Publicamos este interesante material de la corresponsal de "Servir en la periferias"  Montserrat Martínez. Una diocésis española le había solicitado un guión para que pudiera ser trabajado por la esposa de un diaconando, cuando este realice los ejercicios espirituales previos a la ordenación. Agradecemos a Montserrat su aportación.

 

Reflexión y plegaria

* Tu esposo va a recibir el sacramento del orden en el grado del diaconado. La gracia que recibió cuando fue bautizado ha dado sus frutos; su fe ha ido creciendo y madurando. Ha llegado el momento en que la llamada que Cristo hace a todos sus discípulos se va a concretar en su respuesta al Señor, en el servicio a la Iglesia y a los hermanos por medio del ministerio diaconal.

- ¿A qué me llama mi condición de bautizada?

- ¿A qué me llama mi condición de esposa de diácono?

* Habéis hecho juntos el discernimiento de la vocación, juntos habéis recorrido el camino propedéutico. Ahora, a las puertas de su ordenación, se te pide que des tu consentimiento. Esta condición para que él sea ordenado tiene su razón de ser; no se concibe un diácono casado cuya esposa no esté de acuerdo con el diaconado de su marido y que, de alguna forma, lo apoye. El consentimiento que vas a dar va a hacer posible que él sea ordenado. Es un Sí eco del Sí que os disteis al expresar vuestro consentimiento matrimonial; es un Sí libre y generoso, abierto y comprometido.

- ¿Qué supone para mí dar el consentimiento que voy a dar para que mi esposo sea ordenado?

- ¿Cómo pienso acompañar el ministerio diaconal de mi esposo?

* Pero esto no significa que la nueva etapa que vais a emprender juntos esté libre de dificultades. Algunas ya las conocéis; la vida de casados implica gozo y renuncia, penas y alegrías, satisfacción y dificultades. Todo ello se ha multiplicado en el tiempo de preparación al diaconado: horas de estudio, poco tiempo libre y de dedicación a la familia, cansancio… Si cabe, la situación se va a complicar más cuando él ya sea diácono: la misión pastoral, formación continuada, reuniones, encuentros…, muchas veces los presbíteros con que los diáconos forman equipo, y tampoco los obispos, no tienen en cuenta que el diácono tiene una esposa y una familia que atender, un trabajo que cumplir y un espacio personal que proteger y alimentar. Una de las tareas más importantes que tiene el diácono casado es procurar el equilibrio entre su realización personal, su familia, su ministerio y su trabajo. En cada caso las dificultades pueden ser muy distintas, teniendo en cuenta la personalidad de

cada uno, la situación laboral y económica de los esposos, la edad de los hijos, si hay o no abuelos en casa, etc.

Pero no es una situación fácil.

- ¿Qué dificultades reales veo que puede haber en mi matrimonio y en mi familia cuando mi esposo sea diácono?

* ¿Cómo puedo/podemos solventarlo?