Uno de los aportes importantes del Concilio Vaticano II a la renovación de la vida y organización de la Iglesia Católica, tanto a nivel universal como en las Iglesias particulares, fue impulsar el restablecimiento de los ministerios eclesiales en forma amplia y diversificada, lo cual generó a su vez una reflexión teológica sobre los mismos. Así se valoró mejor y se dio concreción ministerial a la diversidad de carismas en la comunidad, se crearon nuevos canales de participación eclesial y se comenzó a superar la dicotomía jerarquía-laicos, característica de la eclesiología de siglos anteriores. De esa forma, se va a hacia una visión amplia de carismas, servicios y ministerios en una visión de Iglesia toda ella ministerial.

En este campo le corresponde un papel fundamental a la restauración del diaconado permanente como ministerio jerárquico, que tiene una relación directa y cercana con el conjunto de la comunidad cristiana y con la realidad general del mundo. Su carácter de función jerárquica con una misión específica y el hecho de ser posible tener diáconos casados, introdujo nuevas realidades en el campo de los ministerios.

El Concilio, en forma sabia, al restablecer los ministerios, no quiso legislar inmediatamente sobre sus funciones, su organización y su ejercicio, sino dejó la puerta abierta para que se iniciaran libremente diversas experiencias y se fueran generando modelos que sirvieran como base para proceder más adelante a su organización sistemática.

En los últimos años, la Iglesia ha ido tomando las experiencias realizadas y, a partir de ellas, ha comenzado a dar líneas de orientación que permitan aprovechar el camino recorrido y establecer nuevas etapas, al mismo tiempo que ir diseñando un perfil de diácono que corresponda a la tradición de este ministerio y a las necesidades y retos de la realidad actual. En este sentido, podemos mencionar el hecho de que en el catecismo católico, al presentar el sentido y funciones del diaconado permanente, se afirma en que él “constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia” (No. 1571).

En febrero de 1998, la Santa Sede publicó un documento sobre el ministerio de los diáconos, su selección y formación.1 El Celam, en su colección “Autores”, en mayo del mismo año, publicó un estudio sobre las perspectivas teológicas y pastorales del diaconado permanente.2 La Conferencia Episcopal Colombiana, así como otras conferencias nacionales, han publicado las directivas correspondientes para ir estructurando este ministerio a nivel más amplio.

Igualmente, no son pocas las diócesis que -después de los primeros tiempos de experiencias más espontáneas y ocasionales- han ido dando una estructura y una organización, tanto a la selección y formación de los diáconos, como a las formas de su ministerio y de su inserción en el conjunto del proceso pastoral. Tal es el caso, por ejemplo, de la arquidiócesis de Bogotá, donde se ha instaurado oficialmente el diaconado a nivel arquidiocesano y se ha confiado su proceso de formación al Centro de Estudios Pastorales Cardenal Aníbal Muñoz Duque, CEPCAM.3

En este sentido, la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, consciente de su papel como centro teológico de docencia e investigación al servicio del desarrollo teológico y pastoral de la Iglesia colombiana, consideró importante incluir este artículo sobre el diaconado permanente, en el número de su revista dedicado a la teología pastoral. La reflexión aquí desarrollada recoge varias experiencias al respecto, entre ellas, la participación en el Congreso Internacional sobre el Ministerio del Diaconado realizado en Lahti (Finlandia), del 23 al 27 de noviembre de 1998, con carácter ecuménico.

Dicho Congreso fue organizado por el Instituto de Servicios Sociales Parroquiales de Lahti (Finlandia), en cooperación con el Instituto de Investigación de Diakonía de la Universidad de Heidelberg (Alemania) y el Instituto de Investigación de Caritas, en la Universidad de Friburgo (Alemania). Su realización coincidió con los 150 años de la restauración del diaconado permanente en la Iglesia Luterana. El tema del Congreso fue Espíritu-luzcaridad y en esa perspectiva “los participantes de todo el mundo realizaron un intenso trabajo para intuir el sentido del diaconado en camino hacia el próximo milenio y construir perspectivas para un futuro común en favor de la humanidad y de la creación”.4

Los participantes fueron numerosos, provenían de diversos lugares y de diferentes Iglesias. El mayor número era oriundo de los países escandinavos (Finlandia, Suecia, Dinamarca y Noruega); había grupos significativos de Alemania y de Inglaterra, y representantes de otros países europeos; igualmente, de países de Asia, Africa, América del Norte y América Latina. En total fueron 180 participantes. Una riqueza particular estuvo dada por la variedad de confesiones religiosas participantes: luteranos, anglicanos, católicos, ortodoxos y otras denominaciones cristianas, en especial, de las iglesias históricas. También fue significativa la integración entre personas dedicadas a la docencia e investigación con agentes de amplia experiencia pastoral y personas en proceso de formación para la pastoral del diaconado.

