El ministerio del diácono, servicio en los diferentes contextos pastorales

Diác. Gonzalo Eguíak
Coordinador de Servir en las periferias
Bilbao, España, 1 de octubre de 2019

El ministerio del diácono, servicio en los diferentes contextos pastorales

Durante este mes de septiembre pasado el Papa Francisco ha realizado dos manifestaciones en relación explícita al ejercicio del ministerio diaconal.

La primera tuvo lugar el día 7, en la Catedral de Andohalo -Antananarivo​-, en el marco del encuentro con los obispos de Madagascar, el Papa afirmaba:

«Y, a propósito de los diáconos: los diáconos tantas veces sufren la tentación del clericalismo, se sienten presbíteros u obispos fallidos… No. El diácono es el custodio del servicio en la Iglesia. Por favor, no tengáis los diáconos en el altar: que hagan el trabajo fuera, en el servicio. Si deben ir en misión a bautizar, que bauticen: está bien. Pero en el servicio, no hacer sacerdotes fallidos».

La segunda intervención papal se produjo el pasado día 25, en la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, en Roma, en el marco de la catequesis sobre el libro de los Hechos de los Apóstoles, el Papa afirmó:

«Se trata de diáconos que han sido creados para esto, para el servicio. El diácono en la Iglesia no es un sacerdote de segunda categoría, es otra cosa; no está para el altar, sino para el servicio. Es el custodio del servicio en la Iglesia. Cuando a un diácono le gusta demasiado subir al altar se equivoca. Ese no es su camino. Esta armonía entre el servicio a la Palabra y el servicio a la caridad representa la levadura que hace crecer el cuerpo eclesial»-

Con el deseo de ofrecer una exégesis de las palabras del Papa Francisco, parece conveniente volver sobre la explicitación del ministerio diaconal y el ejercicio de sus funciones propias que ha hecho la Iglesia Universal, sirvan como sencillas referencias el pensamiento expresado al respecto en el Catecismo de la Iglesia Católica -CIC-, en las «Normas básicas para la formación de los diáconos permanentes» -NBFDP-, y en el «Directorio para el Ministerio y la vida de los diáconos permanentes» -DMVDP-.

En el número 1570 del Catecismo de la Iglesia Católica podemos leer:

«Los diáconos participan de una manera especial en la misión y la gracia de Cristo (cf LG 41; AG 16). El sacramento del Orden los marco con un sello («carácter») que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo que se hizo «diácono», es decir, el servidor de todos (cf Mc 10,45; Lc 22,27; San Policarpo de Esmirna, Epistula ad Philippenses 5, 25,2). Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad (cf LG 29; cf. SC 35,4; AG 16).

«El ministerio del diácono en los diferentes contextos pastorales», así se denomina el tercer epígrafe de las NBFDP de la Santa Sede. En los números 9 y 10 de este documento, citando el artículo número 29 de la Constitución Dogmática Lumen Gentium, y la Carta Apostçolica Ad Pascendum, se recuerda que:

«9. El ministerio del diácono se caracteriza por el ejercicio de los tres munera propios del ministerio ordenado, según la perspectiva específica de la diaconía.

Con referencia al munus docendi, el diácono está llamado a proclamar la Escritura e instruir y exhortar al pueblo. Esto se expresa por la entrega del libro de los Evangelios, prevista en el rito mismo de la ordenación.

El munus sanctificandi del diácono se desarrolla en la oración, en la administración solemne del bautismo, en la conservación y distribución de la Eucaristía, en la asistencia y bendición del matrimonio, en presidir el rito de los funerales y de la sepultura y en la administración de los sacramentales. Esto pone de manifiesto cómo el ministerio diaconal tiene su punto de partida y de llegada en la Eucaristía, y que no queda reducido a un simple servicio social.

En fin, el mundus regendi se ejerce en la dedicación a las obras de caridad y de asistencia, y en la animación de comunidades o sectores de la vida eclesial, especialmente en lo que concierne a la caridad. Este es el ministerio más característico del diácono.

10. Las líneas de la ministerialidad originaria del diaconado están, pues, como se deduce de la antigua praxis diaconal y de las indicaciones conciliares, muy bien definidas. Pero, si dicha ministerialidad originaria es única, son, en cambio, diversos los modelos concretos de su ejercicio, que deberán ser sugeridos, en cada ocasión, por las diversas situaciones pastorales de cada Iglesia. Modelos que, obviamente, habrán de tenerse en cuenta al programar el iter formativo.

