Familia que escribe unida

Diácono Miguel Ángel Herrera, de Santiago de Chile

La Vicaría del Clero del Arzobispado de Santiago de Chile, organizó un Concurso de cuentos breves sobre la vida y el ministerio de los diáconos, que se desarrolló en tres categorías: “Esposas de diáconos”, “Hijos o hijas de diáconos” y “Diáconos”.

El sábado 10 de agosto, recién pasado, Día de San Lorenzo, patrono de los diáconos, después de la celebración eucarística efectuada en la Catedral de Santiago, que presidió Monseñor Celestino Aós, Administrador Apostólico de la arquidiócesis, se hizo una convivencia de los diáconos y sus familias, en la que se entregaron los premios de este Concurso.

Quiero decirles, con mucha alegría, que mi familia también participó en este Concurso de cuentos. En la Categoría “Esposas de diáconos”, el primer lugar fue para mi esposa Sary Alarcón Olave, por el cuento “Los diáconos sesgados”, que comparto a continuación:

Los diáconos “sesgados”

Los diáconos acordaron que siempre andarían por los caminos angostos, siguiendo las huellas del Maestro Servidor.
Pero un día, hubo un gran revuelo, ya que los diáconos que salieron, más allá de las fronteras, comenzaron a ser tratados, por sus propios colegas, como “torcidos” por andar con “gente de vida torcida”, y a ser vistos como “tendenciosos”, por buscar el entendimiento con “personas que tenían ideas contrarias a nosotros“.

El Maestro los llamó y les dijo que “no bastaba andar por su camino, ni querer ser pobres como Él”.

En este tiempo, ellos debían “torcerse con los torcidos, ladearse con los ladeados, sesgarse con los sesgados”.
Sólo así podrían encontrar e integrar a esa “oveja perdida”, que Él sigue amando.

En la categoría “Hijos e hijas de diáconos”, el primer lugar del Concurso fue para nuestra hija mayor Sara Andrea Herrera Alarcón, con el cuento “La casa en medio del bosque”, que comparto en seguida:

La casa en medio del bosque

En medio del bosque, donde se acaparan los bienes y donde se dejó de compartir, se hace alarde de las posesiones y de los logros materiales.

En ese bosque, donde los poderosos abusan -cada vez más- de los débiles, hay una casa agradable, donde se puede conversar de todo y respetar al otro.

En esa casa vive una familia, en la que se bendicen los alimentos y hay espacios disponibles para otros invitados.

En esa casa, hay un padre y una madre, que se aman, que luchan por sus hijos, y que dan sus vidas por su comunidad.

Ese padre, que quiere mejorar el bosque, es diácono de Jesús, y enviado de su familia.

Además, nuestra primogénita Sara Andrea, obtuvo el tercer lugar, con el cuento “Los superhéroes”, que comparto a continuación:

Los superhéroes

Los superhéroes combatían a otros superhéroes, para ver quién era el más poderoso.

Hasta que un día, se dijeron: “¿Y si -por amor al Glorioso- nos unimos mejor, para brindar juntos, un super servicio?

Y así, se creó la Liga del Servicio, que estaba integrada, entre otros, por los siguientes superhéroes:
Capitán Diácono, evangelizando en las fuerzas armadas; Verdón, luchando por el cuidado de la Casa común; Cobrizo, iluminando a los mineros; Laborín, luchando por la justicia para los trabajadores; Pobladiac, animando la organización de los pobladores; Edudiac, dando sus poderes a los estudiantes; y muchos más.
Y cada día, se iban sumando nuevos superhéroes, que tenían esposas superheroínas, que -juntos- se dedicaban al servicio de toda la humanidad.

Finalmente, yo obtuve el segundo lugar, en la categoría “Diáconos”, con el cuento “El llamado fue en las islas”, que se puede leer aquí:

El llamado fue en las islas

Llevaban cuatro años de matrimonio y no les llegaban los hijos. En ese tiempo de escucha, fueron a misionar a las islas Butachauques de Chilóe.

Visitaron muchas casas y la lluvia los empapó a cada instante. Pudieron constatar la pobreza de las personas, especialmente de las mayores, los más aislados, en las islas más aisladas.

Compartieron la Palabra de Dios y animaron a familias y jóvenes a perseverar en el camino de la fe y del compromiso con su comunidad.

Al regresar, tuvieron la claridad de que el diaconado sería su camino para andar con Jesús, sirviendo a los más aislados de la sociedad.

Y en los años siguientes, tuvieron tres hermosas hijas.

Además, el cuento que titulé “El lavado de los pies”, obtuvo una Mención honrosa, en la categoría “Diáconos”. En seguida se los comparto:

El lavado de los pies

El diácono visitó a la joven enferma de cáncer, que estaba acompañada por su madre y por su hija de ocho años, que jugaba cerca de ella.

Era la víspera de la Semana Santa. Meditaron juntos un texto del Evangelio y oraron por su recuperación.
Al finalizar esta pequeña liturgia, el diácono le lavó los pies, para renovar su sagrado bautismo, para implorar por su salud y para recordar lo que se hizo un jueves santo.

Cuando secó sus pies y los besó, el diácono sintió que las lágrimas que cayeron de sus ojos, eran las lágrimas de amor de Jesús, para todos los seres humanos.

Pocos días después, la joven murió, entregada al Señor.

Como se puede apreciar, si hay un dicho que dice: “Familia que reza unida, permanece unida”, en este caso, podríamos decir, “Familia que escribe unida, seguirá escribiendo unida”. Obviamente que -como familia- estamos unidos en el amor y en el servicio, en nuestra Iglesia y en nuestra desafiante realidad local. ¡¡Gracias Señor Jesús!!

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