte y, en 831 el Príncipe Sicone las devolvió a Benevento, donde permanecieron en la catedral hasta la primera mitad de 1100, cuando, por razones de seguridad, fueron trasladados a la abadía de Montevergine; en 1497 volvieron a Nápoles. Del mismo modo que sucedió con los restos de Festo y Desiderio, transferidos desde fuera Benevento, en la catedral y luego la abadía de Montevergine.
 
San Memorio de Breuil y compañeros, mártires. 7 de septiembre.
En Breuil de la Galia, Trecense (hoy Francia), mártires, según la tradición, bajo Atila, rey de los hunos (Siglo V).
San Emilas de Córdoba, mártir. 15 de septiembre.
emilasSan Emilias o Emilio, forma parte de los mártires de Córdoba, es como se conoce a un grupo de cristianos mozárabes condenados a muerte por su fe bajo los reinados de Abderramán II y Mohamed I en el Emirato de Córdoba.
Estos martirios se conocen gracias a una única fuente, la hagiografía de Eulogio de Córdoba el cual registró la ejecución de cuarenta y ocho cristianos que desafiaron la ley islámica. En su mayoría hicieron declaraciones públicas de rechazo del islam y proclamación de su cristianismo.
San Emilas fue decapitado en el año 852
 
 
 San Sossío de Micenas, mártir. 23 de septiembre.
SossioNació en Micenas en el año 250, según consta en el martirologio de Beda el Venerable.  Diácono de San Miseno, martirizado junto a San Jenaro y otros compañeros en Pozzuoli, bajo la persecución de  Diocleciano (Siglos III – IV)
Beato Juan Bautista Laborier du Vivier, y compañeros mártires de Rochefort. 27 de septiembre.
Nació el 19 de septiembre de 1734 en Mâçon (Saône-et-Loire) en una familia de clase media. Habiendo optado por la vida clerical fue nombrado canónigo de la catedral de San Vicente de Mâçon. Como tal canónigo, podía haberse ordenado presbítero pero tenía un profundo sentido de humildad y le resultaba una dignidad demasiado alta para el concepto que él tenía de sí mismo y por ello prefirió quedar como diácono. Como no tenía obligación de prestar el juramento constitucional, una vez sobrevenida la Revolución y disueltos los cabildos catedralicios se quedó con confianza en su propia ciudad. Sin embargo fue arrestado el 8 de marzo de 1794 y encerrado en el exconvento de las ursulinas. No sirvió que un grupo de ciudadanos, alegando que no era sacerdote, quisieran evitarle la deportación. Fue enviado a Rochefort y embarcado en Les Deux Associés. Mostró una gran paciencia y humildad en todo el tiempo de su detención y murió piadosamente el 27 de septiembre de 1794. Fue beatificado el 1 de octubre de 1995 por el papa Juan Pablo II.

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