Cartas de un Párroco a su hermano diácono XV

Pbro. Aldo Félix Vallone, Mendoza, Argentina

Dice el autor –Licenciado en Teología Espiritual y Director de la Escuela Arquidiocesana de Ministerios San José- que “en estas cartas laten vivencias compartidas, reflexiones personales y diálogos con diáconos, presbíteros y laicos”.

Cuando la preparamos juntos…

Querido hermano:
Por cuanto te decía en la anterior, voy a comenzar confesando un pecado muy mío.
En los primeros encuentros previos a las celebraciones, cuando nos reuníamos a leer las lecturas del Domingo, a orar y discernir qué nos pedía Dios como comunidad; muchas veces, desconfiando, te abrumaba con exégesis, teología y pastoral.
Pronto descubrí tu empeño y tu apertura al Espíritu del Señor. Cuando “sacabas tiempo” de donde no lo tenías para venir… Cuando llegabas habiendo leído dos o más comentarios sobre los textos bíblicos… Cuando me decías que desde el Lunes habías comenzado a leer y orar un texto del Domingo siguiente por día… Cuando aportabas en una hoja de papel mal cortada tus “pobres” notas de la meditación de la semana… Cuando actualizabas la Palabra de Dios desde lo vivido en medio del mundo… Cuando así lo hacías eras para mí una viva interpelación y un estímulo de caridad pastoral.
Tu semana y la mía son muy diferentes. Tus ámbitos cotidianos y los míos son diversos. Nuestras mochilas llegan al encuentro habiendo escuchado las mismas noticias desde ángulos y experiencias distintas. ¡Qué riqueza la escucha mutua!.
Al principio te costaba encontrar los recursos para la comunicación. ¡Cuánto sufrías hasta descubrir el “cómo decirlo”! Luego, en la búsqueda y el discernimiento común fuimos adquiriendo el hábito de saber insertar la frase breve, la experiencia cotidiana, el silencio, los tonos, la repetición… Hasta aprender a decir lo mismo, cada uno en su estilo, buscando el bien del Pueblo de Dios.
Aprendimos que preparar una homilía no es armar un discurso elocuente, ni mucho menos querer destacarse como predicador. Es dar el Pan de la Palabra ayudando a comprender la celebración, convirtiendo nuestras vidas desde el corazón. Es abrir el alma para que entre el Fuego de Dios y encienda la comunidad.

Tu hermano párroco

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