En el campamento con jóvenes de este verano he tenido la oportunidad de caminar junto a ellos. En varias ocasiones nos hemos encontrado con varios pastores que guiaban su rebaño de ovejas. Los niños y jóvenes contemplaban atónitos la imagen. Y es que los más pequeños de nuestras comunidades no están acostumbrados a ver ni pastores ni rebaños. Este acontecimiento en la vida del campamento me permitía orientar la oración de la noche, la historia de un Buen Pastor que colocaba sobre sus hombros a la oveja herida y la llevaba de nuevo al rebaño para ser atendida y curada. Ante la imagen y el texto del Evangelio los más pequeños comentaban lo vivido... Jesús es nuestro Buen Pastor, Jesús es el Servidor de todos... Algunos recordaban al presbítero de su parroquia, otros al diácono de su comunidad. Este día de campamento facilitaba nuestras palabras de hoy.

Durante los meses de abril a junio publicamos esta editorial relacionada con las funciones diaconales.  La Ratio para la formación y el Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes, publicado en su día por la Santa Sede, recoge más funciones que las que se pueden agrupar en la triada ministerial del diaconado: Liturgia, Palabra y Caridad. En esta reflexión deseamos abordar de forma breve una función que en su día la Iglesia reconoció como propia del diácono y que poco a poco se va abriendo camino en la vida pastoral de muchas iglesias locales. Nos referimos a la dirección de comunidades cristianas. No pretendemos hacer un estudio sobre las razones por las cuales se está llevando a cabo este servicio, ni sobre los efectos que este ministerio pueda estar suponiendo en las comunidades. Tampoco es nuestro objetivo hacer una exégesis del canon 517 § 2, únicamente aportamos esta breve reflexión que expone el progresivo desarrollo de este ministerio asignado a los diáconos permanentes.

El artículo nº 41 del Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes señala: "Del mismo modo, los diáconos pueden ser destinados para dirigir, en nombre del párroco o del obispo, las comunidades cristianas dispersas. «Es una función misionera a desempeñar en los territorios, en los ambientes, en los estados sociales, en los grupos, donde falte o no sea fácil de localizar al presbítero. Especialmente en los lugares donde ningún sacerdote esté disponible para celebrar la Eucaristía, el diácono reúne y dirige la comunidad en una celebración de la Palabra con la distribución de las sagradas Especies, debidamente conservadas. Es una función de suplencia que el diácono desempeña por mandato eclesial cuando se trata de remediar la escasez de sacerdotes. En tales celebraciones nunca debe faltar la oración por el incremento de las vocaciones sacerdotales, debidamente explicadas como indispensables. En presencia de un diácono, la participación en el ejercicio del cuidado pastoral no puede ser confiada a un fiel laico, ni a una comunidad de personas; dígase lo mismo de la presidencia de una celebración dominical"

El Directorio señala que este servicio supone una "dirección", no una presidencia reservada al presbítero, un ministerio ante la ausencia de presbíteros. También indica que debe comprenderse desde una perspectiva eminentemente "misionera". Siempre con el acompañamiento de un presbítero, y en su nombre.  Este ministerio "directivo" puede abarcar varias diaconías: territoriales, ambientales, estados sociales, grupos,... A esta dirección comunitaria se vincula la presidencia de la Celebración de Palabra en la que se convoca a la Comunidad, se escucha la Palabra de Dios y se distribuyen las sagradas Especies.

El servicio diaconal del que hablamos surge en la Iglesia como un ministerio excepcional, únicamente debe producirse en situaciones de escasez de presbíteros que puedan presidir las comunidades, y por ende la Eucaristía. El Directorio señala que el diácono debe ser reconocido como ministro ordinario de este servicio extraordinario "Si es deber de los diáconos el receptar siempre la tarea del párroco y cooperar en comunión con todos aquellos que condividen el cuidado pastoral, es también su derecho el ser aceptados y plenamente reconocidos por todos".

La Universidad de Georgetown (EEUU) publicaba hace poco unas estadísticas recogidas en nuestra web, referidas a la Iglesia de los Estados Unidos de América, donde se da la mayor presencia de los diáconos permanentes del mundo. Dejamos a un lado los datos referidos al laicado, que son muy significativos, para concretarnos en el ministerio ordenado (presbíteros y diáconos).  El estudio recoge los últimos cincuenta años, el periodo 1965 a 2015. En el mismo se recuerda que el número de presbíteros se ha reducido de 58.632 a 37.578. Las ordenaciones sacerdotales por año se han pasado de 994 a 515. Los seminaristas han pasado de 8.325 a 3.650. Una tendencia preocupantemente a la baja.

En el lado opuesto se encuentra el número de diáconos permanentes que ha pasado de 898 (en el año 1975) a 18.082.

Con este número de ministros ordenados, la cantidad de parroquias de los EEUU no ha variado, de las 17.637 del año 1965 se sigue manteniendo en 17.337. Pero lo que sí ha cambiado de forma significativa es el número de parroquias sin presbítero residente, pasando de 549 a 3.533.

