Conoce al neo diácono Javier Lovay, de la diócesis de Villa de la Concepción del Río Cuarto, Argentina

 

«Voy a pedirle al Señor, poder hacer de este servicio, el centro de mi vida»

A continuación compartimos una entrevista en la que resalta cómo descubrió el llamado de Dios, que significa este camino para él, y cómo está viviendo estos días previos a la ordenación.

–         ¿Cómo te estás preparando para este acontecimiento diocesano?

Estos días previos a tan lindo acontecimiento, los estoy pasando con mucha paz, con mucha alegría y acompañado con el cariño y apoyo de mi esposa e hijas.

–         ¿Qué implica en tu vida, este evento tan significativo desde lo personal y pastoral?

Desde lo personal este acontecimiento es una bendición, un compromiso que asumo ante Dios y mi comunidad y principalmente un sacramento de estado. Junto con mi matrimonio son los caminos a través de los cuales el Señor me invita a santificarme. Desde lo pastoral es emocionante ver como el Señor cuida a su rebaño, invitando a algunos de entre tantos a ayudarle en la tarea.

–         ¿Cómo descubriste el llamado de Dios para seguirlo?

Habiendo recibido todos los sacramentos de iniciación, habiéndonos casado con mi esposa, bautizado a nuestras hijas. Nunca tuve una vida muy vinculada a la iglesia. El Señor tuvo la amabilidad de dejarme experimentar muy fuerte su presencia un Viernes Santo, el 10 de abril de 2009. Desde ese día en mi corazón sentía como un fuego, un deseo de seguir y servir a Jesús de una manera más comprometida.

 –         ¿Qué vas a pedirle a Dios en el momento de la Ordenación?

En ese momento voy a pedirle a Dios la gracia y la fortaleza de hacer de este servicio el centro de mi vida, que pueda ver a través de sus ojos, oír a través de sus oídos, que mis manos sean suyas para llevar consuelo y bendición a sus hijos.

 –         ¿Algo más que quieras agregar?

Quisiera pedirle a mis hermanos en la fe, que no cesen de rezar por todo el pueblo de Dios, por sus necesidades, especialmente por los ministros y consagrados. Para que seamos siempre signos visibles de comunión y fidelidad.

Fuente: Obispado Río Cuarto

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