El presente artículo quiere señalar algunos puntos que pueden ser útiles, tanto para la reflexión teológica sobre el diaconado como para la práctica pastoral respecto de este ministerio.

SENTIDO DE LA DIAKONÍA

El punto de partida de la reflexión fue el concepto de diakonía.

El término se utilizó en un doble aspecto:

- Como actitud y misión de toda la Iglesia en el servicio a la sociedad y la trasformación del mundo.

- Como ministerio específico para el servicio de la comunidad, en especial, en lo relacionado con la acción y los servicios sociales, expresado en el diaconado.5

Diakonía y koinonía

En el primer sentido, como servicio de la Iglesia a la sociedad, la diakonía (servicio) está intimamente relacionada con la koinonía (comunión), de la cual es una proyección en la sociedad: expresar la koinonía en la vida y en las acciones de la Iglesia y construir koinonía en el ámbito de toda la sociedad. La diakonía también está vinculada con los procesos de reconciliación y fraternidad (Versöhnung) y tiene relación con la compasión, tomada en el sentido de compartir el sufrimiento del otro y hacerlo propio (en la línea desarrollada por el teólogo Juan Bautista Metz).

Diakonía y ecumenismo

Esta actitud diaconal tiene que ver con el proceso ecuménico y con la relación con las otras religiones:

- La unidad interna de las iglesias y religiones es fundamental para hacer ese servicio creíble y efectivo en la sociedad. - Este compromiso diaconal, por parte de las diversas iglesias y religiones, tiene su base común en la orientación de todas las religiones hacia la construcción de la fraternidad a partir de la experiencia de la iniciativa de amor de Dios y nuestra respuesta a ese sentirnos amados por Dios a través del amor a los hermanos.6

- A su vez, este compromiso integrado de servicio se constituye en instrumento de encuentro y unidad (ecumenismo intereclesial e interreligioso), ya que nos congrega alrededor de aquello que es común a todas las iglesias y religiones.

Diakonía y promoción integral

Esta diakonía debe estar inspirada en una visión integral de la persona y de su promoción. En tal sentido, se presentaron -a manera de referencia- las dimensiones antropológicas que propone E. Schillebeeckx7 como condiciones básicas para lograr esa visión integral de la vida humana:

1. Relaciones con el cuerpo y la naturaleza o corporalidad: actitudes de respeto, contemplación y cuidado; incluye necesariamente la valoración del enfermo y el discapacitado.

2. Relación con el ser humano como una persona amiga (“fellow person”): esto exige enfrentar tanto los problemas de la soledad como de toda clase de explotación e injusticia.

3. Estructuras sociales: no vistas como algo universal y que no puede cambiar, sino como realidades de un proceso social. Esto incluye una dimensión política de la acción diaconal.

4. Visión de tiempo y espacio como realidades geográficas y de proceso, así como conciencia de nuestra propia determinación por esos elementos.

5. Conexión entre teoría y praxis como realidades dinámicas que se complementan entre sí.

6. Visión de futuro como percepción de una utopía que da coherencia e inspiración al diario existir y que se relaciona con la trascendentalidad de la vida.

7. Síntesis. Ninguno de esos elementos es menos importante que los demás; más bien es necesario lograr un adecuado balance. Esta atención al conjunto balanceado de los elementos es una referencia central para el proceso mismo de la diakonía.

Diakonía y función profética

La diakonía de las iglesias y religiones debe, además, expresar una actitud profética, al confrontar la realidad con lo que la fe de cada uno nos dice sobre el deber ser del mundo según la voluntad de Dios. Esto exige que la diakonía de cada una de las iglesias se ejerza en una profunda coordinación también con todas aquellas entidades, en especial, de orden internacional, que trabajan por la instauración de la justicia y la paz, tanto al interior de cada país como en las relaciones entre ellos.

IDENTIDAD DEL DIACONADO

El ministerio diaconal o diaconado se percibe orientado fundamentalmente al servicio social, tanto en el seno de la comunidad cristiana como en su proyección a las necesidades de la sociedad en general. El diaconado como llamado al servicio tiene su fundamento en el texto sobre el juicio final (Mt. 25,31-46), que nos exige reconocer a Cristo presente en cada uno y servirlo especialmente en los hermanos más necesitados.

En las primeras comunidades cristianas el diaconado surge como instrumento de servicio y como medio para asegurar la unidad de la Iglesia en la atención a los más necesitados (Hch. 6,1-6). San Pablo le añade la dimensión de solidaridad intereclesial por medio de la colecta entre las iglesias para las comunidades pobres de Jerusalén. Sin embargo, el diaconado como ministerio específico desaparece relativamente pronto en la historia de la Iglesia.

