Diác. Gonzalo Eguía
Coordinador de Servir en las periferias
Bilbao, España, 1 de marzo de 2017

 

Antoine de Saint-Exupéry en su libro “El Principito”, entre las conversaciones que mantienen el principito y el zorro, pone en boca de éste la frase famosa: “Solo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos”. ¡Cuánta verdad hay en esta frase!; está íntimamente referida al ministerio salvador de Jesucristo. Él sí que supo mirar la vida con el corazón, comunicándonos a su vez lo que el corazón de su Padre Dios tiene para toda la humanidad. Solo se puede ver la vida en profundidad si es a través del corazón.

Con el transcurrir de los años nos vamos dando cuenta de que lo más esencial de la vida: el amor de unos padres, el regalo de la fe, el don de la maternidad y la paternidad… es invisible a los ojos. Algo similar sucede en ocasiones cuando un diácono tiene que explicar en qué consiste su ministerio. Habitualmente, en ese momento se suele establecer un enfrentamiento dialéctico entre lo “qué es” y lo “qué hace” un diácono. Dialéctica que puede quedar reducida a una visión utilitarista de la vida, si no se orienta desde y hacia la gracia, y no tiene en cuenta la dimensión sacramental de la Iglesia, de su misión, de los sacramentos, del ministerio ordenado…

Normalmente, quienes tienen experiencia del ministerio diaconal, consciente o inconscientemente recurren a la citada frase del autor de “El principito”. “Somos” antes de lo que “hacemos”, y en nuestro “hacer” manifestamos lo que “somos”. Con permiso, me permito hacer un recorrido biográfico-espiritual de un itinerario vocacional diaconal cualquiera.

El día en que recibimos el Bautismo fuimos ungidos y consagrados por el Crisma para ser siempre miembros de Cristo, “sacerdote, profeta y rey”. Somos “sacerdotes” para vivir en comunión con Dios y con los hermanos y hermanas; somos “profetas” para interpretar la vida y la historia desde la mirada de Dios, hablando y actuando en su nombre; y somos “reyes” para vivir en la libertad de los hijos e hijas de Dios. El “si” dado por nuestros padres y padrinos, en la mayoría de los casos de forma inadvertida para los nuevos neófitos, marcó nuestras existencias, hasta que consciente, responsable y agradecidamente el “si” del Sacramento de la Confirmación, ratificado por el Espíritu del Resucitado, sirvió para reconocer que somos hijos e hijas amadas por Dios.

Quienes hemos recibido el Sacramento del Matrimonio hemos experimentado que el amor mutuo de los esposos era fruto de un amor primero, el de Dios, que se compromete fiel y perpetuamente con los nuevos esposos. El “sí” dado en el consentimiento matrimonial nos constituye como comunidad de vida y de amor para formar una familia que sea reflejo del amor comunicado por Jesucristo. Cobra así sentido la frase que Antoine de Saint-Exupéry relata en “Tierra de hombres": “La experiencia nos enseña que amar no significa en absoluto mirarnos el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección."

Por medio de la ordenación, los diáconos hemos sido constituidos mensajeros y heraldos del Evangelio, haciendo presente a Cristo, siervo del Padre. El “si” del diaconando en la ordenación, compartido y reforzado por el “si” previo de su esposa, manifiesta la voluntad de que Dios actúe en su vida por medio del servicio y la disponibilidad total. De esta forma el diácono participa (en su grado) del Sacramento del Orden y la Iglesia le encomienda las funciones de “enseñar, santificar y regir”. Como el Papa San Juan Pablo II explicó, el diácono es “Maestro, en cuanto proclama e ilustra la Palabra de Dios; es Santificador, en cuanto administra el sacramento del Bautismo, de la Eucaristía y los sacramentales; y es Guía, en cuanto animador de la comunidad o de diversos sectores de la vida eclesial (Discurso del Papa San Juan Pablo II a los participantes del Encuentro de diáconos permanentes, Roma Sábado, 16 de marzo de 1985). Estas concreciones de las funciones se amplían si se tiene en cuenta por un lado la triada ministerial de la liturgia, de la palabra y de la caridad; y por otro los ámbitos en los que el diácono desarrolla su ministerio: familia, trabajo civil, presencia en el mundo secular, encomienda pastoral, … “En este sentido, el diácono ayuda a dar a luz a la Iglesia como una realidad de comunión, de servicio, de misión” (Discurso del Papa San Juan Pablo II).

Comunión, servicio, misión… experiencias invisibles a los ojos, a las que los diáconos somos convocados para hacerlas visibles, sabiendo que únicamente son realizables si se viven desde el corazón y con el corazón de Jesucristo. Ésta puede ser una forma de interpretación del número 16 del Decreto Conciliar Ad Gentes cuando propuso la restauración del diaconado como ministerio permanente: los diáconos ““fortalecidos y unidos más estrechamente al servicio del altar por la imposición de las manos, transmitida ya desde los Apóstoles, para que cumplan más eficazmente su ministerio por la gracia sacramental del diaconado”.

En el Informativo que publicamos hay varios artículos relacionados con la Comisión Vaticana de estudio sobre el diaconado femenino, alguno de carácter histórico-teológico, y otros de opinión.

En el capítulo de Encuentros se aportan informaciones de las Conferencias sobre “Diaconado y diaconía de la liturgia” llevadas a cabo en Oporto (Portugal), la Asamblea General de la Comisión Nacional de los Diáconos de Brasil (mayo),y la Conferencia Nacional de la Asociación Nacional de Diáconos Hispanos de los EEUU (agosto).

En los últimos meses se han comenzado a publicar artículos en dos nuevas secciones, “Conoce al diácono…” y “Conoce la escuela diaconal…”, invitamos a quienes quieran realizar aportaciones con estos contenidos a que nos las envíen. Anunciamos también otra nueva sección, “Retazos históricos del diaconado en…”, se pretende publicar de forma sencilla la historia de la restauración del diaconado en una diócesis o en un país, invitamos de igual forma a tomar parte.

Como se puede ver en la web, se ha activado el link “Colaboración económica”.  Invitamos a ayudar económicamente con este proyecto informativo, bien por medio de un donativo, o haciéndose socio de la Asociación “SERVIR EN LAS PERIFERIAS”.

Comienza hoy el tiempo de Cuaresma, nos unimos a las palabras del Papa Francisco en su Mensaje para este tiempo litúrgico:

“Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia  humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua”.

En nombre del equipo de Redacción y Coordinación, un fraternal abrazo.

 

Imagen: "Sagrado Corazón de Jesús”. Jaime Domínguez Montes