CONTEXTO SOCIAL DE LA 2ª CONFERENCIA

La experiencia de la primera Conferencia y la conmoción que supuso el anuncio de un nuevo Concilio abrió una expectación sin precedentes

El Concilio Ecuménico Vaticano II, Convocado en enero de 1959 por el Papa Roncalli, hoy San Juan XXIII, se reunió en Roma entre los años 1962-1965, supuso una profunda puesta al día del pensamiento teológico y un rostro rejuvenecido que hacía creíble el mensaje evangélico. El escrute de los signos de los tiempos, acción profética de Juan XXIII con la que se rescató el significado de contemplar la acción de Dios en la historia y el valor teológico que suponía para la vida de la Iglesia, al famoso aggiornamento. Con esta voz italiana, el Papa Roncali resumía con su expresión llana y sincera lo que él esperaba de ese concilio: “Quiero abrir ampliamente las ventanas de la Iglesia, con la finalidad de que podamos ver lo que pasa al exterior, y que el mundo pueda ver lo que pasa al interior de la Iglesia”

 

El mensaje del Papa Juan XXIII en el inicio del Concilio consideraba lo que la Iglesia debía aportar al mundo, marcando el estilo de cómo se tenía trabajar en el Concilio.  El Cardenal Suenens argumentó las dos perspectivas que había que estudiar; ello indujo a los obispos a tomar partido por la elaboración de un esquema sobre la Iglesia que tuviera en cuenta los aspectos ad intra y ad extra. Este sería en cierta manera el cimiento de donde surgiría el espíritu del Vaticano II. permitiendo, con esa actualización, estar abierta al mundo «ad intro, ad extra», las puertas de la Iglesia abiertas hacia dentro y hacia fuera. Conocerse la Iglesia para que sea conocida y trasparente para el mundo.

El Profesor de Historia y Teología en la Universidad de Georgetown John W. O’Malley, SJ,  argumenta que la Constitución Dogmática sobre de la Iglesia, que el propósito yla perspectivateológicade Lumen gentiumrepresenta «ad intra» mientras que la posterior Constitución Pastoral de la Iglesia en el Mundo Moderno, el propósito y la perspectiva teológica de Gaudium et Spes representa "ad extra"

LaConstituciónGaudium et Spes, fue el andamio que soportaría toda la actualización eclesial que sigue llegando hasta nuestros días, nos facilito un modo de expresión novedoso y con un lenguaje alejado de retóricas clericales pasadas que permitió la cimentación de lo que serían las Conferencias Episcopales latinoamericanas posteriores

El Papa Pablo VI publica su encíclica social "Populorum Progressio", en marzo de 1967, supuso un apoyo imaginativo, que estimuló los preparativos de la II Conferencia de Medellín.

El tema de la II Conferencia «La Iglesia en la Actual Transformación de América Latina a la Luz del Concilio», fue para el mundo cristiano latino un arranque espectacular fraguando su propia identidad doctrinal doctrina como su riqueza espiritual y la acción pastoral que se prolongará muchas décadas. Nosotros sólo vamos a tratar el del Diaconado,

Con ocasión de la Conferencia de Medellín tuvo lugar la primera visita de un Papa a América Latina: esta visita de Pablo VI manifestó a muchos, tanto de la Iglesia como de la sociedad, la relevancia de la Conferencia y de los temas a tratar. 

 

Los artículos más novedosos por los que el Diaconado Permanente toma cartas de naturaleza de modo global para las Iglesias latinoamericanas se recogen en el Documento conclusivo y son los siguientes:

III. Recomendaciones pastorales

13. Que se procure la formación del mayor número de comunidades eclesiales en las parroquias, especialmente rurales o de marginados urbanos. Comunidades que deben basarse en la Palabra de Dios y realizarse, en cuanto sea posible, en la celebración eucarística, siempre en comunión con el obispo y bajo su dependencia.

