Rezar por mi

Rezar por mi

Diác. Gonzalo Eguía
Coordinador de Servir en las periferias
Bilbao, España, 1 de mayo de 2020

Es la frase de despedida del Papa Francisco en cada uno de sus encuentros: “os pido, por favor, que recéis por mí”. Un signo de amor y compromiso.

La oración de intercesión no es una acción mágica o milagrera, es ante todo un ejercicio de inmenso amor, muestra el amor confiado que el intercesor siente de Dios y el que el intercesor le profiere, y al mismo tiempo, el amor hacia la persona que se recuerda, para quien desea toda la cercanía, el amor y el apoyo divino.

En esta ocasión no se presenta una separata sobre la pandemia, pues una gran parte del Informativo -como no podía ser de otra forma-, tiene que ver con artículos relacionados con este duro momento que vive la humanidad. ¡Cuánto dolor y sufrimiento! ante los miles de seres humanos fallecidos, los enfermos, sus familias, quienes pierden su trabajo, o están solos… Deseamos que este Informativo sea una convocatoria para activar la oración de intercesión por todas y todos ellos, mujeres y hombres, nuestras hermanas y hermanos.

La oración de intercesión es además un signo de compromiso personal. Al intercesor no le deja indiferente la persona y la vida que se presenta. En cierta manera, interceder compromete al intercesor a colaborar en la medida de sus posibilidades, para ayudar que esa persona se sienta acompañada, y para que, si se puede hacer algo, se haga sin dilación.

Toda la situación generada por la Covid19, desde un clima de oración, nos empuja a comprometernos para poner lo mejor de cada cual en favor de los demás, de forma especial por quienes sufren más vulnerabilidad y desvalimiento. Nada hay peor que la indiferencia o el habituarse al mal, al dolor y sufrimiento que acampa en nuestro alrededor, ¡ánimo en este momento crucial!, a “Dios rogando y con el mazo dando”.

En este mes y el próximo fin de semana, hemos sido convocados a dos momentos de oración de intercesión, que debieran ser cotidianos en nuestra vida.

El mes de mayo que hoy estrenamos, mes mariano en la religiosidad popular, la Iglesia universal es convocada por el Papa Francisco a orar por los diáconos. Dentro de las intenciones mensuales que el Papa convoca,para el mes de mayo propone: “Recemos para que los diáconos, fieles al servicio de la Palabra y de los pobres, sean un signo vivificante para toda la Iglesia”. Todo un mes para que la Iglesia ore por sus diáconos y sus familias, para activar ante Dios el amor que las comunidades tienen por estos hermanos, de forma que puedan ser el signo sacramental de Jesús, el Servidor del género humano. Quienes creemos profundamente en la oración de intercesión agradecemos al Papa esta convocatoria, así como a cada hermana y hermano que durante este mes presentará al Señor al diácono que conoce y a su familia, incluso en un signo de generosidad fraterna, a todos los diáconos de su diócesis y del mundo, a quienes, sin conocer, desean que el amor de Dios se haga realidad en sus vidas.

Además, este fin de semana celebramos la 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa Francisco nos ha dirigido su habitual Mensaje, con el título de “Las palabras de la vocación”, resaltando cuatro términos: “gratitud, ánimo, dolor y alabanza”. El Papa termina su Mensaje con estas palabras: “deseo que la Iglesia recorra este camino al servicio de las vocaciones abriendo brechas en el corazón de los fieles, para que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle “sí”.

Interceder ante Dios por las vocaciones que la Iglesia necesita para llevar adelante su Misión evangelizadora: vocaciones laicales, matrimoniales, religiosas, consagradas, diaconales y presbiterales. Es por lo tanto un signo de amor por todas y todos ellos, por el “si” dado en favor de los hermanos y hermanas, y a la vez un signo de compromiso personal para ayudar a que cada cual pueda encontrase con el Señor, y pueda descubrir la vocación a la que se convoca.

Desde esta perspectiva no existen vocaciones de “especial consagración”, o mejor dicho, todas lo son, no únicamente la vocación al presbiterado, la vida religiosa o a la consagrada. ¿Qué seria de esas vocaciones específicas sin la vocación inicial y fundamental al seguimiento de Jesucristo, que nos dan los sacramentos del bautismo y de la confirmación? ¿o sin la vocación al matrimonio -iglesia doméstica- en la que pueden surgir las demás vocaciones?