En la doctrina de Martín Lutero y las iglesias reformadas el diaconado fue visto en el contexto de cristiandad con una distinción no clara entre las funciones de la Iglesia y del Estado en el campo social. De esta forma, se lo enfoca como una forma de recristianización del mundo, en búsqueda de restablecer el cuidado por los pobres que la sociedad había perdido. El resurgimiento del diaconado en las iglesias protestantes, particularmente en Alemania, tuvo lugar en el siglo XIX en un contexto prevalentemente pietista, como servicio humilde y caritativo al pobre (particularmente, servicio de las mesas), y en un contexto prioritariamente parroquial.

En su ejercicio actual, particularmente en los países escandinavos, se pudieron observar varias tendencias:

- Una práctica diaconal dirigida a brindar un apoyo a quienes tienen necesidad de ayuda, sea en la forma de apoyo material (cuidado de la salud, alojamiento, solidaridad con los refugiados) o en la capacidad de escucharlos, acompañarlos, comprenderlos.

- Otra práctica busca -a través del servicio social- hacer sentir que la Iglesia es socialmente significativa y útil en el contexto actual y que muestra una preocupación por los sectores más desprotegidos.

- La tercera tendencia se orienta a una acción más específicamente evangelizadora de aquellos que se encuentran en situación particular de necesidad.

El esfuerzo por precisar la identidad del diaconado, exige partir de su realidad actual, como acción presente que se realiza y como comprensión del sentido de la misma. Este análisis de la realidad y de la acción diaconal debe ser hecho con sentido crítico con base en una “teoría sobre el diaconado”, que lo ve como intervención consciente en la sociedad, que expresa el cuidado de Dios por el mundo, especialmente los débiles y excluidos, y que busca la salvación integral de todos (inclusión global). Esta confrontación entre la práctica actual y la teoría sobre el diaconado nos debe llevar a percibir una perspectiva de lo que deben ser los pasos en la praxis del diaconado (metodología empírica).

Por otra parte, al tomar en cuenta el carácter comunitario de toda realidad eclesial, el diaconado debe orientarse no solamente a la prestación de servicios directos por parte del diácono, sino también y principalmente a la conformación de comunidades que se preocupan y cuidan en su propio medio de aquellos que tienen necesidad (no sólo sus propios miembros): comunidades diaconales.

DIACONADO Y REALIDAD SOCIAL

En la formación y la acción del diácono, es necesario integrar la ayuda al necesitado con la denuncia profética de las situaciones que generan tales necesidades, con la construcción de comunidades diaconales y con la trasformación de las realidades sociales.

En el apoyo al marginado y excluido es indispensable evitar relaciones que generen dependencia en quien es ayudado, o que busquen su simple asimilación a los esquemas sociales existentes, lo cual podría ser alienante. Se necesita un acompañamiento que permita a quien recibe el servicio afirmarse como persona y que lo haga capaz de lograr una participación diferenciada y activa en el proceso social. En este sentido, hay que saber entender y analizar las situaciones de marginación y exclusión, con sus características y sus causas, y comprender las actitudes que ellas tienden a generar (shame - honour): el marginado o excluido tiende a introyectar su situación de marginalidad y generar actitudes de inseguridad o dependencia ante la sociedad. También es importante entender las desventajas de entrada que tienen estos grupos, cuando se trata de construir la igualdad social y la participación. Es necesario, además, evitar que los servicios se conviertan en adormecedores de las situaciones de injusticia y generadores de resignación y dependencia.

El diaconado adquiere una importancia especial hoy en día por la crisis del Estado de bienestar (Welfare State) y el aumento de los grupos de excluidos por la primacía dada a las leyes del mercado. Pero esto hace, a su vez, que sus recursos se vean limitados, particularmente aquellos procedentes de fuentes oficiales.

Otro reto que el cambio social actual -especialmente en su vertiente cultural- plantea al proceso diaconal es la “individualización” que tiene lugar como efecto de la crisis de las instituciones y las ideologías, con el consiguiente cuestionamiento a los modelos de vida universalmente válidos y al compromiso en instituciones y procesos establecidos. Este proceso de individualización no se refiere a las actitudes individualistas y egoístas que se dan en la sociedad actual, sino a la tendencia a afirmar la propia identidad personal dejando de lado y liberándose de los esquemas ideológicos e institucionales como marco de referencia de la vida y de la acción personal.

El proceso diaconal como tal se ve afectado porque esta individualización genera una mayor dificultad para conseguir personas que se quieran vincular a un diaconado que puede ser visto como un compromiso social permanente y vinculado a la institución eclesial. ¿Cómo responder al deseo de las nuevas generaciones de comprometerse en iniciativas que surjan de sus propios esquemas y aspiraciones? ¿Cómo integrar este compromiso más personal y espontáneo en procesos de carácter permanente y alcance institucional como son los de diaconado?

