El diálogo interreligioso: Historia y actualidad de dos encuentros: 1219 … 2019

Diác. Gonzalo Eguía
Coordinador de Servir en las periferias
Bilbao, España, 1 de marzo de 2019

Este mes de febrero recién acabado, hemos sido testigos del viaje apostólico del Papa Francisco a los Emiratos Árabes Unidos. Dentro de la programación del viaje, el día 4, el Papa Francisco firmaba, junto al Gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayyeb un documento sobre la Fraternidad humana por la paz y la convivencia común.

Quienes seguimos el pontificado de nuestro actual Papa, y conocemos la vida de San Francisco de Asís, sabemos que este encuentro no es casual. No es baladí que este año vayamos a celebrar el 800º aniversario del encuentro entre el diácono San Francisco y el Sultán de Egipto Al-Malik al-Kamil en Damieta en 1219, haciendo así realidad su sueño de ir entre los musulmanes. Los presagios de una muerte segura para San Francisco fueron erróneos, y el Sultán lo acogió como un buen amigo por un periodo de tiempo. El Poverello de Asís, un ser humano excepcional, lleno del amor y la paz de Dios, consiguió encontrarse con el Sultán desde la fraternidad. Este encuentro marcó la vida de San Francisco y orientó la forma en que debían actuar sus compañeros junto a los musulmanes.

No debió ser fácil el encuentro, como sus conciudadanos San Francisco debió aprender a odiar a los musulmanes. Al encontrarse con el Sultán tuvo que darse en el, nuevamente, un proceso de conversión, como el ya vivido ante el leproso, ante el Cristo de San Damián, ante su padre… proceso que le llevó a reconocer en el otro, en este caso el Sultán, a un hijo de Dios, con el que compartir un proyecto humanizador. Reconocer, bajo la mirada de un Dios, con diferentes nombres, que El siempre nos guarda y nos acompaña.

Ya en el año 2017, en su viaje apostólico a Egipto, el Papa Francisco, precisamente tras el encuentro con el Gran Imán de Al-Azhar, en la Conferencia Internacional para la paz, nos recordaba: “Que san Francisco de Asís, que hace ocho siglos vino a Egipto y se encontró con el Sultán Malik al Kamil, interceda por esta intención”.

El documento sancionado por el Papa y el Gran Imán trata temas transcendentales en el momento histórico en el que vivimos: el valor humanizador de las religiones y del diálogo, la negación del uso de la violencia y el terrorismo en nombre de ninguna religión, la relevancia del “rol de las religiones en la construcción de la paz mundial” –basada en la misericordia- , la promoción de una ciudadanía basada en la dignidad, los derechos y deberes y en el trato justo, la dignidad de todos los seres humanos: mujeres, niños, discapacitados y ancianos de forma especial,… “una invitación a la reconciliación y a la fraternidad entre todos los creyentes, incluso entre creyentes y no creyentes, y entre todas las personas de buena voluntad”.

Es una constante del pontificado del Papa Francisco el trabajo a favor del ecumenismo y el diálogo interreligioso. Es bueno recordar como El Concilio Vaticano II, de forma principal en la Declaración Nostra Aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, se nos invitaba a promover el “diálogo y la colaboración con los seguidores de otras religiones, a fin de que, con prudencia y caridad, den siempre al mundo testimonio de fe y vida cristiana”, a tratar a los a los musulmanes “con aprecio” promoviendo junto a ellos “la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad en beneficio de todos” (Nº 2 y 3).

El mundo de la globalización, así como el efecto del cambio climático, entre otros motivos, han producido unos movimientos migratorios de personas entre diversos continentes, que en muchas ocasiones originan situaciones de emergencia internacional y vulnerabilidad de derechos humanos. En esta situación, países de honda tradición cristiana comprueban el aumento de las comunidades musulmanas. Estas sociedades comprueban impotentes el llamado terrorismo de inspiración religiosa –contradictorio en sí mismo-, de corte fanático. Personas originarias de los países de acogida, e incluso migrantes, creyentes o no, se esfuerzan por culpar a toda la comunidad musulmana de todos los males, enseñando incluso a tenerles miedo o incluso a odiarles.