Desde la perspectiva de la oración de intercesión, se agradece la referencia que el Papa hace en relación con las vocaciones que se derivan de los dos sacramentos vocacionales: al “matrimonio y el orden sacerdotal” -presbiterado y diaconado-. Algo que no sucede en la mayoría de los Mensajes y Subsidios que las diferentes Conferencias Episcopales han preparado para esta Jornada Mundial de Oración, y que los diáconos casados y célibes echamos en falta, pues cuando nuestras comunidades se dirigen a Dios para pedirle las vocaciones que la Iglesia necesita, desearíamos que se explicitasen todas las vocaciones, que son un auténtico regalo de Dios.

Los diáconos nos sumamos a las palabras del Papa, por favor orad por nosotros, por la vocación diaconal -que es para vuestro servicio-, nuestras familias, y los servicios a los que hemos sido convocados.

Hemos seguido con intensidad las palabras que el Papa Francisco ha dirigido en cada celebración del triduo pascual. Estimulante nos parece en estos momentos de pandemia, la convocatoria a trabajar por el “contagio de la esperanza”. Todavía resuenan en nuestros corazones las palabras del “Vía Crucis” del viernes Santo, en el que un diácono italiano, policía penitenciario, presentaba la estación XIV.

El Miércoles Santo conocíamos la institución por parte del Papa de una nueva Comisión para el estudio del diaconado femenino, compuesta por diez miembros, cinco mujeres y cinco hombres, dos de ellos diáconos. Por la cercanía y amistad, destaca entre los miembros, el profesor Santiago Del Cura, de quien aportamos el audio de la conferencia dada en el “Seminario sobre el Diaconado Permanente” en la diócesis de Bilbao, España.

Seguimos conociendo nuevos fallecimientos de hermanos diáconos en diversos lugares del mundo, agradecemos a Dios el testimonio de sus vidas.

Desde Brasil aportamos el mensaje que monseñor João Francisco Salm, presidente de la Comisión de Ministerios ordenados y de la vida consagrada, de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, ha dirigido en estos momentos críticos, a los diáconos y esposas de aquel país.

El CEBITEPAL ha comunicado que, con motivo de la pandemia, suspende los cursos de formación sobre el diaconado. que iba a realizar en México.

Desde Italia publicamos el artículo de nuestro colaborador y amigo el diácono Enzo Petrolino: “Itinerarios diaconales para una conversión pastoral en tiempo de pandemia”.

En el apartado de “Retazos de historia del diaconado Iberoamericano” adjuntamos, a modo de testimonio, el proceso de restauración del diaconado en la diócesis brasileña de Campina-Grande.

Entre los testimonios destacan los de varios diáconos brasileños y españoles sobre la vivencia del ministerio en tiempo de pandemia, el del diácono uruguayo Martín Sucías, el del diácono Juan Múgica en relación con la vivencia de su enfermedad, y el del diácono Alejandro Abrante, sobre la evangelización por medio de la música,

En el apartado de publicaciones, editamos la profunda y hermosa reflexión de Paloma Pérez Muniáin, colaboradora del Informativo y esposa de diáconos, bajo el título “En tiempos de coronavirus”, el artículo del diácono brasileño José Bezerra de Araújo sobre “El aislamiento social y sus consecuencias”, y seguimos publicando los artículos del diácono portugués Joaquim Armindo.

Comenzamos este mes de mayo, miramos a María “Salud de los enfermos”, que ayude a la Iglesia a ser, en medio de esta pandemia, signo de esperanza.

Presentamos a todos los trabajadores y trabajadoras del mundo, de forma especial a quienes ven peligrar su puesto de trabajo. Y en este mes de oración de intercesión diaconal en la Iglesia Universal, nos unimos por medio de esta conocida oración:

Dios y Padre Nuestro, fortalece con la gracia del Espíritu Santo a todos los diáconos de tu Iglesia, para que desempeñen con alegría, fidelidad y en espíritu de comunión eclesial su ministerio pastoral, siguiendo los pasos de tu Hijo Jesucristo, «que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de la humanidad» (Mc. 10, 45).

Te pedimos por las familias de los diáconos casados, para que sean auténticas «Iglesias domésticas», según el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, y de ella surjan vocaciones sacerdotales y religiosas.

¡Virgen María, Madre de la Iglesia y Reina de los Apóstoles, ruega por los ministros del Señor!
¡San Lorenzo, diácono y mártir, ruega por los diáconos servidores del pueblo de Dios!

Amén.

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