A su vez, las personas atendidas también buscan generar sus valores y su propio modelo de vida y no seguir valores o modelos de vida establecidos o que les son comunicados por otros. Es necesaria una capacidad nueva para acompañarlos fraternal y pacientemente en este proceso de construir su mundo de valores y su modelo de vida, evitando las dependencias ideológicas respecto del agente o la sola asimilación a los esquemas y valores sociales vigentes.

El proceso actual de la sociedad hace también que así como antes sentían vergüenza (shame) quienes no se consideraban integrados y aceptados en el colectivo (actitud moderna), hoy en día esa vergüenza (shame) es experimentada por quienes se sienten limitados en su autonomía o en la afirmación de su identidad específica (actitud posmoderna), especialmente si consideran que ello viene ocasionado por su limitación económica o su dependencia social. De ahí el peligro que surge de las actitudes o estructuras de autoridad como superioridad dentro de la Iglesia, o de los procesos que tienden a la homogeneización de valores y creencias.

En la misma Iglesia se tiende a generar procesos de marginalización hacia quienes se considera “pecadores” (drogadictos, alcohólicos, prostitutas, personas de la calle, familias incompletas, separados o divorciados, madres solteras, no creyentes….). Es necesario generar procesos de inclusión, para que ellos se sientan “en su casa” dentro de la Iglesia.

DIACONADO COMO REALIDAD ECLESIAL

Es necesario comprender el diaconado desde la sensibilidad de la Iglesia a la realidad, como una Iglesia que se deja interpelar y trasformar por la realidad social y que lee esa realidad a la luz de la fe y reacciona en consecuencia (visión de Hans Urs von Balthasar). En ese sentido, se lo debe entender como proceso que incluye educación, investigación y ciencia.

Educación

Hay que diseñar cuidadosa y orgánicamente la formación de los candidatos para brindarles las herramientas que les permitan sentir, comprender e incidir en la realidad de las personas con quienes van a trabajar. En este sentido, en el Congreso de Lahtí se habló ampliamente sobre lo que debe ser el proceso formativo del diácono, y se percibieron dos tendencias: una que en el proceso de formación acentúa más los aspectos de servicios sociales (elementos médicos y de enfermería, atención al necesitado, acompañamiento a quienes están solos, formación de niños y jóvenes, especialmente aquellos en riesgo….); y otra que se orienta más hacia los elementos específicos de pastoral y evangelización con acento en la teología y más cercana a la formación que se da a los sacerdotes o pastores.

Pero no se trata sólo de la formación de los candidatos al diaconado, sino también y principalmente de la formación de toda la comunidad en ese sentido y de la actitud diaconal ante la realidad. Si no existe una comunidad que tenga una actitud diaconal, no surgirán diáconos, y los que surjan no lograrán generar comunidades que se preocupen por los necesitados, sino que correrán el peligro de convertirse en agentes de servicio social, cuyos servicios no serán suficientes ni adecuados para responder a las necesidades crecientes de los sectores débiles y excluidos de la sociedad.

Investigación

El proceso formativo debe estar cimentado sobre una investigación que se actualiza y profundiza continuamente y que tiene en cuenta particularmente:

1. Los cambios sociales que se van dando y los retos que ellos generan.

2. El proceso que siguen las economías de mercado y la consiguiente reducción de recursos para las políticas sociales.

3. Las situaciones existentes de injusticia y de marginalización y la brecha creciente entre ricos y pobres, tanto a nivel del país como entre los países.

4. Las situaciones diarias de las personas, familias y grupos sociales con los que se trabaja y el desmejoramiento de sus condiciones sociales.

Ciencia

En relación con los procesos de formación y de investigación, en el Congreso de Lahtí se habló sobre la necesidad de desarrollar la “ciencia del diaconado” como reflexión sistemática que relaciona los elementos teológicos con los de servicio y proyección, que busca integrar orgánicamente estos aspectos en una perspectiva interdisciplinar, que desarrolla una metodología de acción adecuada y que genera un proceso formativo correspondiente. Es necesario lograr una nueva expresión teológica y científica que le dé cuerpo a esta síntesis.

Obstáculos para la conformación de esa ciencia del diaconado Tenemos la dificultad de que no existe todavía una clarificación precisa en la Iglesia ni en la teología sobre la identidad y el papel específico del ministerio diaconal, que brinde una opción válida para el mismo, en la comunidad y en la sociedad. Más aún, existen obstáculos y riesgos que impiden precisar en forma sistemática esa identidad y funciones:

A. Acento en la acción práctica y en las respuestas espontáneas

Se ha definido tradicionalmente al diaconado como “amor práctico”, “fe vivida en la práctica”. Ello tiene su parte de razón, pero debemos saber reaccionar ante las situaciones no solamente en forma práctica e inmediata, sino de una manera crítica: analizar las causas de las situaciones para poder encontrar las respuestas adecuadas; comprender la esencia de la angustia y el sufrimiento de las personas; cómo ayudarlas a llegar a ser sujetos de su propia vida en este mundo complejo y distante, donde gran parte de las personas no llegan muchas veces a poder “dirigir su propio camino”. Esto implica una relación entre actividad e información, que permita al diaconado tener un efecto real en las situaciones: “Un ocasionalismo organizado”. “Enfrentar los problemas de las estructuras sociales en una forma personalizada”.

