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Date(s) - 22/01/2019
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Vicente sirvió como diácono de Valerio de Zaragoza, obispo de la ciudad. Encarcelado en Valencia por su fe, y torturado en un parrilla – una historia tal vez adaptada del martirio de otro Diácono Santo nacido en Huesca, San Lorenzo. Vicente, igual que muchos de los primeros mártires en la literatura hagiográfica temprana, logró convertir a su carcelero. Aunque se le ofreció por fin su puesta en libertad si entregaba la Escritura para ser quemada, Vicente se negó.

El relato más antiguo del martirio de Vicente se encuentra en un carmen (letra de un poema) escrito por el poeta Prudencio, que escribió una serie de poemas líricos, Peristephanon (“corona del martirio”), sobre los mártires hispanos y romanos. Prudencio describe cómo Vicente fue llevado a juicio junto con su obispo Valerio, y ya que Valerio tenía un impedimento en el habla, Vicente habló en nombre de ambos. Vicente fue torturado y martirizado, aunque su anciano obispo fue sólo al exilio.

Según la leyenda, después de haber sido martirizado, unos cuervos protegieron el cuerpo de San Vicente de ser devorado por los buitres, hasta que sus seguidores pudieran recuperar el cuerpo. Su cuerpo fue llevado a lo que ahora se conoce como Cabo de San Vicente, un templo se erigió sobre su tumba, que continuó siendo vigilada por las bandadas de cuervos. En la época de dominación musulmana en la Península Ibérica, el geógrafo árabe Al-Idrisi tomó nota de esta guardia constante por los cuervos, por lo cual el lugar fue bautizado por él “Kanisah al-Ghuráb” (Iglesia del Cuervo). D. Afonso Henriques (1139-1185) tenía el cuerpo del santo exhumado en 1173 y se lo llevó en barco hasta el Monasterio de São Vicente de Fora en Lisboa. Este traslado de las reliquias es representado en el escudo de armas de Lisboa.