“Hace años que en el Uruguay hay religiosas que bautizan y celebran matrimonios”

Melo (Uruguay) (AICA): “En el Uruguay y en muchos países del mundo, hace años que hay religiosas que bautizan y presiden la celebración de matrimonios”, dijo el obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant, aunque aclaró que no son diaconisas. El obispo aludió al tema en una entrevista que le efectuó un medio local. Mons. Bodeant explicó que las religiosas tienen a su cargo la atención pastoral de las parroquias de Santa Clara de Olimar y Tupambaé. Ellas están facultadas por el Obispo para celebrar Bautismos y presidir la celebración de matrimonios.

“En el Uruguay y en muchos países del mundo, hace años que hay religiosas que bautizan y presiden la celebración de matrimonios”, dijo el obispo de Melo, monseñor Heriberto Bodeant, aunque aclaró que no son diaconisas.

El obispo aludió al tema (presente en los medios luego que el Papa recibiera a las Superioras Generales) en una entrevista que le efectuó un medio local. Monseñor Bodeant explicó que se trata de las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (MJVV), que tienen a su cargo la atención pastoral de las parroquias de Santa Clara de Olimar y Tupambaé y también comunidades en las diócesis de Salto y de Mercedes. “Ellas están facultadas por el Obispo para celebrar Bautismos y presidir la celebración de los matrimonios.

Las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima fueron fundadas hace más de 50 años en el Perú, por el obispo de la prelatura de Caravelí, monseñor Federico Káiser, que contaba con muy pocos sacerdotes y fundó esta congregación religiosa para atender en forma permanente parroquias y bases misioneras a las que los sacerdotes podían llegar sólo ocasionalmente”, puntualizó el obispo de Melo.

La entrevista a Mons. Heriberto Bodeant

–Mons. Heriberto, el jueves 12 de mayo se difundió una información sobre el encuentro del papa Francisco con un grupo de religiosas. La Agencia EFE, por ejemplo, tituló “El Papa abre camino para que la mujer case y bautice”. ¿Qué puede decirnos sobre eso?
–En realidad el tema es otro: el Papa habló de la posibilidad de abrir a las mujeres el camino del diaconado, que actualmente solo lo pueden recibir los varones. Pero en Uruguay y en muchos países del mundo, hace años que hay religiosas que bautizan y presiden la celebración de matrimonios. Eso sucede en nuestra propia diócesis.

-¿Cuáles son esas religiosas?
–En nuestro caso, son las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (MJVV), que tienen a su cargo la atención pastoral de las parroquias de Santa Clara de Olimar y Tupambaé y tienen también comunidades en las diócesis de Salto y de Mercedes. Ellas están facultadas por el Obispo para celebrar Bautismos y presidir la celebración de los matrimonios. Las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima fueron fundadas hace más de 50 años en el Perú, por el Obispo de la prelatura de Caravelí, monseñor Federico Káiser, que contaba con muy pocos sacerdotes y fundó esta congregación religiosa para atender en forma permanente parroquias y bases misioneras en lugares recónditos donde no había sacerdote permanente y, en el marco de lo que permiten las normas de la Iglesia, les concedió las facultades para bautizar y presidir casamientos. A eso se agregó luego la posibilidad de dar la Comunión con las hostias consagradas por un sacerdote en la última misa celebrada, reservadas en el sagrario.

–¿Por qué ellas pueden bautizar? ¿No es necesario ser por lo menos diácono para celebrar bautismos?
–Desde su origen, la Iglesia tiene claro que, en caso de necesidad, puede bautizar cualquier persona, incluso aunque ella misma no esté bautizada, cumpliendo tres condiciones: primero, utilizar agua, que es la materia propia del Bautismo. Simplemente agua. No es necesario que sea agua bendita; segundo, utilizar la fórmula “N. yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, es el mandato de Jesús: “Vayan y hagan discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”; tercero, muy importante: que esa persona tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.

–Pero usted dice que esto es “en caso de necesidad”
-Así es: un niño nace con peligro de muerte. Sus padres desean que sea bautizado; tanto la mamá como el papá, o personal de la salud o cualquier otra persona puede hacer eso. Después hay que informar de eso a la parroquia que corresponda, donde puede completarse la ceremonia, especialmente con la unción del santo crisma; pero, si todo se hizo como lo indiqué antes, no se vuelve a dar el agua del Bautismo, porque el niño ya la recibió.