B. Profecía ajena (“Alien prophecy”)

Existe en el diaconado, así como en la Iglesia y en su reflexión teológica general, el peligro de querer buscar en sí mismo la fuente de todo el análisis, perdiendo el contexto más amplio: justificar su posición en sí mismo descuidando las otras ciencias. Es importante acentuar el profesionalismo de los diáconos, pero sin que esto lleve a ver los cuestionamientos como un ataque, ni olvidar la necesidad de complementación con otros saberes. Este carácter interdisciplinar se hace especialmente significativo cuando se trata de la formación en las herramientas de trabajo: existe una escasez de herramientas para el trabajo social y es necesario emplear herramientas prestadas de otras ciencias (sicología, enfermería, teorías sobre salud…). Al trabajar con las diferentes ciencias (teológicas, sociales, médicas…), es importante tener en cuenta las diferentes antropologías que se manejan en cada una de ellas.

C. Teología

La teología es una fuente fundamental para el proceso diaconal, pero en ocasiones no es fácil encontrar un tipo de teología que responda al tipo de trabajo en la realidad que enfrenta el diácono. La orientación sobre el sentido del sufrimiento, el dolor, el fracaso y la cruz, muchas veces no resulta clara ni significativa. La teología puede ser un poco clerical y eclesiástica cuando el trabajo del diácono es muy concreto y pegado a la realidad. En la teología muchas veces se acentúan los lenguajes de poder y de tipo masculino, cuando en el diaconado se trata de un proceso de servicio con un acento marcadamente femenino.8

Elementos de investigación

Como aspectos importantes para investigar dentro de este proceso de construcción de la ciencia del diaconado, es necesario tener en cuenta los que se relacionan a continuación.

A. Revelación y ciencia del diaconado

Una visión de fe que nos haga comprender a las personas, no como objetos de trabajo (clientes), sino como individuos únicos en su identidad, ya que cada uno es una imagen específica y propia de Dios, y todos son hijos de Dios, como nosotros mismos. También en la misma relación con la naturaleza debemos evitar esa actitud de manipulación, que hace del estudio objetivo una acción criminal.

 

B. Dimensión política de la ciencia del diaconado

No existe ciencia neutral, y tampoco lo es la metodología. Esto es inevitable, pero resulta fundamental ser consciente de los valores con los que se trabaja y de los que resultan implementados según los procesos metodológicos que se emplean.

C. Proceso investigativo

No separar el sujeto y el objeto de la investigación, de modo que se comparta el proceso y no se juegue con el otro como objeto investigado (ratón de laboratorio). Comprensión de la razones que están detrás de las situaciones de sufrimiento y de angustia con las cuales se trabaja.

D. Identidad del diaconado

Precisar el carácter del diaconado en cuanto a su identidad y su función, con un sentido práctico, interdisciplinar, de promoción de valores antropológicos y de construir puentes en la comunidad.
E. Teología del diaconado Una reflexión seria sobre Cristo servidor y la visión del Siervo de Yahve, lo cual nos lleva también a la teología de la cruz y sus implicaciones para este tipo de trabajo.
CRITERIOS PARA EL TRABAJO DIACONAL

Integralidad Este aspecto ya se mencionó y describió anteriormente, al tratar sobre el sentido de la diakonía citando los elementos propuestos por E. Schillebeeckx.

Igualdad Existen diversas formas de enfocar la igualdad, que como tales tienen consecuencias diferentes para la forma de ver la realidad y la manera de actuar sobre ella:

1. Igualdad de los ciudadanos libres: es una visión abstracta de principios y derechos, que no tiene en cuenta las diferencias reales que existen y que hacen que esa igualdad abstracta resulte irreal y no equitativa. La teología de la liberación y el feminismo hacen caer en cuenta que existen diferencias en el punto de partida del cual se comienza, y que hacen que esa supuesta competencia libre resulte inequitativa.

2. En el proceso de servicio es necesario tener en cuenta la desigualdad que tiende a generarse entre quien provee el servicio y quien lo recibe y que si no se maneja consciente y críticamente, hace del mismo servicio una fuente de desigualdad y dependencia.

primero procede de una actitud de servicio y disponibilidad; el otro está vinculado a relaciones de poder y dependencia. Es muy difícil lograr una verdadera diakonía si en la Iglesia priman las relaciones de poder.
Solidaridad

Para que el servicio exprese realmente una actitud de solidaridad con las personas o grupos es necesario que:

1. No genere situaciones de dependencia o paternalismo, sino de promoción efectiva de las personas como individuos y para su participación social activa e integrada.