Por último, el número 39 del DMVDP, bajo el epígrafe de «La misión canónica de los diáconos permanentes» explicita la armonía en la que debe producirse el ejercicio de los tres munera propios del ministerio ordenado:

«Los tres ámbitos del ministerio diaconal, según las circunstancias, podrán ciertamente, uno u otro, absorber un porcentaje más o menos grande de la actividad de cada diácono, pero juntos constituyen una unidad al servicio del plan divino de la Redención: el ministerio de la Palabra lleva al ministerio del altar, el cual, a su vez, anima a traducir la liturgia en vida, que desemboca en la caridad: «Si consideramos la profunda naturaleza espiritual de esta diaconía, entonces podemos apreciar mejor la interrelación entre las tres áreas del ministerio tradicionalmente asociadas con el diaconado, es decir, el ministerio de la Palabra, el ministerio del altar y el ministerio de la caridad. Según las circunstancias una u otra pueden asumir particular importancia en el trabajo individual de un diácono, pero estos tres ministerios están inseparablemente unidos en el servicio del plan redentor de Dios».​

Por último, en el número 3 de la Declaración conjunta de las NBFDP y del DMVDP se puede leer:

«El diaconado permanente constituye un importante enriquecimiento para la misión de la Iglesia. Ya que los munera que competen a los diáconos son necesarios para la vida de la Iglesia, es conveniente y útil que, sobre todo en los territorios de misiones, los hombres que en la Iglesia son llamados a un ministerio verdaderamente diaconal, tanto en la vida litúrgica y pastoral, como en las obras sociales y caritativas «sean fortalecidos por la imposición de las manos transmitida desde los Apóstoles, y sean más estrechamente unidos al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado».

Con estas referencias parece lógico interpretar que el Papa Francisco:
Al afirmar que «El diácono en la Iglesia no es un sacerdote de segunda categoría» pretende situar al diácono en un ministerio propio y diferenciado del ministerio presbiteral, un «grado propio y permanente dentro de la jerarquía» (LG 29).
Esta identidad propia -como la del presbítero y del obispo- debe combatir siempre contra el «clericalismo», denuncia permanente en el pensamiento del Papa Francisco.
El papa solicita que el ministerio diaconal sea vivido en una armonía de sus funciones evangelizadoras, caritativas y litúrgicas.
El Pontífice al afirmar que el «diácono es el custodio del servicio en la Iglesia» -otra de las constantes del pensamiento del Papa en relación con el ministerio diaconal-, hace un subrayado del «servicio» como actitud fundamental del ministerio diaconal. Servicio que se desarrolla en el triple ministerio diaconal, al servicio del Pueblo de Dios y del Mundo.
Está claro que el Papa, en la estela del Magisterio expuesto anteriormente, entiende que el servicio al altar es constitutiva del ministerio diaconal, pero parece que insiste en que este servicio se desarrolle con un sentido de servicio y vinculado al ministerio caritativo y al evangelizador.
Hemos conocido que entre los 185 participantes de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, que se celebrará del 6 al 27 de octubre en el Vaticano, habrá tres personas vinculadas al diaconado: El diácono Francisco Salvador Pontes Filhom, presidente de la Comisión Nacional de los diáconos de Brasil, refrendado por la Comisión Episcopal responsable para el Sínodo; el diácono Francisco Andrade de Lima, secretario ejecutivo de la zona diaconal brasileña Regional Norte 1, participará como invitado del Sínodo; y el candidato al diaconado permanente francés, de la diócesis de Cayena y miembro de la etnia Wayana, Aikumale Alemin.

En relación con el Sínodo, el Informativo aporta las palabras del cardenal Marx, presidente de la Conferencia Episcopal alemana, sobre la posibilidad de ordenar sacerdotes casados bajo ciertas condiciones y en ciertas regiones. En este mismo sentido se manifiesta el administrador apostólico de Yurimaguas en Perú, al afirmar porque razón algunos diáconos no podían ser ordenados sacerdotes, y al preguntarse ¿Qué es mas importante, el celibato o la Eucaristía?.

Desde Colombia nos llega la noticia de los pasos que la Conferencia Episcopal está dando en la revisión de los criterios de formación para el Diaconado Permanente, especialmente los relacionados con las dimensiones humana-conyugal, espiritual, intelectual y pastoral.

En México se anuncia el XVII Encuentro Nacional de diáconos permanentes de México, a realizar en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, del 23 al 26 de octubre. Contará como ponente y director del retiro con el presbítero Ramón García Reynoso (doctor en teología espiritual) de la Universidad Pontificia de México.

En Brasil la Conferencia Nacional de los obispos de Brasil ha llevado a cabo, entre el 9 y el 13 de septiembre, la segunda edición del Curso misionero para diáconos permanentes.

Desde Argentina se informa que la archidiócesis de Buenos Aires sigue dando pasos hacia las primeras ordenaciones diaconales. El obispo auxiliar Gustavo Carrara explica el sentido de la institución de los Ministerios del Lectorado y el Acolitado, en el camino hacia la ordenación diaconal.

En el apartado de Testimonios destacan los de los diáconos Alirio Cáceres Aguirre, que evangeliza por medio del mimo, y el del diácono chileno Miguel Haggar.

El mes de octubre que hoy estrenamos da comienzo al «Mes Misionero Extraordinario 2019: evangelización, fe y testimonio», con el fin de celebrar el centenario de la Carta Apostólica Maximum Illud del Papa Benedicto XV, una buena oportunidad para reavivar la conciencia bautismal del Pueblo de Dios en relación con la misión de la Iglesia.

Este mes también seremos testigos del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, con tantas repercusiones para el área geográfica del Informativo, y muy probablemente para toda la Iglesia Universal. Activemos nuestra oración para que el Sínodo ofrezca a la Iglesia frutos del Espíritu Santo.

En nombre del Equipo Coordinador y de Redacción, un abrazo fraterno.

Gonzalo Eguía

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