Aportación de las esposas en el XIX Encuentro de diáconos y esposas cubanos: Testimonio de Ofelia Fernández

 

En el XIX Encuentro de Diáconos cubanos y esposas, que tuvo lugar en Cienfuegos del 24 al 28 de octubre de 2016, tal como ya se informó anteriormente, las esposas tuvieron una participación muy activa. Por encargo de la Comisión Nacional para el Diaconado Permanente, tres esposas de diáconos presentaron un panel sobre su rol en el acompañamiento de los diáconos, exponiendo los siguientes temas: “Espiritualidad matrimonial y diaconal”, a cargo de Gloria, de Pinar del Rio; “La familia y el matrimonio”, por Catalina, de Cienfuegos; y “Colaboración y balance global en relación a la compatibilidad de ambos sacramentos”, a cargo de Ofelia, de Sancti Spíritus.

 

Ofelia Fernández, esposa del diácono Ramón Enrique Guardiola, presentó el tema por medio de un power point; me lo envió y he escrito la presente reseña con los datos expuestos por ella.

Ofelia desarrolló el tema respondiendo a las siguientes preguntas: -“¿Colaboras en el ministerio de tu esposo? ¿De qué manera? – ¿Qué balance global haces de tu experiencia como esposa de diácono y, en concreto, en relación a la compatibilidad entre el sacramento del matrimonio y el del orden, en el grado del diaconado?”

 

Ofelia y Ramón se casaron en julio de 1971 y Ramón, que es médico de profesión, fue ordenado diácono en el año 2009.  Así pues, Ofelia tiene experiencia en la vivencia de la doble sacramentalidad –matrimonio y diaconado-. En su invitación de boda escribieron esta cita bíblica: “Más valen dos que uno solo, porque logran mejor el fruto de su trabajo” (Eclesiastés 4, 19). Y una de las peticiones de la Eucaristía de su matrimonio rezaba así: “Por todos, por ti, por mí, por nosotros, para que seamos una comunidad de amor, abierta a la comprensión y a la generosidad. Roguemos al Señor”. Ya se anunciaba un camino compartido de amor y servicio.

 

Un tiempo después, aparece la familia y el llamado de la Iglesia.

Tras el discernimiento, empieza el camino propedéutico, en el que se ubica un momento decisivo y muy importante: el consentimiento que debe dar la esposa para que el candidato al diaconado pueda ser ordenado. Ofelia lo refiere así: “Pienso que es un paso fundamental, para el diácono y para la esposa. Decir que SÏ no corresponde solo al esposo; es una decisión que debe tomar la pareja, que debe ser bien pensada, dialogada y, sobre todo, despojada de embullo, interés o soberbia. En nuestro caso lo pensamos, lo colegiamos y aceptamos los retos que nos impondría esta nueva forma de vida matrimonial, lo que pienso que ha sido nuestra mayor fortaleza en estos años”.

En los años de preparación, fueron importantes los encuentros y retiros que tuvieron los prediáconos y sus esposas con el formador y el obispo. Estos encuentros de formaciónle permitieron conocer otras personas que también transitaban hacia una nueva modalidad de vida conyugal. En estos años de preparación, comenzó a poner en práctica lo que habían conversado y colegiado: la necesaria redistribución del tiempo, respetando los espacios de estudio colectivo y personal de su esposo, asumiendo algunas de sus tareas familiares para que pudiera dedicar ese tiempo a su formación.

Llegó el momento de la ordenación de su esposo y la consiguiente colaboración en su ministerio.

Durante los años de ordenado, Ofelia y Ramón han tratado de consolidar las metas que se propusieron el día de su matrimonio. Han compartido tareas religiosas; Ofelia ha apoyado su actividad ministerial animándolo, participando en las celebraciones, preparando sus ornamentos; pero sobre todo, siempre ha tratado de respetar sus responsabilidades como diácono.

Alguna de las actividades religiosas que comparten son:

– Obra de Navidad, ayudando a montar las representaciones que se realizan en la Casa de misión que Ramón atiende,

– “Oración de las madres”, proyecto internacional en el que las madres se reúnen, leen un texto bíblico, cantan y oran por sus hijos. Ofelia lo dirige y Ramón colabora explicando la lectura bíblica,

– Durante varios años, un sábado de cada mes, colaboraron juntos en un proyecto para la animación de las catequesis en zonas rurales.

– Participan juntos en Encuentros ecuménicos,

– Colaboran en la animación de la Fiesta Patronal,

– Comentan juntos las lecturas del día,

– Y todas las noches, al acostarse, oran juntos.

Los diáconos con sus esposas se encuentran para realizar juntos distintas actividades. Estos encuentros son momentos inolvidables que les permiten divertirse, rezar, formarse, compartir, hacer nuevas amistades y, sobre todo, crecer en la fe y el compromiso. Con los demás diáconos y esposas han logrado una gran familia, ¡la familia diaconal!

Haciendo un balance global de estos años, Ofelia considera que, además de consolidar las metas que se propusieron en el día de su matrimonio, en ningún momento la vivencia del diaconado ha entorpecido su vida matrimonial o familiar, sino que viven su amor con mayor intensidad, han resultado fortalecidas sus responsabilidades como esposos, padres y abuelos y su fe ha madurado enormemente.

Lógicamente ha habido momentos de tensión, sobre todo cuando han surgido imprevistos en la programación de sus actividades religiosas, que han chocado con la programación familiar que teníamos, pero siempre ha predominado el sentido común, el diálogo, la comprensión, la confianza y la generosidad de ambos y sobre todo la fuerza del Espíritu Santo, que nos ha ayudado en todo momento a armonizar la vida familiar y la diaconal.

En síntesis, Ofelia afirma que el diaconado de su esposo ha enriquecido su vida matrimonial y familiar y ha hecho crecer su fe.

Al finalizar su exposición, Ofelia invitó a las demás esposas de diáconos a compartir sus experiencias de doble sacramentalidad, intentando responder a las mismas preguntas que ella había contestado:

-¿Colaboras en el ministerio de tu esposo? ¿De qué manera?

– ¿Qué balance global haces de tu experiencia como esposa de diácono y, en concreto, en relación a la compatibilidad entre el sacramento del matrimonio y el del orden, en el grado del diaconado?

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