Diác. Gonzalo Eguía
Coordinador de Servir en las periferias
Bilbao, España, 1 de febrero de 2017

 

Hay ocasiones en las que escuchamos el término “vocación” referido exclusivamente a la opción por la vida presbiteral o religiosa, reconozco que esta visión de la vocación es parcial y limitada. Don Ricardo Blázquez, el obispo que me ordenó, solía insistir en la necesidad de reconocer las distintas vocaciones que recibimos. Él siempre hablaba de una triple vocación: llamada a la vida (en todo ser humano); convocatoria a seguir a Jesucristo (quienes hemos tenido la dicha de encontrarnos con El); y la elección de una vocación específica en un estado de vida concreto (matrimonial, presbiteral, diaconal, religioso, consagrado). Considero que esta perspectiva de la vocación es más humana, completa y evangélica. Dios tiene un proyecto de vida para cada una y cada uno de nosotros, y estamos invitados a descubrirlo.

Soy un firme defensor de que el testimonio personal, el ejemplo de una vida entregada a un ideal, es el mejor medio vocacional que hay. No es necesario que se trate de una vida perfecta, sin errores, impoluta, cuanto de una vida ofrecida a los demás por y desde el amor.

Podemos pensar en las vidas de tantas personas que conocemos, que se muestran como existencias vividas vocacionalmente. Se trata de mujeres y hombres, matrimonios, religiosos, consagrados, diáconos, presbíteros, que con su vivir sencillo y cotidiano son el mejor reclamo para que también otros se hagan en su corazón preguntas que puedan orientar sus existencias: “¿Me siento invitado a vivir la vida con intensidad?”, “¿Es un regalo inmerecido haber descubierto a Jesús y seguirle?”, Señor, ¿qué quieres que haga con mi vida, donde me quieres?”.

El itinerario de la vocación al diaconado permanente es peculiar frente al de otras vocaciones, tanto por la falta de referencias vocacionales, como por el desarrollo que se ha dado en la Iglesia Universal hacia un diaconado de adultos que comparten la doble sacramentalidad (Matrimonio y Diaconado).

Tras la restauración del Diaconado como ministerio permanente en el Concilio Vaticano II, en la mayoría de las iglesias locales del mundo no hay aún una experiencia consolidada. Es lógico pensar que, en esta situación, haya ocasiones en las que la vocación al ministerio diaconal pueda darse por el principio que podemos denominar “de imitación”. A veces se escucha decir: “yo creo que Dios me llama a entregar mi vida como lo hace este diácono”. Quien busca su propia vocación específica quizás no tenga claro en qué consiste el ministerio de un diácono, pero su ejemplo de vida se convierte en un signo que es comprendido por muchos como una verdadera llamada del Señor.

Además, en estos cincuenta años, aunque el Concilio afirmó que “este diaconado podrá ser conferido a varones de edad madura, aunque estén casados, y también a jóvenes idóneos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato” (LG 29), la práctica generalizada ha sido la de un diaconado de adultos casados. La vivencia de esta doble sacramentalidad en la persona del diácono se muestra como un don para la vida de la Iglesia. No obstante, ante esta realidad también podemos preguntarnos, ¿las diócesis han acompañado las posibles vocaciones de jóvenes al diaconado, discerniendo si la llamada del Señor era a este ministerio o al presbiteral?, ¿o directamente han orientado las vocaciones de jóvenes al ministerio presbiteral, y las de adultos al ministerio diaconal?

Son muchas las diócesis preocupadas por contar con una adecuada pastoral vocacional hacia el diaconado. Todavía es largo el camino que se debe recorrer en este aspecto. Nos jugamos como Iglesia el poder acertar en la tarea irrenunciable de acompañar a cada persona en el reconocimiento de su vocación específica. A este respecto el día 13 de enero hemos conocido la Carta que el Papa Francisco ha dirigido a los jóvenes con motivo de la presentación del Documento Preparatorio para la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en Roma el mes de octubre de 2018, y que tratará el tema de “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Una buena ocasión para poder responder a los interrogantes que el discernimiento vocacional al diaconado genera, tanto en relación con los jóvenes, como con los adultos. Servir en las periferias invita a tomar parte en la contestación al Cuestionario que el Documento Preparatorio aporta. De esta forma se podrá ayudar a que el Documento de trabajo del Sínodo recoja también la peculiaridad de la vocación al ministerio diaconal, junto al resto de vocaciones.

El Informativo de este mes está ampliamente dedicado a la Semana de Oración de los Cristianos que acabamos de celebrar. Incluye un artículo en el que el diácono Xavier Artigas, Delegado de Ecumenismo de la diócesis de Sant Feliu (España) presenta la Semana. Además, aporta la documentación del octavario, unos materiales que pueden servirnos para seguir orando y trabajando pastoralmente en el servicio diaconal al Ecumenismo.

Resulta completamente actual el artículo referido al diácono Víctor Luis Berrio, sobre el ministerio que presta en Panamá con los migrantes cubanos en su camino hacia los Estados Unidos de América. Cuando hay gobernantes que siguen apostando por los muros, las fronteras, las divisiones, las exclusiones, la Iglesia nos apremia para que los diáconos prestemos servicios que favorezcan la comunión y el respeto de todos los derechos humanos, como mediación para la construcción el Reino de Dios.

Comienza este mes de febrero con la celebración mañana de la Presentación del Señor en el templo. Acompañemos a la Sagrada Familia cuando Jesús es reconocido como “Luz de las naciones”. Pongamos nuestro ministerio en manos de María para poder ser portadores de esa Luz en nuestro mundo. Sirva como preparación esta oración que el diácono San Efrén de Siria dirigió a la Virgen en el Himno por el Nacimiento de Cristo:

“Hoy María es para nosotros un cielo, porque nos trae a Dios. El Altísimo se ha anonadado y en Ella ha hecho mansión, se ha hecho pequeño en la Virgen para hacernos grandes (...). En María se han cumplido las sentencias de los profetas y de los justos. De Ella ha surgido para nosotros la luz y han desaparecido las tinieblas del paganismo”.
En nombre del equipo de Redacción y Coordinación, un fraternal abrazo