En nuestra condición de diáconos vivimos cada día la experiencia del encuentro con mujeres, hombres y niños musulmanes, por ejemplo en las acogidas de las Cáritas parroquiales. Tras 800 años, aquel primer encuentro interreligioso entre el diácono San Francisco y el Sultán de Egipto Al-Malik al-Kamil sigue siendo actual y vigente. Nos sentimos interpelados para revisar nuestras acciones, nuestras palabras, y poder aportar un acompañamiento personal y pastoral al estilo. A asumir el reto de conocer y respetar al otro, al diferente. A caminar y descubrir juntos que el Dios de Jesús, que se manifiesta de tan variadas formas en tantas religiones por medio de su Espíritu, es siempre favorecedor de la fraternidad y la solidaridad.

Casualmente, al acabar de redactar estas líneas conocemos la Carta del Papa Francisco a su Enviado especial en las celebraciones del VIII centenario del encuentro entre san Francisco de Asís y el sultán Al-Malik Al-Kamil, que tendrán lugar desde hoy hasta el próximo día 3.

Además del documento citado del Papa Francisco sobre la Fraternidad humana por la paz y la convivencia común, el Informativo recoge su discurso al final de la Concelebración Eucarística del Encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”, así como su Mensaje para la Cuaresma que estrenaremos la próxima semana, bajo el título: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19).

También desde la Ciudad Eterna hemos conocido que el día 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, dentro de la celebración del Día Mundial del enfermo, tuvo lugar el testimonio de un diácono permanente, y que en el marco del seminario de estudio “Hacia el Sínodo Especial para la Amazonía: dimensión regional y universal”, que se ha realizado en la ciudad de Roma del 25 al 27 de febrero, el P. Felipe Ali Modad Aguilar, s.j., se habló de la experiencia del diaconado permanente en la diócesis de San Cristóbal de las Casas .

En Paraguay ha tenido lugar los días 9 y 10 de Febrero el XVI Congreso Nacional de Diáconos Permanentes del Paraguay, en la Parroquia de Caacupé, con la presencia de Diáconos Permanentes de todo el País.

En el campo de las nuevas diaconías asignadas a diáconos, en la diócesis de Caxias do Maranhão -Brasil- se informa de la designación de un diácono permanente como administrador de una parroquia de nueva creación.

Aportamos los materiales del XVI Encuentro Nacional del Diaconado Permanente de México, realizado entre los días 25 y 28 de octubre del año pasado en Amatitán, Jalisco, y que nos ha hecho llegar nuestro corresponsal en aquel país el diácono Carlos Jiménez de la Cuesta. Desde aquel país nos llega también la homilía pronunciada por el Cardenal Carlos Aguiar en la ordenación de 12 diáconos.

En la sección de “Conoce al diácono…” incorporamos el del diácono Jorge Benavente de la diócesis de Milwaukee –EEUU-. Un testimonio significativo es también el del diácono Lawrence Girard, que con sus 100 años continua todavía en activo.

En el área de los testimonios de esposas de diáconos, se ofrecen dos de esposas españolas, el primero de Paloma Pérez sobre la experiencia de una Semana Santa en prisión, y el segundo de Beatriz sobre la vivencia de la liturgia junto a su esposo. En esta área también se adjunta el comunicado sobre formación de esposas para el año 2019 de la Asociación FEBE de Bogotá.

En el apartado de libros publicamos en varias entregas el del diácono chileno Miguel Ángel Herrera Parra –colaborador de “Servir en las periferias”- “Diaconía en las parras de Chile”, una selección de poemas que Miguel Ángel ha escrito en los ámbitos de lo social, lo eclesial, lo diaconal y lo familiar, en y desde Chile. Hacemos también referencia al link en el que se puede consultar el libro “Teología del diaconado permanente” publicado por la archidiócesis de México.

El próximo miércoles damos comienzo a la Cuaresma, os deseamos que sea fructífera, nos despedimos con las palabras que el Papa Francisco nos dirige para este tiempo de gracia: “No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

En nombre del Equipo Coordinador y de Redacción, un abrazo fraterno.

Gonzalo Eguía

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