La comunidad se formará en la medida en que sus miembros tengan un sentido de pertenencia (de "nosotros") que los lleve a ser solidarios en una misión común, y logren una participación activa, consciente y fructuosa en la vida litúrgica y en la convivencia comunitaria. Para ello es menester hacerlos vivir como comunidad, inculcándoles un objetivo común: el de alcanzar la salvación mediante la vivencia de la fe y del amor.

14. Para la necesaria formación de estas comunidades, que se ponga en vigencia cuanto antes el diaconado permanente y se llame a una participación más activa en ellas a los religiosos, religiosas, catequistas especialmente preparados y apóstoles seglares.

Realidad de la Iglesia en América Latina

1. "América Latina presenta una sociedad en movimiento, sujeta a cambios rápidos y profundos". Esto repercute sobre la misma Iglesia y le exige una postura frente a esta situación. La Iglesia Latinoamericana debe expresar su testimonio y su servicio en este continente, enfrentado con problemas tan angustiosos como los de la integración, desarrollo, profundos ca
mbios y miseria.

Por otra parte, frente a los múltiples problemas de tipo estrictamente religioso, la Iglesia se encuentra con un número cada vez más escaso de sacerdotes, con estructuras ministeriales insuficientes y a veces inadecuadas para una eficaz labor apostólica.

En este contexto ubicamos la formación del clero, que debe ser instrumento fundamental de renovación de nuestra Iglesia y respuesta a las exigencias religiosas y humanas de nuestro continente.

Estado actual de la formación del clero

2. La restauración del Diaconado permanente y los problemas particulares que plantea hoy la existencia sacerdotal, nos llevan al estudio de la situación actual de la formación del clero.

Diaconado permanente

3. En algunos países de América Latina se adelantan experiencias de formación de diáconos que, por ser tan incipientes, no ha alcanzado el suficiente grado de madurez que permita su evaluación. Con todo, se nota que la restauración del Diaconado permanente ha surgido teniendo en cuenta determinadas exigencias pastorales. Esto ha dado lugar a una relativa pluralidad de formas en la concepción y preparación de los candidatos a diáconos, de acuerdo con los ambientes.

Diaconado

33. Señalamos a continuación algunas orientaciones generales relativas a la formación para el Diaconado permanente.

  • a) Factor indispensable en la formación del futuro diácono será el recíproco aporte entre éste y la comunidad. Es decir, que el candidato madure su formación actuando en la comunidad y ésta también contribuya a formarlo. Además, los métodos de formación habrán de tener en cuenta la sicología del adulto, excluyendo todo tipo de formación masiva y utilizando los métodos activos.
  • b) La primera preocupación de los responsables en la formación de los futuros diáconos, ha de ser la de capacitarlos para crear nuevas comunidades cristianas o alentar las existentes, a fin de que el Misterio de la Iglesia pueda realizarse en ellas con mayor plenitud.
  • c) En vista de lo anterior, es necesario suscitar en los candidatos una espiritualidad diaconal propia que en los casados se debe conjugar con una auténtica espiritualidad conyugal.
  • d) Dada la diversidad de tareas en que habrá de ejercerse el ministerio diaconal en América Latina, será necesario que la formación intelectual sea a la vez adecuada a las funciones que han de cumplir y al nivel cultural del ambiente.
  • e) De acuerdo con las condiciones de la Iglesia en América Latina, en la formación del diácono se cuidará también de capacitarlo en orden a una acción efectiva en los campos de la evangelización y del desarrollo integral.
  • f) Se recomienda que existan en la diócesis, región o país, equipos responsables de formación de los candidatos que podrán estar integrados por presbíteros, diáconos, religiosos y laicos.

El articulado de la II Conferencia ha establecido la importancia del Diaconado Permanente para las comunidades cristianas, pero es un tema minoritario aunque muy importante. Los derroteros que tomaría la Iglesia Latinoamericana con la opción preferencial por los pobres, la teología de la liberación, la urgencia de evangelizar, etc..,  son temas importantes, lo que supone para nosotros es que Medellín es un fruto primerizo de la renovación que supuso el Concilio. Los obispos allí reunidos aportaron la experiencia de vida de las comunidades cristianas, como una presencia profética recogida en el documento de Medellín.

     

       Pepe Rodilla Martínez