El Papa Francisco se encuentra hoy de visita pastoral en Milán. Esta mañana se ha encontrado con el clero de la diócesis y los consagrados. En su encuentro, el Papa ha respondido a varias preguntas que le han formulado, entre ellas la del diácono Roberto Crespi; recogemos a continuación la pregunta y la respuesta del Papa.

 

Pregunta: Santidad, buenos días. soy Roberto, un diácono permanente. El diaconado se instauró en nuestra dióceis en  1990 y ahora somos 143 los diáconos permanentes de la diócesis de Milán; no es un número grande, pero se trata de un número significativo. Somos hombres que vivimos plenamente nuestra vocación, desde el matrimonio o desde el celibato,  también plenamente  desde el mundo del trabajo y de la profesión, y desde nuestra condición de clero lo vivimos en el mundo de la familia y del trabajo, todo ello desde la belleza y la experiencia, en ocasiones también desde la herida.  Le preguntamos ahora: como diáconos permanentes ¿cual es nuestra aportación para ayudar a mostrar el rostro de una Iglesia humilde,  desinteresada,  bendita, que sentimos que está en su corazón y que a menudo habla de ella? Gracias por su atención y le aseguramos nuestra oración y la de nuestras esposas  y nuestras familias.

Respuesta del Papa Francisco:

Gracias. Ustedes, los diáconos tienen mucho que dar, mucho que dar. Pensamos en el valor de discernimiento. En el interior del presbiterio, puede ser una voz autorizada para mostrar la tensión que existe entre el deber y la voluntad, las tensiones que se experimentan en la vida familiar - que tienen una suegra, ¡por decir un ejemplo!-. Así como las bendiciones que se experimentan en la vida familiar.


Pero debemos estar atentos a no ver a  los diáconos como medio sacerdotes o medio  laicos. Esto es un peligro. Al final no son ni una cosa ni la otra.  No, esto no debe de suceder, es un peligro. Veo que esto nos duele y les duele.  Esta manera de considerar debilita el  carisma  propio del diaconado. Y este carisma en la vida de la Iglesia.  Tampoco es buena  la imagen del diácono como una especie de intermediario entre los fieles y pastores. Ni a medio camino entre los sacerdotes y los laicos, o a medio camino entre los pastores y los fieles. Y hay dos tentaciones. Existe el peligro  del clericalismo: el diácono que es demasiado clerical. No, no, esto está mal. A veces veo a alguien cuando participa de la liturgia parece querer tomar el lugar del presbítero.  Y la otra tentación, el funcionalismo; es una ayuda para el presbítero para esto o para aquello...; es un niño para realizar ciertas tareas y no para otras cosas ... No. Vosotros tenéis un carisma claro en la Iglesia y hay que construirlo.

El diaconado es una vocación específica, es una vocación familiar que llama al servicio. Me encanta cuando [en los Hechos de los Apóstoles] los primeros cristianos helenistas se quejan a los apóstoles de que sus viudas y sus huérfanos no son bien atendidos, e hicieron aquella reunión, aquel "sínodo" de los apóstoles y discípulos, y que han "inventado" a los diáconos para servir. Y esto es muy interesante para nosotros como obispos, pues todos ellos eran obispos, los que "hacen" a los diáconos. ¿Y qué nos dice? Que los diáconos sean los servidores. Entonces se dieron cuenta de que, en ese caso, eran para ayudar a las viudas y los huérfanos; para servir. Y nosotros, los obispos: la oración y la predicación de la Palabra; y esto nos hace ver lo que es el carisma más importante de un obispo: rezar. ¿Cuál es la tarea de un obispo, la primera tarea?  La oración. La segunda tarea: anunciar la Palabra. Pero se puede ver claramente la diferencia. Y ustedes [diáconos]: el servicio. Esta palabra es la clave para la comprensión de su carisma. El servicio como uno de los regalos distintivos del pueblo de Dios El diácono es - por así decirlo - el custodio del servicio en la Iglesia. Cada palabra debe ser bien medida. Ustedes son los custodios del servicio de la Iglesia: el servicio de la Palabra, el servicio del altar, el servicio a los pobres. Y su misión, la misión del diácono, y su contribución consiste en esto: en que nos recuerda a todos que la fe, en sus diversas formas - Liturgia comunitaria, la oración personal, las diferentes formas de la caridad - y sus diversos estados de vida - laical, clerical, familiar-  tiene una dimensión esencial del servicio. El servicio a Dios y a los hermanos. ¡Y hasta qué punto hay que hacer en este sentido! Ustedes son los custodios del servicio en la Iglesia. En ello consiste el valor de los carismas en la Iglesia, que son un recuerdo y un regalo para ayudar a todo el pueblo de Dios a no perder la perspectiva y la riqueza de las de Dios. Vosotros no sois medios sacerdotes ni medio laicos - esto sería " funcionalizar " el diaconado -, sois sacramento del servicio a Dios y a los hermanos Y de esta palabra "servicio" deriva  todo el desarrollo de vuestro trabajo, de vuestra vocación, de vuestro ser en la Iglesia. Una vocación que al igual que todas las vocaciones no es solamente individual, sino que se vive hacia dentro de la familia y con la familia; dentro del Pueblo de Dios y el pueblo de Dios.

En resumen:

- no hay servicio del altar, no hay una liturgia que no se abre a los pobres, y no hacia servicio a los pobres que no conduzca a la liturgia;
- no hay vocación eclesial que no sea familiar.

Esto nos ayuda a volver a evaluar el diaconado como una vocación eclesial.

Por último, hoy parece que todo debe "servir", como si todo acaba en el individuo: la oración "que me sirven" la comunidad "que necesito" , caridad "que necesito". Este es un hecho de nuestra cultura. Ustedes son el regalo que el Espíritu  nos da para ver que el camino correcto es a la inversa: en oración siervo, en comunidad siervo, con la solidaridad siervo de Dios y del prójimo. Y que Dios os conceda la gracia de crecer en este carisma para custodiar  el servicio en la Iglesia. Gracias por lo que hacen.

Tomado de: http://w2.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2017/march/documents/papa-francesco_20170325_milano-sacerdoti.html

Traducción libre.