2. Busque dar una respuesta efectiva a sus situaciones y no sólo remedios parciales o aparentes que tranquilizan.

3. Exista una estabilidad en el compromiso con el grupo social con el que se trabaja. 4. Genere un proceso de acompañamiento al caminar libre de las personas y no un manejo de las mismas para acomodarlas a mis conceptos o a los modelos sociales vigentes.

ALGUNAS EXPERIENCIAS PARTICULARES DE DIACONADO

Un aspecto muy interesante del Congreso fue el intercambio de experiencias, tanto en las conferencias generales en la mañana, como (sobre todo) en los trabajos de seminarios, que se realizaban por la tarde. Dado el gran numero de experiencias, queremos fijarnos sólo en aquellas que pueden ser más interesantes para nuestra reflexión teológica, para la formación y el trabajo de los diáconos en nuestro medio.

Espiritualidad diaconal

En este sentido, fueron especialmente clarificadoras las intervenciones del obispo luterano de Lahti y del metropolitano ortodoxo de Helsinki.

El primero reflexionó sobre los conceptos guías del Congreso, señalando cómo este servicio diaconal, prestado por la comunidad con la promoción y bajo la coordinación de los diáconos, se constituye en evangelizador, ya que al experimentar las personas la caridad que se les expresa en forma gratuita (caritas), descubren un nuevo sentido de vida como entrega desinteresada a los demás, en lugar de la búsqueda de su propio beneficio que tiende a regir en nuestra sociedad (luz), y de esta forma perciben la presencia del amor de Dios en sus vidas por medio de estos hermanos que los sirven (spiritus).

El metropolitano ortodoxo señaló cómo esta dinámica del trabajo diaconal en caridad brota de la eucaristía como vivencia de la fraternidad en Cristo: es Cristo mismo quien se identifica con el necesitado y quien actúa, quien ayuda. No se trata sólo de hacer buenas obras, sino de responder al hermano, que es Cristo, en sus necesidades más profundas. Esta entrega nos hace sagrados como parte de la Iglesia por el bautismo y la eucaristía. Esto implica, a su vez, una ascesis de tomar la cruz y negarse a sí mismo para poder servir al otro. Ello sólo se hace posible con la ayuda de la oración.

Vivencia ecuménica

La participante de Filipinas presentó una experiencia ecuménica particularmente significativa con una organización de diaconisas, que en Filipinas abarca siete iglesias, pero que a nivel mundial congrega diaconisas integrantes de muy diversas confesiones religiosas. Cada una de ellas, siendo fiel a su propia fe y a su comunidad cristiana, colabora con diaconisas de otras iglesias para los procesos de formación técnica y para la realización de programas de más largo alcance.

La integración en el servicio a la comunidad, por encima de las diferencias en las doctrinas de fe, las ha llevado a un encuentro en lo que es más profundo en la fe cristiana : el encuentro con Cristo en el hermano necesitado y la entrega generosa y desinteresada al hermano motivada por la fe en Él.

Derechos humanos

El participante de Africa (Nigeria) mostró una acción muy amplia en el campo de la promoción y defensa de los derechos humanos, realizada en conjunto entre diversas iglesias y religiones y con entidades diversas de carácter civil y político. Esta acción integrada busca establecer acuerdos claros sobre los principios inspiradores, con el fin de que las acciones en su diversidad confluyan hacia objetos claros y conscientes para todos.

Como principios fundamentales expresaba los siguientes:

1. Desarrollo de un marco social, económico y político: el esfuerzo por lograr medidas económicas y sociales relacionadas con la protección de los derechos humanos; educación para potenciar las personas en su capacidad de expresión y de participación; simplificación de los procedimientos para tener acceso a la justicia y a la participación; garantía de un salario básico justo como base de subsistencia y apoyo a su conciencia de dignidad personal.

2. Promoción de marcos legales que aseguren una mayor participación de los grupos de base en los procesos de gobierno.

3. Promoción de los procesos de descentralización y aplicación de la subsidiaridad a todos los niveles de la sociedad.

Participación de la mujer

Es significativo el papel tan importante que juega la mujer en las diversas experiencias diaconales, tanto en Europa como en países de los otros continentes que se presentaron en el Congreso. Esta participación es significativa, en la acción diaconal, y en la formación de nuevos diáconos. La misma organización del encuentro estuvo en buena parte en manos de mujeres, en lo relacionado con los servicios de coordinación del Instituto de Servicios Parroquiales de Lahtí y con las conferencistas y panelistas participantes.

