A la muerte de un amigo.

Se publica esta carta testimonio de un diáconos que será archivada en el apartado de Testimonios de la web. Es una invitación a quienes deseen enviar testimonios diaconales, en el apartado de Testimonios los podrán consultar.

(Carta de despedida del diácono  permanente Juan Múgica al monje cisterciense Padre  Jesús María Hernández Basurko, fallecido el domingo día 20 tras muchos años de lucha contra el cáncer)
Este verano ha sido un verano raro, por primera vez mi mujer y yo disfrutábamos de unas vacaciones partidas, 15 días en Julio y 15 en Septiembre. Lo raro acaece en Septiembre, de principio nos disponíamos a ir a Córcega con la auto caravana, pero en mi corazón aparece una intuición que me hace proponerle a mi esposa Raquel un cambio de planes, ir a la isla canaria de la Palma para ver a nuestro amigo Jesús Mª pues sentía que me tenía que despedirme de él. Convaleciente de su enfermedad, en pleno tratamiento de quimioterapia, la visita tenía que ser breve pues se cansaba enseguida. Nos comunicamos con él, pero nos comentó que para pocos días suponía un coste económico alto, de forma que nos pusimos a hacer el Camino de Santiago, un antiguo proyecto.
Es en el camino donde nos llega la noticia de su muerte, su corazón cansado dejó de latir el domingo.
En estos momentos, agradecido, recuerdo como hice con el todo mi proceso de discernimiento para el diaconado permanente. De él aprendí que era el diaconado y su espiritualidad, así como las claves fundamentales para cuidar de mi vocación.
Desde el principio, en nuestros diálogos, me dejó claras varias cosas, la primera y la más importante que no me preocupase tanto, que me dejara conducir por el Padre, que al final Él me colocaría en donde quería que estuviese. Menos cabeza y más corazón. Pude comprobar en mis carnes como tenía razón, “Señor aquí estoy…”
Insistía mucho en que no éramos sacerdotes y que desgraciadamente esa era una pelea nuestra que teníamos que llevar adelante pues ante la falta de sacerdotes la tentación sería grande, la de convertirnos en curas de “segunda”. Teníamos que enseñar a nuestra Iglesia cual era el lugar como diáconos permanentes.
Me recordaba que primero soy casado y padre y luego diácono, que debía ser exquisito en el cuidado de las relaciones matrimoniales y familiares, insistía de la importancia de guardar el equilibrio. La mujer no debería sufrir por el diaconado de su marido.
Cuando hablábamos de la Iglesia siempre me decía que teníamos que estar tranquilos, que la Iglesia no es de los hombres que la Iglesia es de Dios, y que el Espíritu Santo siempre la guiara.
En mi proceso vocacional encontré dificultades para asumir el tema de la obediencia, él siempre me tranquilizaba, me daba paz escucharle cuando me decía que él era monje, que la obediencia es una obediencia fraterna, nunca una obediencia de esclavo, que nuestros superiores en dialogo con nosotros harán que la obediencia sea asumible desde la fraternidad.
Su mayor insistencia era que si no estábamos con los pobres, nos equivocábamos de plano, la palabra y la liturgia sin los pobres no era lo nuestro, que por nuestro carácter de hombres casados teníamos unas posibilidades especiales para estar con los que sufren, que era fundamental estar en la calle con ellos. Estaba encantado con las palabras del Papa Francisco, pastores con “olor a oveja”.
Pero la gran lección me la dio al final de su vida, con esa lucha contra el cáncer que le debilitó y le puso muchas veces al borde de la muerte. Tenía asumida la muerte, la tenía ya como compañera y esperaba el descanso en los brazos amorosos del Padre, al que tanto quería.
Su muerte nos llega, a mi mujer y a mí, en la cuarta etapa del camino de Santiago, me alcanza en el camino, donde él decía que teníamos que estar los diáconos, caminando con la gente, en la vida real, en los lugares donde se sufre, donde hay metas y proyectos, esperanzas y alegrías, donde los hombres y mujeres comparten la vida, ese es el camino.
Hoy, cuatro días después de su muerte, en la página web del monasterio se siguen publicando sus últimas lectios  divinas, la de la semana 25  del tiempo ordinario; 4 años de publicación semanal. Las oraciones de nuestra web “Servir” son en su mayoría de él.
A muerto un amigo, un hombre de Dios que amaba a los diáconos permanentes, un hombre que me enseño que es ser imagen de Jesús Servidor.
Jesús Mª un abrazo y hasta pronto.
 
Diac. Juan Múgica
Enlace a su ultima oración

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