–Entonces, ¿qué diferencia hay entre ese bautismo, que muchos llaman “agua de socorro” y lo que hacen las religiosas?
–Como ya indiqué, eso se hace en caso de necesidad; las religiosas que han recibido ese encargue lo hacen en forma completamente regular, es decir, con una preparación previa de padres y padrinos y con todos los pasos que incluye la celebración. No hay que olvidar que también hay un Libro de Bautismos en cada parroquia, donde todos los bautismos deben quedar debidamente asentados. Esos libros fueron, antes de la creación del Registro Civil en el Uruguay, el registro de nacimientos con que contaba el país. Hoy siguen siendo importantes en la Iglesia, sobre todo a la hora en que se presenta una pareja para contraer matrimonio, porque lo primero que se les va a pedir es la Fe de Bautismo, el certificado de Bautismo de cada uno de ellos.

–Ya que habla de Matrimonio, le hago la misma pregunta que para el Bautismo: ¿no son solo los diáconos y los sacerdotes o el Obispo los que pueden casar una pareja?
–En realidad, no es totalmente correcto decir que el sacerdote “casa” a la pareja. Son los novios quienes “se casan”. Las normas de la Iglesia dicen que el sacramento del Matrimonio lo produce el consentimiento de los contrayentes. Ahora bien, para que ese consentimiento sea válido, ninguno de los que se casa ha de estar afectado por un impedimento (por ejemplo, ya estar casado) y el consentimiento debe ser expresado ante un ministro autorizado y dos testigos. Los ministros son el obispo o el párroco, que pueden delegar a otro sacerdote o a un diácono. En el caso de las Misioneras, éstas reciben una autorización especial del obispo para poder “asistir” al matrimonio, es decir recibir el consentimiento matrimonial de una pareja.

Las diaconisas

–Entonces, si todo esto ya está presente en la vida de la Iglesia, ¿qué es lo nuevo que plantea el papa Francisco?
–El jueves pasado el papa Francisco recibió a 900 superioras religiosas de la Unión Internacional de Superioras Generales. Respondiendo a preguntas de las religiosas, el Papa afirmó que se podría crear una comisión que estudie la posibilidad del diaconado para las mujeres. El diaconado es actualmente un grado del sacramento del Orden, reservado a los varones. Es un paso necesario para ser ordenado presbítero (sacerdote), pero también existen diáconos permanentes, como los que tenemos en nuestra diócesis. Hombres casados que, después de algunos años de matrimonio y pasando por una adecuada formación y discernimiento vocacional reciben la ordenación diaconal y son valiosos servidores de nuestras comunidades.

-En la carta a los Romanos (16,1-2) San Pablo dice: “les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la Iglesia en Cencrea. Recíbanla en el Señor, como es digno de los santos y ayúdenla en cualquier cosa que necesite de ustedes; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo”. ¿Hubo entonces mujeres con el ministerio del diácono -diaconisas- en los primeros tiempos de la Iglesia?
-Sí, claro, la diaconisa Febe. Como se ve, San Pablo hace una recomendación de esa mujer a la que llama, además de diaconisa, “nuestra hermana”. Aparentemente era una viuda que contaba con recursos con los que ayudaba a los misioneros. La recomendación parece indicar que es ella quien llevó a Roma la carta de Pablo a los Romanos, lo que muy probablemente sucedió. Ahora, hay que decir también, como lo señala Francisco, que cuando se habla de las mujeres diáconos en los primeros siglos de la Iglesia, no se sabe realmente qué papel desarrollaban y sobre todo si habían sido ordenadas o no. A esto hay que agregar que la vida religiosa o vida consagrada es una vocación diferente de la vida sacerdotal. No olvidemos que hay también varones que son religiosos y no son sacerdotes, sino hermanos, como los Hermanos de la Sagrada Familia, por ejemplo. Entonces, aunque se abra camino para el diaconado de la mujer, eso no hará automáticamente diaconisas a las religiosas, a menos que tengan esa vocación especial y la Iglesia les confiera ese ministerio en la forma en que eventualmente se determine, que puede ser distinta de la ordenación.+

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