Con esta situación, los obispos han utilizado el canon 517 § 2 de forma progresiva, confiando el cuidado pastoral de la parroquia a un diácono o alguna otra persona. Pasando de 93 parroquias dirigidas por diáconos en el año 1985 a 431 en el año 2015 (tan solo treinta años)

Han pasado cincuenta años del Motu Proprio Sacrum diaconatus ordinem. Tras el Concilio Vaticano II, el Motu Propio en su número 22 explicitaba este ministerio propio del diácono: "El diácono puede guiar legítimamente, en nombre del párroco o del obispo, las comunidades cristianas lejanas».

En el momento actual algunos demandan un análisis de esta situación eclesial cada vez mayor. Son conscientes que esta revisión afecta a la identidad y misión del ministerio presbiteral y del diaconal. Unos afirman que en el momento actual de nuestra Iglesia son muchos los lugares donde este ministerio diaconal extraordinario se está convirtiendo en ordinario. Otros proponen interpretar este momento como un verdadero signo de los tiempos. Los diáconos que son convocados por sus obispos a llevar a cabo esta dirección de comunidades procuran desarrollarla desde su identidad de servicio propio de su ministerio, aportando de esta forma un estilo genuinamente diaconal que no se reduzca a una copia mimética del presbiteral, que entienden como insustituible.

La propia Universidad de Georgetown, interpretando las citadas estadísticas publicaba en octubre el libro "Catholic Parishes of the 21st Century". Como ya reseñamos en su momento, el libro describe los retos y oportunidades que las parroquias católicas enfrentan en un tiempo con menos sacerdotes y miembros de la vida religiosa, pero con más diáconos permanentes y ministros laicos. Los autores reconocen que una de las grandes piezas del rompecabezas para el futuro de la Iglesia de los Estados Unidos implica concretar qué lugar tendrán los 18.000 diáconos permanentes estadounidenses, al ser parte del clero, la gran mayoría casados, en una realidad como la de EEUU donde al menos el 40 por ciento de sus parroquias cuentan con al menos un diácono permanente. Los autores proponen que la Iglesia no está tanto en un estado de disminución como en un estado de cambio.   Es lógico que en esta situación, en las comunidades se pregunten: ¿Cómo reconstruimos o volvemos a la Iglesia que conocíamos y amábamos? ¿O a quién culpamos por la "disminución" que experimentamos, por menos sacerdotes, menos monjas, parroquias cerradas o fusionadas y escuelas? El libro deja unas preguntas abiertas: ¿la Iglesia continuará enfrentando el futuro pasando de una crisis a otra, de una dificultad económica a otra, o emprenderá  una planificación más deliberada, que aproveche los modelos consultivos que ya funcionan en algunos lugares, para abrir un camino más claro al futuro?.

Relacionado con esta editorial, el Informativo recoge el aumento del diaconado permanente en Portugal, un crecimiento del 70% desde 2010. Desde este país nos llegan también las referencias del Patriarcado de Lisboa, que con motivo de nuevas ordenaciones diaconales, reconoce en el diaconado un medio evangelizador de primer orden.

Este mes hemos conocido el nombramiento del nuevo responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la persona de Monseñor D. Luis Francisco Ladaria Ferrer, la noticia tiene una relevancia pues además de su condición de iberoamericano Monseñor Ladaria es presidente de la Comisión vaticana de Estudio sobre el diaconado femenino. En este nivel de los nombramientos destacan otros dos. Se ha hecho público también el nombramiento de Monseñor Francisco Cerro Chaves, obispo de Coria-Cáceres, como nuevo responsable del Comité Nacional para el Diaconado Permanente de la Conferencia Episcopal Española. Además, el diácono Carlos Jiménez de la Cuesta, corresponsal de México en Servir en las periferias, ha sido nombrado director del periodo propedéutico para el diaconado permanente en la archidiócesis de México.

Se siguen sucediendo convocatorias de encuentros, retiros, reuniones diaconales. Acabamos de conocer el programa de la Conferencia Nacional de diáconos hispanos en los EEUU, el del IV Encuentro Nacional de responsables del diaconado permanente en México, así como los próximos eventos diaconales en la archidiócesis de México. También informamos de decisiones de las Iglesias locales referentes al diaconado permanente; en esta ocasión el Informativo comunica la decisión del presbiterio de San Francisco (Córdoba, Argentina) de promover el diaconado permanente, aportando la carta del obispo de esta Iglesia local, Monseñor Sergio Buenaventura.

El Informativo divulga algunos artículos interesantes sobre el diaconado permanente: "EL diaconado en el Ceremonial de los Obispos (I-II-III)", "El ministerio diaconal en la tradición romana del siglo XX", "La Plegaria de ordenación de diáconos", y  "Visión ecuménica del diaconado".

En el campo de los testimonios y experiencias pastorales, el Informativo recoge la entrevista con el diácono portugués Pedro Mountinho, de la archidiócesis de Lisboa, en Portugal, en su condición de Director del Servicio Diocesano de acólitos.

En nombre del Equipo de Redacción y Coordinación, un fraternal abrazo