Retiro de Cuaresma de diáconos y esposas de las diócesis catalanas – España

Los días 20 y 21 de febrero de 2015, en la Casa de Espiritualitat “Sagrada Família, de Rubí, tuvo lugar el Retiro de Cuaresma para diáconos y esposas de las diócesis catalanas. El retiro estuvo dirigido por el obispo de la diócesis de Vic, Mons. Romà Casanova.
Mons. Romà expuso, tras la invocación al Espíritu Santo, el deseo de ofrecer un tiempo de reflexión sobre el Año de la Misericordia, y un tiempo de oración, para que podamos responder a la llamada de Amor de Dios; sabiéndonos amados por Dios, llamados al amor y al servicio en la Iglesia, llamados a ser instrumentos del amor y la misericordia de Dios, pedimos al Espíritu Santo su luz y su fuerza para responder con generosidad.
El Papa Francisco nos dice que Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. La misericordia es el camino hacia Dios y hacia los hermanos. Si descubrimos la misericordia de Dios en nosotros, su amor incondicional, lo podremos comunicar.
En el Antiguo Testamento, especialmente en los profetas, aparece de distintas maneras la misericordia de Dios, como fidelidad, como amor materno, como paciencia, como comprensión. Y en el Nuevo Testamento, en Jesucristo se manifiesta plenamente la misericordia de Dios, en el acto de amor y perdón en la cruz. En la parábola del hijo pródigo vemos cómo el amor del padre regenera.
El don de la misericordia de Dios pide una respuesta, a nivel personal y de Iglesia.
La Iglesia ha de hacer que las personas se encuentren en la misericordia. Para ello es preciso que la Iglesia salga, que muestre amor en las cosas más pequeñas; sin amor, nada tiene sentido.
La Iglesia nos acompaña en el peregrinaje hacia la Puerta Santa, exhortándonos al amor y al perdón; recibimos el amor de Dios, purificador, su perdón. El pecado nos aleja de Dios, ofende a Dios, causa dolor a nosotros mismos, al hermano, a la Creación. La Iglesia nos ayuda a acercarnos a las fuentes de la misericordia: la Palabra, el sacramento de la reconciliación. Cuaresma es un tiempo de reconciliación, de perdón; el perdón da paz.
Como discípulos de Jesucristo, hemos de redescubrir el perdón; nos hemos de acercar a los demás con el corazón abierto y dar al hermano la mano, comunicar la fe en Jesucristo, el Amor de Dios. Miramos a Jesucristo y hemos de redescubrir, en el silencio y estando atentos a la Palabra, que en Él y con Él somos hijos del Padre.
Somos hijos amados de Dios, desde siempre. Todo es don, todo es gracia. Dios siempre da el primer paso, nos ama primero; Dios tiene paciencia con nosotros, nos va guiando, nos va corrigiendo. A nosotros nos cuesta aceptar que Dios nos ama tanto, sin ningún mérito nuestro; nos cuesta dejarnos corregir.
El evangelista Juan nos dice que Jesús está siempre mirando al Padre; Jesús es consciente del designio de amor y salvación del Padre y cumple su voluntad. La Pasión y muerte de Jesús es la hora del Amor de Dios. Esta hora comienza con el gesto sencillo de Jesús, que se arrodilla y lava los pies a sus discípulos. Con este gesto Jesús manifiesta quien es Dios: Amor misericordioso, humillado; Dios se arrodilla ante su creatura y nos lava, nos hace dignos de participar en su Reino. El anonadamiento de Jesús nos da Vida y entramos en el Misterio de Dios. A Dios se le encuentra en el servicio y en el amor. Si nos dejamos lavar por Jesús, nosotros podremos servir a los hermanos; entonces es Cristo el que ama, el que sirve, el que vive en mí.
Tenemos un campo de servicio concreto en las obras de misericordia y hemos de revisarlo. Nos queda mucho camino que recorrer en el amor entre los fieles, en el amor entre los esposos, en la respuesta personal al amor de Dios.
Ser cristiano es tener el corazón abierto al don del amor misericordioso de Dios, recibir su don y que se haga vida.

Como pautas de reflexión concretas, Mons. Romà propuso las siguientes:
Repasando mi vida, ¿en qué momentos he experimentado la misericordia de Dios? ¿O es solo una teoría?
¿Soy consciente del don de Dios? ¿Lo agradezco?
¿Cómo acojo el amor de Dios y cómo ofrezco amor y misericordia a los demás?
¿Quién me pide, aquí y ahora, que le mire y actúe?
¿Cómo puedo lavar los pies a los demás? ¿Qué tengo que cambiar en mi actitud de servicio?

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