Ministerio de los diáconos en favor de la Palabra

Diác. Gonzalo Eguía

Coordinador de Servir en las periferias

Bilbao, España, 1 de mayo de 2017

Ministerio de los diáconos en favor de la Palabra

En el parque de Kaunas -Lituania-, hay una escultura de un símbolo histórico. Se trata de la imagen de un sembrador; un pintor local ha pintado en el muro de atrás de la estatua unas estrellas. Durante el día se ve al sembrador solo, erguido, sembrando. Durante la noche, la sombra convierte al sembrador en un “sembrador de estrellas”. La editorial de este mes tiene relación con esta imagen, el diácono como sembrador de la Palabra de Dios, invisible tantas veces, pero eficaz por la obra del Resucitado.

El Magisterio de la Iglesia enseña que el munus docendi (servicio como maestro en la fe) lo realiza el diácono cuando proclama e ilustra la Palabra de Dios.  Habitualmente se suelen señalar los siguientes medios para esa proclamación e ilustración: la homilía, la catequesis, la preparación de los sacramentos, la enseñanza y el uso de los medios de comunicación. Es indudable que estos medios son fundamentales para el desarrollo de la diaconía de la Palabra en el ministerio diaconal.

Siguiendo la orientación práctica comenzada en la anterior editorial, deseamos acercarnos a este servicio diaconal de la Palabra desde los “ojos, las manos y la experiencia” del diácono.

En el corazón de cada diácono resuenan incesantemente las palabras del día de su ordenación, cuando es invitado a “enseñar”. El obispo hace entrega al diácono de la Buena Noticia recogida en los Evangelios y proclama:

“Recibe el Evangelio de Cristo del cual has sido constituido mensajero; convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado».

El ritual de Ordenación no deja lugar a dudas, se trata de que el diácono mantenga una relación personal con Jesucristo -fe viva-, que se sustenta en la lectura de la vida a los ojos de Dios, manifestado en su Palabra, con el din de enseñar con la propia vida los frutos de esa relación; así es como se constituye al diácono en “heraldo del Evangelio”.

El ministerio diaconal en favor de la Palabra no se limita a los templos, las aulas donde se llevan a cabo las catequesis, los encuentros preparativos a los sacramentos o la clase de religión. En estos espacios están las personas que caminan en su Iniciación Cristiana o que la han completado. Los diáconos somos invitados a comunicar la experiencia del encuentro con Dios siempre y en todo momento, en la vida cotidiana, en el hogar, en el ámbito profesional… Dos son los medios principales con los que cuenta el diácono para este servicio: el testimonio comprometido de la propia la vida y sus palabras.

Desde esta perspectiva, la propia vida del diácono, en las situaciones vitales de los hombres y mujeres que junto a él conviven, sean creyentes o no, es una oportunidad única para evangelizar, para hacer presente la Palabra de Dios en sus vidas. Es precisamente para esta experiencia para la que el diácono, en su calidad de ministro, es constituido “mensajero”, comunicador de la Buena Noticia en nombre de la Iglesia.

Sí, estamos hablando de la experiencia de la comunicación; evangelizar es comunicar el Evangelio. El Directorio para el Ministerio y la Vida de los diáconos permanentes lo define como “el arte de comunicar la fe al hombre moderno de manera eficaz e integral, en las múltiples situaciones culturales y en las diversas etapas de la vida” (nº23). Para esta misión es necesario que el diácono conozca profundamente los valores y las limitaciones propias y de sus semejantes, que pueda descubrir con mirada amorosa y crítica las características de la cultura en las que unos y otros están insertos, iluminando   en todo momento esta realidad con la mirada misericordiosa de Dios Padre.  Por último, son necesarias unas cualidades humanas que hacen al diácono “persona aceptable a los demás y creíble, vigilante sobre su propio lenguaje y sobre sus propias capacidades de diálogo… sin prejuicios y sin iniciativas inoportunas (nº 22 ss.).

Esta misión no se reduce al hombre y a la mujer concreta, tiene también un destinatario comunitario, social, estructural. El Directorio señala lugares significativos donde este ministerio diaconal de la Palabra debe llevarse a cabo: “los lugares donde se forma la opinión pública o donde se aplican las normas éticas (como en los servicios sociales, los servicios a favor de los derechos de la familia, de la vida etc.)” (nº 26).

En la actual situación de la Iglesia y del mundo, el servicio del diácono a la Palabra en las periferias existenciales tiene, en nuestra opinión, cuatro tareas fundamentales: la recuperación de la dignidad de todo ser humano; la llamada a la reconciliación y a la paz, en sus múltiples dimensiones; el trabajo por la comunión, el ecumenismo y el diálogo religioso; y la convocatoria permanente a la Misión.

En este sentido, el Informativo recoge varios artículos relacionados con estas tareas: la invitación de la Conferencia Episcopal de Colombia anuncia el decimotercer Congreso Nacional del Diaconado Permanente, dedicado al tema de los diáconos como “Servidores de la Reconciliación y la Comunión”; la quinta entrega del diácono G. Martín Saénz Ramírez, en este caso sobre la “Identidad del diácono permanente”, y las dos del diácono Alberto Jaímez sobre la “Pastoral diaconal”.

Destaca la noticia del aumento continuado en el número de diáconos permanentes en el mundo. Según señala el Anuario Pontificio 2017 y el Annuarium Statisticum Ecclesiae 2015, en el quinquenio 2010 – 2015 se ha producido un aumento del 14,4%, hasta llegar en el año 2015 a un total de 45.255 diáconos permanentes. Los diáconos permanentes siguen siendo el grupo que más crece entre los ministros ordenados.

En el apartado de “mujer” el informativo recoge los debates de la Iglesia ortodoxa sobre las mujeres diáconos. El Colectivo de Mujeres en la Iglesia de Barcelona (España) presenta un manifiesto sobre el diaconado femenino en el que señala que este momento puede ser el inicio de un nuevo modelo de Iglesia más paritario. Y por último, la Asociación de Teólogas Española, junto a la Asociación de Teólogas Italianas y del Instituto Superior de Pastoral, convoca un  seminario sobre las mujeres y el diaconado, a realizar   los días 3 y 4 de junio, en Madrid.

En el área de las efemérides se recuerda la celebración en Oporto -Portugal- del jubileo de los diáconos ordenados hace veinticinco años.

Celebramos hoy la festividad de San José Obrero, día internacional de los trabajadores. Colocamos en las manos de San José, patrono de la Iglesia, la oración que el Papa Francisco hace en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos. ¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes? (Nº 205).

En nombre del Equipo de Redacción y Coordinación, un fraternal abrazo.

 

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