Diác. Gonzalo Eguía
Coordinador de Servir en las periferias
Bilbao, España, 1 de Noviembre de 2016

 

En la portada del Informativo destaca la imagen de un diácono con un corazón abierto. Un corazón iluminado por el Espíritu. Un corazón que sirve a este mundo roto y enredado en alambre de espino, que al pasar por la Eucaristía se convierte únicamente en una rama con hojas que tiene como meta la luz y la belleza de lo creado. Y en medio de este misterio la Cruz de Cristo abarcándolo todo.

En otras editoriales nos hemos referido a la identidad del ministerio diaconal, así como a la necesidad de reactivarlo e impulsarlo. En este sentido siguen siendo actuales las palabras de la Comisión Teológica Internacional cuando en su documento “El diaconado: Evolución y perspectivas” (Roma, 2002), citando a R. Pagé afirmaba: “Es desde la vertiente del ser como se ha de buscar la especificidad del diaconado permanente y no desde la vertiente del hacer. Lo que ellos son es lo que constituye la originalidad de lo que ellos hacen”.

Siendo esencial el “ser” del ministerio diaconal, hoy deseamos reflexionar sobre el “hacer” del diácono. En el nuevo Informativo que hoy nos llega, así como en los anteriores, podemos comprobar la multiplicidad de funciones del ministerio diaconal en la vida de la Iglesia. Efectivamente, hay diáconos desarrollando su ministerio pastoral en el área de la Caridad y la Justicia, en el ministerio de la Palabra, en el de la Animación Comunitaria… y todos ellos presentado estos servicios en el ministerio de la Liturgia. Los diáconos ponen así de manifiesto la vivencia cotidiana, simultánea y versátil del triple ministerio a que la Iglesia les convoca: ministerio de la Liturgia, de la Palabra, de la Caridad.

Como ya hemos señalado en otra ocasión, frente a quienes desean orientar el ministerio diaconal hacia uno solo de los servicios de la tríada ministerial, la Iglesia recuerda la necesidad de armonizarlos convenientemente, manifestando de esta forma la riqueza que el ministerio diaconal puede ofrecer a la Iglesia desde el peculiar carácter servicial de este ministerio.

Es conocida la expresión referida a la imposición de las manos en la ordenación diaconal:  "no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio". En la Iglesia primitiva la expresión “ministerio” estaba relacionada con un servicio al obispo (Traditio apostolica de Hipólito). El Concilio Vaticano II enfatizó  el servicio hacia todo el pueblo de Dios: “Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el obispo y su presbiterio, sirven al pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la Palabra y de la caridad» (Lumen gentium29). Se recuperaba de esta forma una orientación del ministerio diaconal, tanto antigua como actual. Antigua, como la propuesta por san Ignacio de Antioquía, cuando califica a los diáconos como ministros de la Iglesia de Dios (cf. Ad Tral., 2, 3). O también actual, como la que proponía el Papa San Juan Pablo II en su Catequesis del 13 de octubre de 1993 sobre las “Funciones del diacono en el ministerio pastoral”: “A lo largo de los siglos, el diácono no sólo fue considerado auxiliar del obispo, sino también una persona que estaba asimismo al servicio de la comunidad cristiana”.

En las últimas décadas, las Iglesias locales han ido subrayando el ministerio de la Caridad y la Justicia como uno de los servicios más vinculados al ministerio diaconal. Son cada vez más los lugares pastorales en los que los diáconos desarrollan su ministerio de la Palabra. No existe ministerio diaconal alguno si no está estrechamente unido a la Eucaristía. En ella, desde ella y hacia ella, el diácono vive su servicio global. Solo desde la Eucaristía tienen sentido todos los demás servicios litúrgicos que el diácono realiza, así como los referidos a la Caridad y la Palabra.

De acuerdo a la situación actual, las Iglesias locales van solicitando cada vez más a los diáconos otro tipo de servicios, lo que habla de la multiplicidad y riqueza de los servicios y ministerios de una Iglesia “en salida”. Baste como ejemplo dos servicios relacionados con la justicia canónica y con las comunidades cristianas lejanas.

Si ya el diácono tenía asignadas funciones en la curia de justicia -canciller, juez, auditor, promotor de justicia y defensor del vínculo, notario-, tras  la publicación del “Motu Proprio” del Papa Francisco  “Mitis ludix Dominus Iesus”, sobre los procesos de nulidad matrimonial, el área de la justicia canónica se presenta como un lugar pastoral de primer orden, donde el diácono puede desarrollar su ministerio.

Desde el año 1967, en el que el Papa Pablo VI publicó el Motu Proprio “Sacrum diaconatus ordinem” los diáconos pueden ser llamados también a «guiar legítimamente, en nombre del párroco o del obispo, las comunidades cristianas lejanas». Se trata de un servicio a realizar en los territorios, ambientes, estratos sociales, donde falte el presbítero o no se pueda hacer presente fácilmente. En el desempeño de este ministerio debe cobrar relevancia el carácter servicial. Entre los datos que publicamos  en nuestro Informativo sobre la Investigación de  CARA  (Universidad de Georgetown), destacan al respecto el número de parroquias sin presbítero residente en la Iglesia de los EEUU, pasando en los últimos cincuenta años (1965-2015) de 549 a 3.533.

En la medida en que la identidad y el “ser” del diaconado se van incardinando en la vida de la Iglesia, los ministerios que los diáconos van desarrollando se van multiplicando. A la vez, en la medida en que los diáconos van respondiendo con su ministerio a las necesidades de las Comunidades a las que el Obispo les convoca (“diaconías”), en la medida en que van “haciendo”, van manifestado la forma de “ser” de este ministerio en la Iglesia del siglo XXI.

Sirvan como ejemplos los testimonios y noticias que el Informativo recoge del servicio de diáconos iberoamericanos en el área de la Pastoral Familiar, la Educación, el Ecumenismo, la Liturgia, el servicio a las Residencias Sacerdotales…

Dos noticias destacan también: Los datos relacionados con los diáconos permanentes en las estadísticas de la Iglesia, tanto los ya mencionados de la Universidad de Georgetown como los publicados por DOMUND 2016. Además, sobresale la noticia de la quinta Convocatoria de Aspirantes al Diaconado Permanente en Bogotá, para el año 2017. Un ejemplo de trabajo vocacional diaconal.

En este día de Todos los Santos el Papa Francisco se encuentra en Suecia con ocasión de la conmemoración conjunta Luterano-Católica de la Reforma. A Todos los Santos   encomendamos nuestro ministerio para que puedan presentarlo ante el Señor, y de esta forma pueda ser fructífero en su seguimiento y en el servicio en favor del ecumenismo.

En nombre del equipo de Redacción y Coordinación, un fraternal abrazo.