Paloma Pérez: Semana Santa en prisión

Paloma Pérez Muniáin es esposa del diácono Fernando Arana, de la archidiócesis de Pamplona-Tudela y Tudela. Juntos llevan mas de 20 años colaborando en la Pastoral Penitenciaria en el Centro penitenciario, ella como voluntaria y Fernando desarrolla su ministerio diaconal como adscrito a la capellanía del Centro.

Paloma nos envía esta bella reflexión sobre su experiencia en tiempo de Semana Santa

SEMANA SANTA EN PRISIÓN

Muchas veces de la cárcel tenemos una opinión muy negativa y así también de las personas privadas de libertad que en ellas se encuentran por diferentes motivos y circunstancias. Una visión que muchas veces no coincide con la realidad.

Yo soy voluntaria de la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Pamplona-Tudela y realizo mi labor en el Centro Penitenciario de Pamplona desde hace más de veinte años y todas las ideas preconcebidas que tenía sobre la prisión, han desaparecido.

Estos años han dado para muchas experiencias y reflexiones sobre la persona, la libertad, el dolor, el pecado, el perdón, sobre Dios y sobre quién es también mi prójimo…

Son varias las actividades que como Pastoral Penitenciaria realizamos en el centro penitenciario a lo largo del año y hay una en particular que esperamos y esperan los presos con gran alegría: la celebración de la Semana Santa y en particular del Vía Crucis que realizamos con la presencia de los miembros de la Junta de la Hermandad de la Pasión de Pamplona desde hace muchos años, en la mañana del Jueves Santo.

El Vía Crucis está preparado por la Pastoral y es adaptado especialmente para los internos. Se celebra simultáneamente en los dos módulos de hombres, en el de mujeres y en el de enfermería. Tanto voluntarios de la Pastoral, como miembros de la Junta de la Hermandad y los capellanes, se distribuyen por estos módulos para celebrar el Vía Crucis con los presos. Si el tiempo lo permite, el Vía Crucis se realiza en el patio y si la meteorología no acompaña, en la galería de cada módulo.

Es de destacar la gran participación, especialmente en el módulo 3. Son los propios internos los que preparan alrededor del patio o de la galería, unas mesas con unas imágenes de cada estación del Vía Crucis, leyendo cada una de ellas. Es un momento precioso, mágico, todos los que allí estamos lo vivimos con mucha unción, en silencio y en oración.

Al final del Vía Crucis el hermano Prior dedica unas palabras de aliento y de agradecimiento por poder compartir su celebración con ellos, que acogen con cariño un año más el recuerdo y actualización de la Pasión de Cristo. Y reciben de manos de los internos un regalo hecho por ellos con papeles de colores: a veces son corazones, flores, cuadros… ¡Jamás pensé que sólo con papeles se pudieran hacer cosas tan hermosas! Este regalo suele colocarse a los pies de alguno de los pasos de las procesiones del Jueves y Viernes Santo, teniendo presente y rezando así por todas las personas privadas de libertad.

Pero como la Semana Santa no termina en la muerte y en la cruz, también celebramos entre el sábado por la tarde y el domingo por la mañana en los diferentes módulos, la gran fiesta de la Resurrección del Señor.
En la prisión todo resuena y se vive de una manera muy diferente: la cruz, el dolor, el amor, el perdón, la libertad, Jesús preso y crucificado… Todo cobra una dimensión más real, más vivida… No olvidemos que Jesús tuvo un juicio y una muerte injusta, que él también estuvo preso, por eso Jesús no sólo está cercano a ellos, sino que se hace uno de ellos.

Por la pasión, muerte y resurrección del Señor, se nos da otra oportunidad para poder reconducir las vidas rotas y volver a vivir una vida auténtica, nueva y esperanzada. Él da las fuerzas para poder pedir perdón, para perdonar y perdonarse, que siempre es lo más difícil.

Así, esa cruz sencilla, desnuda… se habita de Cristo y también del dolor y las penas de cada uno de los presos y él les ayuda a cargar con ella porque nunca más estarán ya solos. Dios sale al encuentro del hermano ayudándole a cargar su cruz personal y compartiendo su calvario. Dios llama a las puertas del corazón para quedarse para siempre.

Por último, quiero dar las gracias en mi nombre y en nombre de toda la Pastoral a la Junta y a todos hermanos de la Hermandad de la Pasión de Pamplona que cada año nos ayudan a celebrar mejor estos misterios de dolor, de amor y de vida.

Pamplona a 1 de febrero de 2019.

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