Editorial febrero: La fraternidad diaconal

Diác. Gonzalo Eguía.
Coordinador de Servir en las periferias
Bilbao, España, 1 de febrero de 2016

Cada vez que los diáconos nos encontramos en Encuentros (sean estos diocesanos, regionales, nacionales o internacionales); cada ocasión en la que escuchamos las narraciones de sus vivencias personales, familiares, eclesiales, pastorales y sociales, se suelen suscitar en nuestro interior dos reacciones: el enriquecimiento como personas y como cristianos por lo compartido, y la constatación de la diversidad y pluralidad a la hora de vivir y desarrollar el ministerio diaconal.

Somos todos miembros de la Iglesia, pero la realidad social y eclesial de las diócesis condiciona también la vida ministerial de sus diáconos.  Es cierto que todos compartimos la triada ministerial, pero los subrayados que cada obispo asigna a sus diáconos, teniendo en cuenta la situación de la iglesia local que pastorea, pueden ser diversos.

Cada diácono tiene una edad, una vivencia familiar, un proceso vocacional, un recorrido pastoral, una experiencia profesional,… diferentes, lo que pone de manifiesto la diversidad y pluralidad de las diversas comunidades diaconales.

Viene ahora a mi memoria las palabras del obispo que ordenó a los primeros diáconos de mi diócesis, solía decirnos: “Cada uno de vosotros por individual seréis quizás poca cosa, pero todos los diáconos de la diócesis unidos pondréis el rostro al diaconado diocesano”.

Cuando los diáconos nos reunimos como comunidad diaconal, no lo hacemos en función de un corporativismo o asociacionismo de objetivos. Lo hacemos como consecuencia de la fraternidad sacramental.  Uno de los efectos de la participación en el Sacramento del Orden (en el ministerio del diaconado) es la vinculación en la fraternidad que el sacramento confiere. “Siéntase cada diácono ligado a sus hermanos con el vínculo de la caridad, de la oración, de la obediencia al propio obispo, del celo ministerial y de la colaboración” (Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes nº 6).

El diccionario define la palabra fraternidad como la “amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales”.  A la fraternidad que nos confiere el Bautismo a todos y todas como hijas e hijos del Padre, hermanas y hermanos en el Hermano, el Sacramento del diaconado nos vincula a todos los diáconos como hermanos en el ministerio.

San Francisco de Asís recoge en su Testamento una frase que subraya la importancia de la fraternidad. Cuando aún no había descubierto la orientación de su vida apostólica, reconoce que “el Señor me dio hermanos”, junto a ellos pudo desarrollar su renovado y evangélico proyecto evangelizador. La fraternidad no se elige, es un don.

Desde pequeños, en la familia, aprendemos a recibir a los hermanos y hermanas como un regalo. Juntos vamos caminando en la vida y en buena medida gracias a ellos somos lo que somos. El proyecto al que el Señor nos llama cuando nos elige para recibir el don del ministerio diaconal, es también un proyecto de hermanos que compartimos una misma llamada y una misma misión.

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que acabamos de celebrar nos interpela también, más allá de su sentido ecuménico, ¿cómo vivimos los diáconos la convocatoria de la unidad dentro de la fraternidad diaconal?

Puede que a veces confundamos unidad con uniformidad. La pluralidad es sin duda una riqueza, la uniformidad no. En ocasiones nos cuesta construir la unidad desde la diversidad. Pero el mismo Espíritu Santo que nos ofrece la diversidad, nos invita a la unidad. No se trata por tanto de tener que pensar todos de igual modo, perdiendo la identidad personal que cada uno tiene y que es regalo de Dios. Tampoco de sentirnos obligados a tener que hacer todos los mismo y de la misma manera.

La fraternidad diaconal nos ofrece la posibilidad de reconocer y admitir los dones que el Espíritu Santo da a cada cual para el servicio del Señor, de la Iglesia y de la Humanidad.  Este reconocimiento comienza cuando se favorece que cada hermano diácono pueda expresarse libremente, sin tener miedo a lo que comunica ni a las diferencias, cuando se escucha sin prejuzgar, cuando nos acompañamos mutuamente.

Este ejercicio fraterno se realiza también en una de las funciones principales del diácono, cuando colabora con este estilo con su obispo y con los presbíteros en el ejercicio del ministerio: “La comunión con los hermanos ordenados, presbíteros y diáconos es, a su vez, un bálsamo que sostiene y estimula la generosidad en el ministerio. El candidato deberá, por lo tanto, ser formado…   en la colaboración fraterna con ellos y en la condivisión espiritual. (Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes nº 76).

Cuántas veces olvidamos que el característico ministerio de la caridad de los diáconos debe llevar siempre a suscitar la comunión en el empeño de la fraternidad. Ningún hermano debe quedar solo, al margen, ni por exclusión del resto de diáconos, ni por opción propia. Nadie debe vivir su ministerio “por libre”, correría el riesgo de vivir “su diaconado”, no el que desea la Iglesia, imagen de Jesucristo servidor. Solo garantizando la fraternidad se puede dar testimonio del amor que nos debemos de tener “unos a otros” (Jn 13, 35).

Esta fraternidad se irradia a todos los miembros de la comunidad diaconal, esposas de diáconos y sus familias incluidas.  Abarcando todos los ámbitos en los que los diáconos están presentes.

El Informativo que tienes en tus manos recoge parte de la rica experiencia diaconal iberoamericana. Entre sus contenidos me gustaría señalar tres acciones específicas que diáconos y comunidades diaconales están desarrollando: las actividades con motivo del Año Jubilar de la Misericordia, los trabajos formativos para prevenir el abuso de menores, y distintos trabajos en favor del planteamiento ecológico del Papa Francisco.

El diaconado de Brasil presenta dos artículos interesantes: el proyecto formativo y de organización para el año 2016 de la Comisión Nacional de los diáconos de Brasil (CND); y el mensaje de su Presidente, diácono  Zeno Konzen, agradeciendo el diaconado permanente brasileño.

Tenemos puesta nuestra mirada en varias citas importantes de los próximos meses: este mes que hoy estrenamos, el Papa Francisco realizará un viaje apostólico a México (del 12 al 18);  en mayo (del 27 al 29) tendrá lugar en Roma el Jubileo de los diáconos  dentro del Año Jubilar extraordinario de la Misericordia; en el mes de julio (7 al 10) tendrá lugar en Boston (EEUU) la XXXII Conferencia Nacional de los diáconos hispanos de aquel país.

Dentro de unos días comenzaremos el tiempo litúrgico de la Cuaresma, el camino que nos llevará hasta la Pascua del Señor. Desde Servir en las Periferias os deseamos que las palabras que escucharemos el miércoles de ceniza “conviértete y cree en el Evangelio” se hagan realidad en vuestras vidas, que podamos sentir el inmenso gozo de volver cada día al regazo del amor misericordioso de Dios, y que podamos llevar la Buena Noticia de Jesús a nuestro mundo.
En nombre del Equipo de Redacción y Coordinación, un fraternal abrazo.

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