Durante la homilía, el obispo de Talca hizo referencia a la tragedia de los incendios forestales del verano pasado: “Vivimos muchas cosas duras y también muchas manifestaciones de amor solidario. Con el fuego muchos campesinos perdieron las tuberías que traían, de vertientes y cerros, el agua para regar sus siembras y para beber. Algo similar ocurre con la Eucaristía, porque de ella nace esa vertiente del amor y de la vida que es Dios. El Señor es el agua que hace brotar la vida humana y que la eleva hasta el corazón mismo de Dios”.

“La Eucaristía es también el primer manantial de toda la vida de la Iglesia, en ella se encuentra el sentido de nuestro sacerdocio. Por eso en ella renovaremos hoy las promesas que hicimos al recibir el sacramento del orden, estas promesas nos ayudan a sostener el deseo de fidelidad que llevamos en el corazón. Las promesas nos ayudan a cuidar el regalo que nos ha hecho el Señor para servir a nuestro pueblo con el evangelio”, dijo monseñor Valenzuela.

“En el santo crisma que hoy consagramos se encuentra la memoria del programa que el Espíritu Santo nos ha entregado, para vivir la vida como mensajeros de Dios”, agregó nuestro pastor.

Luego de la homilía, los presbíteros procedieron a renovar sus promesas sacerdotales ante todo el pueblo de Dios presente en esta acción de gracias.

Posteriormente, el obispo bendijo los óleos de los enfermos y de los catecúmenos, y consagró el crisma usado en los sacramentos del bautismo, de la confirmación y del orden sagrado.

A continuación los diáconos permanentes y célibes también renovaron sus promesas.