Diác. Gonzalo Eguía
Coordinador de Servir en las periferias
Bilbao, España, 1 de julio de 2017

Este mes hemos conocido que el Consejo de Cardenales (C9), en su XX reunión, había recomendado al Papa “la posibilidad de transferir algunos poderes de los dicasterios romanos a los obispos locales o a las Conferencias Episcopales, con un espíritu de descentralización saludable”. Se ponían varios ejemplos, la posibilidad de una mayor consulta para la elección de obispos, y varias propuestas relacionadas con el diaconado permanente: la aprobación por parte de las Conferencias Episcopales o de los obispos locales de un nuevo matrimonio de un diácono permanente viudo, la aceptación al orden sagrado de un diácono permanente viudo, o el examen y autorización de la ordenación sacerdotal de diáconos no casados. Estas posibilidades tienen sus repercusiones eclesiales dentro de una Iglesia de Comunión y en relación con el diaconado permanente.

En primer lugar, estas propuestas están en consonancia con el impulso que el Papa Francisco ha dado a la Sinodalidad de la Iglesia. Por expreso deseo del Papa, las consultas para los Sínodos están llegando a las Comunidades cristinas, de forma que los Padres sinodales puedan tener un mayor conocimiento de la realidad sobre la que tienen que discernir; así ha ocurrido con las dos últimas sesiones del Sínodo de los Obispos sobre la Familia, y sobre el próximo del año que viene sobre la Juventud.

Sinodalidad y Colegialidad son dos palabras usuales en el magisterio del Papa Francisco. Ya en la Exhortación Evangelii Gaudium insistía en el peligro de una centralización por parte de la Curia Vaticana: “El Concilio Vaticano II expresó que, de modo análogo a las antiguas Iglesias patriarcales, las Conferencias episcopales pueden «desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta» Pero este deseo no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal. Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera” (nº32), invitándonos a vivir el diálogo ecuménico con los hermanos ortodoxos para aprender “algo más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad. A través de un intercambio de dones, el Espíritu puede llevarnos cada vez más a la verdad y al bien” (nº 246).

En segundo lugar, no es baladí que entre los ejemplos concretos sobre este proceso de descentralización en favor de las Iglesias locales y de las Conferencias Episcopales, junto al importante tema de la designación de obispos, se comenten cuestiones prácticas referidas al diaconado permanente. En definitiva, se está hablando de la relevancia del discernimiento de toda la Comunidad cristiana, del valor de lo cercano, de la responsabilidad del obispo local junto a su grey, y de este con sus hermanos obispos reunidos en Conferencia Episcopal.

En el diario vivir y desarrollo del diaconado permanente en las Iglesias locales van suscitándose situaciones diversas, algunas reseñadas por el C9 y muchas otras, que tienen que afrontarse desde la vida cotidiana de cada iglesia local vinculada a las Iglesias hermanas más cercanas, en comunión con la Iglesia universal. En este proceso es de primer orden escuchar, acoger, acompañar… las situaciones concretas que se suscitan en cada momento y lugar. Se impone que las experiencias diaconales sean discernidas comunitariamente, con el acompañamiento y supervisión del obispo local y de este con el resto de hermanos obispos reunidos en Conferencia Episcopal.

En este ejercicio de discernimiento el Papa Francisco acaba de instituir la Jornada Mundial de los Pobres, convocando la primera para el día 19 de noviembre, y enviando el primer mensaje para esa Jornada bajo el título “No amemos de palabra, sino con obras”. Esta Jornada debiera de tener un eco especial entre los diáconos, enviados de forma especial a ejercer el ministerio en favor de los más desfavorecidos.

Como ya señalamos en su día, este año tiene varias efemérides en relación con el diaconado permanente, acabamos de celebrar el cincuenta aniversario de la Carta Apostólica en forma de Motu Propio del Papa Pablo VI "Sacrum Diaconatus Ordinem", por la que se promulgaban las normas generales para la restauración del diaconado en la Iglesia latina según la decisión del Concilio Vaticano II.

En relación con CELAM destacan dos noticias. La Presidencia del CELAM ha realizado una visita al Santo Padre y a los Dicasterios de la Santa Sede, entre estas visitas destaca la mantenida con la Congregación del Clero en la que se dialogó sobre el Diaconado Permanente. Además, el Departamento de Vocaciones y Ministerios ha publicado el libro “Los diáconos: apóstoles en las nuevas fronteras”, en el que se recoge lo más significativo del II Congreso Latinoamericano y del Caribe de Diaconado Permanente, celebrado en Itaicí en el año 2011. El CELAM ha encomendado a esta web la custodia del resto de material del II Congreso, que puede consultarse en el apartado “Congresos y Encuentros”.

Dos reuniones tienen su eco en el Informativo, el XIV Congreso Nacional de Diaconado Permanente de Colombia que ha tenido como lema “Servidores de la Reconciliación y la comunión”, y el Encuentro Nacional de delegados diocesanos y formadores de diáconos permanentes de Argentina.

En el apartado de “mujer” se exponen varios artículos sobre el Seminario “Mujeres y Diaconado” organizado por la Asociación de Teólogas Españolas. Destaca la entrevista concedida a esta web por la presidenta de la Asociación Silvia Martínez Cano. El Informativo también se hace eco del artículo recientemente publicado por la Editorial Herder en "La Civiltà Cattolica Iberoamericana" número 2, sobre "La mujer y el diaconado". De igual forma se recoge la noticia de las declaraciones del recién creado Cardenal Monseñor Andres Arboreliu, obispo de Estocolmo, sobre el interés que tiene por las conclusiones de la Comisión Vaticana de estudio sobre el diaconado femenino, así como de la necesidad de un mayor reconocimiento por parte de la Iglesia del papel de la mujer.

En relación con las iglesias locales recogemos dos artículos relacionados con el obispo de Coímbra, Monseñor Virgilio Antunes, presidente de la Comisión Episcopal portuguesa de vocaciones y ministerios, en los que considera que el diaconado “es una riqueza” para la Iglesia de Portugal.

En nombre del Equipo de Redacción y Coordinación, un fraternal abrazo

 

Fotografia: Celebración inicio Sínodo Santiago de Chile (abril 2017) iglesiadesantiago.cl