“Oído, boca, corazón y alma. Comunidad, duelo, nuevas pobrezas y estilo de vida”

Diác. Gonzalo Eguía Coordinador de Servir en las periferias Bilbao, España, 1 de julio de 2020

“Oído, boca, corazón y alma. Comunidad, duelo, nuevas pobrezas y estilo de vida”

La pandemia de COVID 19 sigue creciendo en el mundo, ahora con más expansión en el continente americano. Las noticias sobre el crecimiento de fallecidos y contagiados nos sobrecogen cada día. En el continente europeo, con una contención del virus, la población se divide entre quienes opinan que esta dramática experiencia marcará un antes y un después del estilo de vida, que se denomina “nueva normalidad”, y quienes rápidamente parece que se han olvidado de lo sucedido estos últimos meses, y consideran que volver a la situación anterior a la pandemia es el principal objetivo, como si nada hubiera pasado, la falta de respeto a las normas sanitarias: distancia social, uso de mascarilla e higiene- marcadas por las autoridades competentes, es la principal forma de actuar de estos últimos.

Seguir viviendo como si en el mundo no hubiera pasado nada es de un infantilismo y de una falta de responsabilidad personal y colectiva tremendas, con unas consecuencias que pueden ser catastróficas para la humanidad.

En esta situación, los diáconos somos interpelados a vivir nuestro ministerio como agentes activos en favor de la revisión del estilo de vida y las opciones vitales predominantes en nuestro mundo y en la iglesia, de una forma especial en los países llamados desarrollados, a hacerlo, como no puede ser de otra forma, desde la perspectiva de la Buena Noticia de Jesús de Nazaret.

En este mismo espacio nos hemos hecho eco en otras ocasiones de la famosa frase de Didascalia Apostolorum donde se afirma: el «diácono sea el oído y la boca del Obispo, su corazón y alma». Nos preguntamos cómo hacerlo en este momento concreto y crítico en la iglesia -ante el obispo como el pastor de esta-, y también en la sociedad y en el mundo. Cómo escuchar la voz de Dios hoy y aquí que clama por boca de quienes peor lo están pasando, y en el grito de la hermana madre tierra. Cómo hablar en nombre de Dios, haciendo llegar la voz de quienes están silenciados. Cómo llevar la caricia del amor de Dios, acompañando el corazón de quien sufre y revitalizando su alma desgarrada.

En estas circunstancias, reconocemos cuatro auténticas diaconías -hay muchas más- que el Informativo recoge en diversas experiencias y testimonios, y que podrían resumirse en estas cuatro palabras; comunidad, duelo, nuevas pobrezas y estilo de vida.

La pandemia ha puesto de manifiesto que no es lo mismo comunidad y templo, que la comunidad la hacen las personas, sus situaciones vitales, sus experiencias de fe, su compromiso por los últimos, contrastadas a la luz de la presencia del Resucitado. Durante meses no hemos podido asistir al templo, ni a las actividades parroquiales ordinarias, pero hemos seguido viviendo y experimentando la experiencia comunitaria aún con la separación física, a través del acompañamiento de personas vulnerables. Pensamos en el servicio al desarrollo de la dimensión comunitaria de la fe en situaciones extraordinarias. ¿No hay semejanza con tantas personas que no se sienten cercanas a una estructura -templo o parroquia-, pero sienten la necesidad de vivir una experiencia comunitaria?

Estos son tiempos de dolor y sufrimiento, tiempos de escucha activa y fraterna, también tiempos de acompañamiento, de forma específica en la elaboración del duelo que esta situación está generando. En el duelo por las personas fallecidas, por un mundo que cambia y que muestra lo vulnerables y frágiles que somos, por los miedos y temores que se generan, por la incertidumbre laboral y económica a la que nos enfrentamos. Podemos ser convocados a acompañar tanto sufrimiento y anunciar la esperanza definitiva propuesta por Jesucristo.

Necesitamos ojos especiales, como los del Señor, para descubrir las nuevas pobrezas que la pandemia está dejando en todo el mundo, a nuestro lado y lejos. Detectar las necesidades, de todo tipo, que se van dando y que arrebatan la dignidad a tantos millones de seres humanos.

Somos convocados a poner el corazón y el alma de Jesús en nuestro mundo, un mundo herido por el consumismo desenfrenado, por el afán de poseer, de dominar, de explotar, de utilizar, tanto los recursos naturales, como a las personas. Una diaconía fundamental puede ser reconocer y activar los estilos de vida generosos, altruistas, serviciales, austeros, respetuosos con el medio ambiente… que se dan en medio de nuestra realidad, potenciarlos, poner en valor los pequeños servicios cotidianos de tantas y tantas personas, en favor de los demás. Promover el compromiso político y social en favor de una sanidad y educación públicas de calidad, a la que todos los seres humanos tengan acceso, con independencia de donde se nace o se vive. Transformar esta humanidad en la familia universal de las hijas e hijos de Dios.

Desde Brasil conocemos los contactos que la Comisión Nacional de los diáconos de Brasil -CND- está manteniendo con diversos grupos editoriales, para colaborar en la formación tanto de diáconos, como de formación permanente. Desde También desde la CND se nos invita a seguir orando en el proceso de beatificación del diácono permanente Joao Luiz Pozzobom, y se informa de la nueva acreditación diaconal para todo el país.

En México, el CEByM anuncia para el próximo mes de agosto la Jornada Nacional del diaconado permanente.

En Bogotá, mas en concreto en la Pontificia Universidad Javeriana, ha tenido lugar la defensa de la Tesis doctoral «Diaconado: Orden y Ministerio. Prospectiva teológica desde Lumen Gentium 29 que ha defendido el señor José Gabriel Mesa.

En Chile, el diácono Jaime Coiro, secretario general adjunto de la Conferencia Episcopal de Chile, ha disertado sobre “El estrés mediático de la Pandemia”

El diácono Joaquim Armindo sigue aportando sus habituales colaboraciones, y varios testimonios coinciden en la gracia que supone la vivencia de la doble ministerialidad.

Los miembros de este Equipo deseamos invitaros a poner lo mejor de cada cual, en estos difíciles momentos que estamos viviendo en el mundo, y a mostrar con nuestro testimonio que la Vida tiene la última palabra.

En nombre del Equipo Coordinador y de Redacción, un abrazo fraterno.

Gonzalo Eguía

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