Confesión privada

Se presentó en uno de los paneles una investigación realizada por integrantes del Instituto de Lahti en el seno de comunidades luteranas de la región, acerca del uso de la confesión privada dentro del proceso de trabajo diaconal. En este sentido, se señaló la importancia de tener en cuenta la posición de Martín Lutero, quien no reconoce carácter sacramental a la confesión privada, pero la recomienda ampliamente como instrumento para la formación espiritual de las personas.

En las comunidades encuestadas se da una proporción significativa de diáconos, sobre todo, aquellos con varios años de experiencia, que propician y utilizan este tipo de confesión privada en los procesos de acompañamiento y consejería, con buenos resultados. También fue significativa la conciencia de todos los encuestados sobre la conveniencia de intensificar este tipo de práctica tanto en su trabajo personal, como difundiéndola por los canales ordinarios de la iglesia.

Formación de los diáconos y otros ministros

Llamó especialmente la atención la experiencia presentada por la delegada de Brasil (iglesia luterana) donde se ha establecido un proceso formativo diversificado, que tiene una base común y luego una gama de especializaciones para los agentes participantes. Se dan cuatro semestres de formación inicial común y luego se procede a la diversificación de los ministros en tres ramas: educadores en la fe (catequistas y educadores escolares de religión), diáconos (atención a los ancianos y promoción de la comunidad) y pastores. Cada una de esas ramas tiene duraciones y contenidos diferentes según su especificidad.

Según el testimonio presentado, esta organización del proceso formativo ha tenido el efecto de fortalecer los vínculos entre los diversos tipos de agentes de pastoral, al mismo tiempo que los ha llevado a clarificar la conciencia sobre la identidad específica de su ministerio y su relación con el conjunto del proceso ministerial de la comunidad.

También fue significativa en esta experiencia la importancia que se le da en el ministerio diaconal a la promoción del desarrollo comunitario, en una línea muy característica de América Latina.

MENSAJE FINAL

En el texto del mensaje final propuesto por los organizadores del evento, se comienza acentuando el sentido del servicio diaconal como “diaconado de justicia”, que busca descubrir la injusticia y contribuir al desarrollo de ambientes justos y promotores de vida y como “diaconado de compasión”, que expresa la sensibilidad del mensaje bíblico ante el sufrimiento de las personas y busca responder a ellas respetando su dignidad humana.

Los alarmantes retos que se nos proponen a nivel mundial exigen una acción conjunta… para contribuir a la promesa de vida en plenitud que constituye la voluntad de Dios… La dimensión global de la miseria nos obliga a formas globales de acción… En ese sentido desarrollamos prioridades a nivel mundial, las cuales exigen una cooperación más amplia y nuevas formas de organizarla.

En ese sentido, se indican como prioridades las respuestas a los siguientes aspectos:

- Situaciones de hambre y de carencia de las necesidades básicas.

- Situaciones de marginalización, deportación o muerte por razones de creencia religiosa, color o discapacidades, que nos comprometen a realizar acciones preventivas para que esos crímenes no se sigan cometiendo.

- Conflictos entre personas, grupos humanos y naciones, manejados con el uso de la violencia y armas destructoras, los cuales generan violencia, odio y muerte, como también un significativo número de refugiados. Es necesario contribuir en unión con todas las personas de buena voluntad para superar esos conflictos y sus causas, desarrollando nuevas formas de vida y nuevas formas de relaciones.

- “El trabajo humano es… probablemente la clave más importante para entender todas las cuestiones sociales, si tenemos en cuenta el bienestar de los seres humanos...” ( Laborem exercens, 1981). “El trabajo pagado es el fundamento más importante para organizar la vida individual, familiar y social.” (Naciones Unidas. Pacto Mundial para los derechos económicos, sociales y culturales, 1966, art. 6). El diaconado debe trabajar para promover el derecho al trabajo y condiciones laborales que sean acordes con la dignidad humana.

La respuesta a estas situaciones exige nuevas vías de cooperación y de intervención preventiva con una red global de energías y de opciones. Como ejemplo se proponen :

- Apoyo y desarrollo de economías locales y orientadas a la comunidad.

- Nuevos modelos de cooperación e intercambio de recursos entre las religiones, como la que se está dando ya entre las instituciones cristianas en los campos del medio ambiente y para ayuda en casos de desastres.

Es necesario desarrollar y coordinar esfuerzos en los campos de educación e investigación respecto de la ciencia del diaconado. Esto, mediante el establecimiento de nuevas instituciones y la formación de una red entre ellas, que acompañe, desarrolle y evalúe la práctica concreta del diaconado. En esta investigación hay que tener muy en cuenta la reflexión teológica y fenomenológica sobre la inclusividad que encontramos en el Evangelio y la forma de hacerla efectiva.

La práctica del diaconado exige este tipo de red entre las iglesias, religiones y otras organizaciones comprometidas en lo social, para poder presentar e intercambiar resultados y buscar nuevos caminos.

Dios está presente en el mundo también fuera de las iglesias. La tarea de humanización reúne a todos los ciudadanos independientemente de sus creencias religiosas… Llamamos al Señor: Ven Espíritu de vida y luz verdadera. Danos sabiduría e inteligencia. Revitaliza nuestra fe de forma que el amor se exprese en nuestra unidad. (Mensaje final del Congreso).

OBSERVACIONES FINALES

Como aspectos que me parecen particularmente significativos para nuestra reflexión y experiencias teológico-pastorales quiero resaltar:

1. El acento que se le da en el ministerio diaconal al servicio social y la consiguiente búsqueda de la “ciencia del diaconado”, vista ésta como integración entre una teología más encarnada en la realidad, especialmente la situación de los débiles y excluidos, y unas ciencias sociales que buscan la afirmación de la persona en su individualidad y su integración diferenciada y activa (no simple asimilación) en el proceso social (inclusividad del Evangelio).

2. El acento del diaconado en el servicio y su vinculación con los otros ministerios nos llevarían a cuestionar una visión del diaconado como un superministro, que acumula y en ocasiones absorbe a los otros ministerios (catequista, acólito, ministro de la palabra, ministro de la eucaristía…). Esta situación de acumulación ha generado en algunos una cierta prevención ante el diaconado, al verlo como una posible “clericalización” de los ministerios. El carácter del diaconado como servicio y su carácter jerárquico (hacer presente a Cristo cabeza estando al servicio de la unidad de la comunidad cristiana) nos llevarían a pensar el diaconado como un ministerio jerárquico que promueve y coordina los ministerios laicales en la línea del servicio social, en tanto que el ministerio jerárquico del sacerdote promueve y coordina los ministerios laicales en la línea de la palabra y de la liturgia, en fidelidad a su institución original (Hch. 6,1-6).

3. Es significativo el papel tan importante que juega la mujer en las experiencias diaconales de las otras iglesias cristianas. Esto nos plantea interrogantes en el sentido de revisar el papel de la mujer dentro de la Iglesia y encontrar canales para motivar y cualificar su participación también a nivel de los ministerios. También plantea la pregunta sobre qué se puede elaborar teológicamente en relación con la posibilidad de diaconizas en la Iglesia Católica.

BIBLIOGRAFÍA

CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA Y CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes. Directorio para el ministerio y vida de los diáconos permanentes, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, febrero 22 de 1998, 150 pp.

CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE EL MINISTERIO DEL DIACONADO, Espíritu-luz-caridad, Lahti (Finlandia), noviembre de 1998.

GOEDERT, VALTER MAURICIO, El diaconado permanente. Perspectivas teológicopastorales. Celam, Santafé de Bogotá, mayo 1998, 175 pp.

RUBIANO SÁENZ, PEDRO, CARDENAL, Decreto 066, 3 de diciembre de 1995.

SCHILLEBEECKX, EDWARD, “Christian Identity and Human Integrity”, en Concilium 18, 1982, pp. 23-48.


1. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA Y CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes. Directorio para el ministerio y vida de los diáconos permanentes. Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, febrero 22 de 1998.

2. GOEDERT, VALTER MAURICIO, El diaconado permanente. Perspectivas teológico-pastorales. Celam, Santafé de Bogotá, mayo de 1998.

3. RUBIANO SÁENZ, PEDRO (MONS.), Decreto 066, 3 de diciembre de 1995.

4. Mensaje final del Congreso.

5. Comúnmente se utilizaba la palabra griega diakonía para hablar de la actitud eclesial de servicio y la palabra inglesa deacony para referirse al ministerio diaconal.

6. Cfr., 1 Jn. 4,7-21.

7. SCHILLEBEECKX, E DWARD , “Christian identity and Human integrity”, en Concilium 18, 1982, pp. 23-48.

8. Es importante tener en cuenta que en las iglesias protestantes el diaconado es ejercido mayoritariamente por mujeres y se desarrolla en campos que tradicionalmente han sido espacios propios de la mujer: salud, cuidado de ancianos, atención a personas solas o marginadas, cuidado con sectores en alto riesgo, etc.

Autor: Eduardo Díaz Ardila

Sacerdote diocesano. Doctor en Teología, Universidad Gregoriana, Roma. Licenciado en Derecho Canónico, Universidad Gregoriana, Roma. Director de Posgrados, Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana. Profesor de la Facultad de Teología. Oficina: Carrera 7 No. 40-62. Correo electrónico: ediaz@javeriana.edu.co

Tomado de: http://www.javeriana.edu.co/theologica/UserFiles/Descarga/ediciones/142/Vision%20ecumenica%20del%20diaconado%20permanente%20-%20142.pdf